Libros / 11 de marzo de 2017

Las historietas de Mario Levrero

El escritor uruguayo incursionó en los relatos gráficos con el nombre de Jorge Varlotta.

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★★★★ La recopilación de las historietas de Mario Levrero, firmadas con el nombre un poco más real de Jorge Varlotta, pone al alcance de los lectores una zona fundamental de su obra. Recoge tanto sus historietas más difundidas (“Santo Varón” y “Los profesionales”) como las aventuras en borrador y “profesionales” de “Almas en subasta”, que con el tiempo fue conocida más como “El llanero solitario”, menos difundida. En ellas, con un grafismo que recuerda a Copi, el propio autor hacía cabalgar a un elefante enamoradizo con el grito “¡Arre, Plata!”.
Esos tres trabajos concentran el aporte de Varlotta-Levrero a la historieta más definible como tal. En especial “Santo Varón” surge como una obra maestra, donde un personaje impertérrito, parado en una esquina, va “embolsando” las preguntas, intentos de levante, agresiones y violencia desencadenada de un mar de personajes. De hecho, los que suelen circular por las esquinas de las ciudades como Montevideo o un barrio de Buenos Aires. Es esencial el aporte del dibujante Lizán (Edgardo Lizasoain), que maneja el “timing” de la acción sobre los estrictos cuadritos con la precisión de un gran baterista, o de un director de cine cómico mudo.
“Los profesionales”, en cambio, trabaja ya con más producción. Hay casas y edificios, autos, policía. El grupo de “pesados” funciona con la capacidad aceitada para meterse en problemas que tenían, por ejemplo, los “Desconocidos de siempre” de Mario Monicelli.
“El llanero solitario”, en cambio, instala una zona peculiar, donde la ingenuidad del trazo se combina con los enredos del elefante con antifaz. Está en otra zona de la historieta. A su vez, como se incluyen los borradores o paseos de Varlotta con un pulso mucho menos preciso, eso da paso a la zona más suelta y delirante del libro. “El infierno del gusto” y “La nueva lógica” incluyen dibujos entre surreales y neuróticos, tendientes al derretimiento, la fealdad o el “arte bruto”.
“Las aventuras del ingeniero Strudel” trata de estabilizarse en cuadritos, pero sigue siendo una historieta delirante, que incluye color en “Nuevas aventuras del ingeniero Strudel”, un cuadernillo estupendo, insertado a mitad de la página 88.
El papel de las páginas es pesado, duro, y no se sabe si la escasa calidad de reproducción de algunas páginas de “Santo Varón” es casual o se debe a los originales.

 

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