Teatro / 16 de Febrero de 2017

“La momia”: Ni risas ni asombro

De Jack Milner. Con Fabián Mazzei, Romina Gaetani y elenco. Dirección: A. Lavallén. Metropolitan Citi, Corrientes 1343.

Por

★ El montaje porteño de “La momia”, una traslación muy libre del inglés Jack Milner sobre la novela “La joya de las siete estrellas” (1903) del irlandés Bram Stoker, estrenada en Reino Unido, en 2014; ni hace reír ni asombra y el resultado, lamentablemente, es el aburrimiento.
Una historia de terror convertida en comedia no es nada nuevo bajo el sol. Quien esto escribe recuerda una memorable y exitosa puesta de “Drácula”, en 1979, dirigida y protagonizada por aquel inolvidable hombre de teatro que fue Sergio Renán, en el demolido Odeón. Más cercanos en el tiempo, títulos como “Los 39 escalones”, “La dama de negro” y “Extraños en un tren”, consolidaron en nuestra cartelera, la tendencia mundial de explotar nuevamente el costado inverosímil y caricaturesco que anida en el género.
La trama se centra en las peripecias del abogado Malcom Ross (Fabián Mazzei), quien recibe una carta de la bella y sensual Margaret (Romina Gaetani), donde solicita ayuda para resolver el intento de homicidio sufrido por su padre, el arqueólogo Abel Trelawny (Alberto Fernández de Rosa). En las idas y venidas de esta fábula, también se suman las presencias del disparatado inspector Doolan (Daniel Campomenosi), el joven e intrépido Basil Corbeck (Mariano Torre) y la maléfica presencia de Sosra (Adrián Navarro), sumo sacerdote egipcio que desde hace cinco mil años, fruto de una maldición milenaria, está empeñado en volver a la vida a su amante, la legendaria reina Tera.
Conviene precisar que argumentalmente el texto de Stoker es mucho más interesante que lo que puede verse ahora. Temas como el imperialismo, el ascenso de la mujer y el progreso social del original resultan pasteurizados en la adaptación. Igualmente, en la desprolija versión local (la traducción alterna el uso del vos y el tú, indistintamente), el vital gag queda relegado al chiste chabacano de doble sentido. Además la escenografía resulta poco imaginativa y carece del necesario torrente de efectos especiales que requiere este tipo de propuestas.
Sin embargo, cabe destacar la admirable versatilidad interpretativa de Torre, desdoblado en diversos personajes, y los minuciosos diseños de vestuario y maquillaje.

 

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