Libros / 26 de Febrero de 2017

Patria: Víctimas y victimarios

De Fernando Aramburu. Tusquets, 646 págs. $ 499.

Por

★★★★ Escrita en Alemania, esta voluminosa novela se metió con un tema quemante: la trayectoria del grupo armado ETA y el modo en que su influencia convirtió a la sociedad vasca en una especie de olla a presión lenta. En un pueblo pequeño, el acoso del grupo a Txato, un pequeño empresario, para que pague más de una vez, se convierte al fin en su asesinato. Dos viejas amigas, Bittori y Miren, quedan distanciadas para siempre por el hecho. Cuando se acuerda una paz, hace unos cinco años, las heridas siguen abiertas.
Aramburu integró en la juventud un grupo de cultura surrealista. La experiencia de vivir lo que cuenta en la novela (la filtración de ETA en todos los planos de la vida social o íntima, durante décadas), hizo que en 1985 se mudara a Alemania. Allí fue dando a conocer una obra narrativa considerable, donde el tema se tocaba hasta cierto punto. Aquí puso toda la carne en el asador, en 646 páginas.
Una buena idea fue contar la vida de dos familias en primer plano, y la de muchos personajes secundarios también, a través de 125 capítulos breves. Otra, realizar un montaje caótico, donde los distintos temas aparecen y reaparecen como las esquirlas de una explosión. Aramburu maneja además una prosa flexible, que cambia de voz narrativa en una frase, o que recurre a estrategias diversas, con gran dinamismo, y con emotividad o furia reprimida ante los hechos sucesivos.
A cierta altura (hacia la mitad) se van insertando además vidas personales que protagonizan sobre todo historias sentimentales. En ese sentido, la abundancia de dicho material le hace perder un poco de presión narrativa al tema central. También resulta al fin machacante la personalidad de Miren, madre de un militante encarcelado, mujer con constante “mala onda”, que la convierte a la larga en un personaje plano, del que, a partir de cierto punto, se sabe cómo va a reaccionar por adelantado. En cambio Arantxa, una mujer joven que tiene la desgracia de quedar casi paralítica por un ictus, se convierte en un motor equilibrante del libro.
En la segunda mitad, Aramburu incluye momentos altos, pero también los capítulos más largos y menos intensos. Hasta allí “Patria” parecía en camino de ser una gran novela. Termina por ser una buena novela, que no es poco. Cierto ablandamiento de la estructura parece facilitar, por ejemplo, la conversión en una serie televisiva.

 

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