Opinión / 1 de Abril de 2017

El glamour en tiempos de Ni una menos

Los movimientos femeninos en todo el planeta afectan el mundo fashion. La moda renuncia al encanto y atenúa diferencias entre géneros.

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El 8 de marzo pasado, la tienda Yves Saint Laurent en París sufrió un escrache. La manifestación estuvo acompañada de denuncia ante las autoridades francesas competentes. ¿El motivo de la protesta? Pedir la suspensión de la última campaña de la etiqueta, que en sus diferentes piezas gráficas mostraba a modelos delgadísimas, sobre zapatos que eran una mezcla de stilettos con rollers, en las poses más “degradantes” (así las calificaron los denunciantes) imaginables. Por ejemplo, en una de las fotos, una modelo posaba con las piernas abiertas y lo único que se veía de ella eran sus extremidades y la zona de la vagina. En otra, una chica se apoyaba en un banco, con la cola en alto y la cara hundida entre los brazos, como a punto de ser sometida sexualmente.

Definitivamente, esta ya no es la imagen que las mujeres quieren ver de sí mismas. Y para eso, no sólo en la Argentina, salieron a las calles, a reivindicar sus derechos y a defender su integridad sexual. Cualquier forma de maltrato es hoy rechazada de plano.
La movida es tan potente en todo el planeta, que obliga a la moda a replantearse sus mensajes y su estética. “¿Qué significa el glamour en un mundo con tanta incertidumbre?”, se preguntaba hace unos días Miuccia Prada con lógica implacable.

La moda se dirige fundamentalmente a las mujeres y estas están revisando sus propias nociones de género y erotismo. Cómo vestirse es una cuestión crucial al enfrentar esta problemática.
Por otra parte, el mundo fashion también debe someterse a la autocrítica. ¿O acaso no ha contribuido a preservar estereotipos de belleza nocivos para quienes trabajan y consumen indumentaria?
Con este telón de fondo, las imágenes que desprenden las últimas colecciones de las principales marcas, está lejos de ser femeninas y glamorosas. Los principales diseñadores han imaginado para este año siluetas más cercanas al universo masculino: fuertes, potentes, cómodas, firmes.

Si se pudieran interpretar las pasarelas con el paradigma del arte en la alta cultura, uno podría leer en los modelos de Alessandro Michele para Gucci una clave de lo que representa la moda hoy en relación con lo social.

Sus colecciones parecen reunir todos los ítems desalojados de los guardarropas por el olvido o el desprecio. Un conjunto de prendas heredadas que combinan mal entre sí y no encajan en nuestra anatomía. Colores estridentes, soquetes y tacos, cuadros y flores, mangas fruncidas, volados, lazos. La parafernalia de los ’70 en su peor versión. Estas colecciones cuestionan las nociones de elegancia y buen gusto desde un lugar central en la moda: el de una etiqueta de lujo y prestigio. Otro aporte de Michele, reunir en una sola pasarela las colecciones femeninas y masculinas que, sobre todo en Italia, siempre funcionaron a distancia. Un modo de borrar fronteras entre géneros y replantearse por las tradicionales diferencias.

Qué significa vestir bien, es la gran pregunta que en forma consciente o inconsciente se hacen todos los involucrados en el fenómeno fashion. Consumidores, creadores, estilistas, periodistas especializados y expertos en marketing cambian sus referencias a la luz de la revolución que protagonizan hoy las mujeres.

 

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