Ciencia / 12 de Marzo de 2017

El bullying en el aula, causal de depresión y deserción escolar

Nuevos estudios muestran que causa una reducción del rendimiento en los estudios, promueve el abandono y puede llevar hasta al suicidio.

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Se sabía que el bullying está vinculado con la aparición de ansiedad, depresión y hasta un mayor riesgo de intentos de suicidio. También se lo relaciona con consecuencias físicas como tendencia al sobrepeso y obesidad entre los chicos y chicas que lo sufren. Pero ahora una nueva investigación realizada por especialistas de la American Psychological Association de los Estados Unidos, revela una nueva –y hasta ahora poco conocida- consecuencia de esta realidad traumática: las víctimas suelen mostrar un menor rendimiento en pruebas y exámenes escolares. Y muchos de los que revelan haber experimentado bullying, también demuestran un estado de resentimiento y rechazo respecto a las experiencias estudiantiles y una reducción de la confianza en sus propias habilidades académicas.

Según Gary Ladd, profesor de psicología en la Universidad del Estado de Arizona (Estados Unidos), “la mayor parte de los estudios sobre este tema realizan el seguimiento de los chicos durante períodos cortos de tiempo y, además, suelen enfocarse en los efectos psicológicos tales como la aparición de ansiedad o depresión”.

Pero este trabajo –que acaba de publicarse en la revista científica “Journal of Educational Psychology”, es uno de los más completos y extendidos, dado que el equipo de investigadores realizó un seguimiento completo sobre la evolución de un grupo de 383 varones y mujeres, estudiantes de varias escuelas públicas del estado de  Illinois, EE.UU., a lo largo de una década.

Los especialistas concluyeron que uno de cada cuatro jóvenes que fueron objeto de algún tipo de bullying durante sus años de formación habían disminuido su desempeño académico y que, además, tenían un menor apego por las actividades escolares.

Por medio de encuestas específicas los investigadores lograron relacionar en forma directa la frecuencia de ataques sufridos con una mayor desmotivación hacia los procesos de aprendizaje y comprobaron que el 24% de los chicos estudiados habían sufrido bullying en forma crónica durante sus años escolares y, en forma consistente con ese hecho, mostraban menores niveles de rendimiento académico y compromiso escolar.

Desde el jardín

La primera recolección de datos para el informe de este estudio auspiciado por la American Psychological Association se realizó en 1992, cuando los chicos aún estaban cursando el preescolar. Desde entonces cada participante del estudio fue evaluado por los investigadores en forma anual: el grupo original ya terminó la universidad o directamente dejó sus estudios. Los psicólogos realizaron encuestas y entrevistas personales que buscaron armar una radiografía completa sobre las problemáticas generadas por el bullying y sus posibles consecuencias en el mediano y largo plazo.
Para poder llegar a sus conclusiones, el estudio incluyó también el relevamiento de datos tales como evaluaciones y notas aportadas por sus docentes y también se les realizaron sistemáticamente tests estandarizados para analizar la evolución de sus habilidades en compresión de texto y matemática.

Según la psicóloga Becky Kochenderfer-Ladd, una de las coautoras del trabajo, “ya teníamos algunos indicios de la posible relación entre el bullying y la motivación académica. Sin embargo nos faltaba todavía descubrir qué pasa en el largo plazo y para eso intentamos hacer un acompañamiento prolongado de la vida de estos jóvenes”.
Factores. Jorge Srabstein, Director Médico del área de Problemas de Salud Asociados al Bullying en el Children’s National Health System en USA, define al bullying como “una forma multifacética de maltrato que afecta a todas las edades en todos los entornos sociales”.

Para este profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en el acoso se unifican tres factores claves: intencionalidad, repetición y asimetría de poder. “Combina agresión física, verbal e indirecta. Esta última consiste en excluir, rechazar, ignorar, difundir rumores e inducir a hacer algo peligroso a cambio de un favor o de aceptación”.

Y está muy extendido, porque -según los resultados de distintas investigaciones de las que participó este experto- “se estima que, a nivel mundial el 30% de los jóvenes sufre algún tipo de acoso escolar, cifra que desciende a 24% en Argentina”.

Por otra parte, el bullying no es privativo de ninguna clase social en particular: un cuarto de la cohorte de chicos estudiados provenía de familias de bajos ingresos; el 37 % de familia de clase media y el 39 % se reclutó entre grupos de ingresos altos.

Otra de las conclusiones que encontró el análisis de la American Pchychological Association es que el porcentaje de casos severos de bullying disminuye a medida que los chicos crecen. El paper concluye que en la escuela primaria hasta el 20% de todos los niños y niñas sufren estos episodios. Sin embargo solo el 7% de ese mismo grupo, ya adolescente, indicó a los investigadores que seguían padeciendo estas situaciones.

También se demostró que los varones estan “en forma significativa” en mayor riesgo de padecer episodios crónicos de acoso”.
“Este dato en particular nos trajo una esperanza -afirma Ladd- porque nos permitió comprobar que en muchos casos es posible superar esas situaciones con el transcurso del tiempo.”
El trabajo muestra un elemento positivo respecto al acercamiento al proceso educativo entre los chicos que dejaron de sufrir episodios de bullying con el paso del tiempo (el 26% de la muestra): la afectación en el rendimiento académico de este subgrupo fue disminuyendo y sus resultados y notas se fueron emparejando con el de sus pares que no habían sufrido acoso (32%).

Versión  digital

Según los expertos, la popularización de Internet, especialmente el crecimiento de las redes sociales, le abrieron paso a la versión online de este fenómeno. El cyberbullying es una forma digital del acoso, de modo que -en general- cuando el hostigamiento llega a las redes sociales y a Internet, es porque ya pudo haberse verificado en el mundo físico, es decir, en la escuela, el club u otra institución o grupo social. Y con un agravante: en su forma digital, el daño puede causar problemas similares pero es –todavía- más fácil de ser llevada a cabo. Todo esto facilitado por el anonimato de quien lo perpetra, algo fácil de conseguir en las redes.

En noviembre del año pasado UNICEF Argentina publicó un estudio en el que se encontró que en nuestro país 6 de cada 10 jóvenes se comunica a través del celular y 8 de cada 10 usan internet. Actividades como chatear, jugar en línea, buscar y compartir información y contenidos son acciones cotidianas en el ejercicio de su ciudadanía digital.

En ese contexto María José Ravalli, especialista en Comunicación de UNICEF Argentina declaró que “en nuestras investigaciones recientes el ciberbullying aparece como la experiencia negativa más mencionada por los adolescentes. Es un dato importante si tenemos en cuenta que hoy los chicos y chicas construyen su identidad interactuando en la vida “real” pero también en la “virtual”.

 

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