Tecnología / 2 de abril de 2017

El futuro de las selfies: mucho más que ego

Compartir autorretratos digitales podrá impactar en áreas tan diversas como la seguridad, la medicina o el sistema financiero.

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Cada día, un millón de selfies son posteadas en internet. Se estima que los jóvenes que tienen entre 20 a 29 años enviarán, vía Facebook, Instagram y redes sociales similares, casi 26 mil fotos de ese tipo a lo largo de su vida.

En el 2013, la palabra “selfie” (autoretrato) fue electa la palabra del año por el Diccionario Oxford: “Una fotografía que alguien hace de sí mismo, generalmente sacada con un smartphone o una webcam y compartida a través de las redes sociales”.

Lo que el diccionario no dice es que, con frecuencia, esos retratos virtuales son considerados como la mayor prueba de narcicismo de quien cultiva una agitada vida online. Y más aún, las selfies serían el símbolo de la futilidad, como asegura un artículo publicado en el 2015 por psicólogos de la Brunel University London, de Inglaterra, luego de analizar cómo 500 personas habían posteado selfies esperando encontrar citas amorosas en Facebook. Según el artículo, quien saca fotos de sí solo lo hace para llamar la atención de los demás.

Una nueva investigación, realizada por la consultora inglesa OnePoll y por la organización mundial de tecnología Futurizon, con el financiamiento de la empresa japonesa Sony, llegó a una conclusión que contraría esa hipótesis. De acuerdo con el estudio, finalizado en enero, a lo largo de los próximos cinco años las selfies conquistarán funciones más prácticas e impactarán en al menos diez actividades cotidianas: medicina, sistemas financieros, entretenimiento, moda, comercio online, deportes, robótica, seguridad personal, seguridad doméstica y sitios donde encontrar pareja.

Para llegar a esta lista, los autores de la encuesta entrevistaron a 6.500 personas registrados en redes sociales, de entre 18 y 60 años, y procedentes de Alemania, España, Francia e Inglaterra.
“Cuando llegué a la conclusión de que una selfie puede ser interpretada y utilizada para algún fin por un software dotado de tecnologías de inteligencia artificial, advertimos que aún son innumerables los caminos para aprovechar este fenómenos social de una manera productiva”, explica el experto en tendencias tecnológicas Ian Pearson, director general de Futurizon y coordinador de la investigación. “Por medio de un retrato digitalizado es posible, por ejemplo, analizar el lenguaje corporal de un atleta para saber si está realizando correctamente un movimiento y cómo mejorar su desempeño”.

Curriculum

En casi tres décadas de carrera, las proyecciones de Pearson ligadas a la tecnología fueron correctas en un 85% de los casos. A fines de los años ´80, por ejemplo, pudo prever el surgimiento de los SMS y de las aplicaciones de comunicación instantánea, al asegurar que el entonces recientemente creado celular se mezclaría con otra innovación, el email, y como resultante aparecería una manera de enviar también mensajes inmediatos.

El nuevo trabajo, bautizado como “El futuro de las selfies”, comprobó que un 83% de las personas ya tienen el hábito de sacar autorretratos y compartirlos en la web. De ese total, un 64% de los usuarios lo hacen al menos una vez por mes, y casi la mitad integró la costumbre a su rutina diaria. Entre los jóvenes menores a los 24 años la práctica es más frecuente aún: el 96% se saca selfies cada día.
Lo que más llamó la atención de Pearson es que un 52% de los entrevistados ya comienza a entrever el uso de las selfies para otros fines que el solo hecho de publicarlas en las redes sociales. “Ya hay cambios que son visibles -puntualiza Pearson-. Actualmente hay médicos que realizan consultas por medio del envío de fotos de sus pacientes y existen smartphones que son desbloqueados teniendo como señal de reconocimiento el rostro de su dueño, es decir que la cámara toma una selfie del usuario para identificarlo y, de ese modo, liberar el acceso al dispositivo”.

Para Pearson, de aquí al año 2022 tales utilidades se volverán masivas mientras que otras nuevas invadirán el día a día.
Una selfie podría servir como ingreso al cine; o como manera de estipular, por medio del análisis de expresiones faciales y corporales, si determinado pretendiente congenia (o matchea) con otro en una aplicación de relacionamiento amoroso; o hasta como medio de pago. En este último caso, un programa de computadora podría distinguir quién es el cliente y, permiso previo mediante, accedería a su cuenta bancaria.

“Muchos seguirán publicando sus fotos en sus perfiles para exhibirse, lo que es bueno desde el punto de vista que hace a esas personas más felices. Solo que tal comportamiento, en sí mismo, no será juzgado como algo fútil tal como hacemos ahora la mayoría de las veces”, opina Pearson.

Imaginación

De todos modos lo cierto es que por ahora pensar en cómo evolucionarán las selfies sigue siendo una especulación con ciertas bases concretas. Pensemos en un habitante de una gran ciudad. Al salir de casa, trabaría la puerta con un sistema de seguridad que sólo podría ser abierto por una selfie suya. En el gimnasio, la persona haría un autorretrato en tres dimensiones de su cuerpo y, con ese recurso en las manos, un personal trainer podría chequear qué tipo de ejercicios serían los más apropiados para él. Más futurista aún aunque no tanto, un aplicativo permitiría llamar a un auto sin conductor (se espera que estos vehículos ya sean más comunes en las calles hacia el 2020) y el pago se haría a través de una selfie. De regreso del trabajo, cuando esa persona destrabe la puerta de su casa con una fotografía, una cámara analizaría su rostro para determinar si está feliz o irritado, y así sugeriría qué actividades hacer, combinables con su estado de humor.

El caso internet

En el campo de la tecnología, es usual que una innovación o un comportamiento ligado a la misma tecnología, como las selfies, surja sin muchas funciones aparentes para, después, adquirir múltiples atribuciones. La misma internet es un ejemplo de esa lógica. Cuando fue idealizada por el gobierno estadounidense, en los años 1960, durante la Guerra Fría, se creía que solo tendría una aplicación militar. La propuesta era permitir el almacenamiento seguro de datos secretos en un sistema accesible de manera remota. Dos décadas después, la invención ganaría una nueva faceta cuando el ingeniero inglés Tim Berners-Lee formuló códigos computacionales capaces de hacer que la navegación online fuera tan simple como para ser ejecutada por cualquier persona. Ya todos sabemos cuál fue la consecuencia de eso: la red se popularizó y, en seguida, dio origen a las redes sociales y… a las selfies.

Fueron bautizadas con ese nombre cuando un estudiante posteó un autorretrato de labios heridos en un foro virtual de alumnos de medicina, en busca de consejo de cómo tratarlos. Al compartir la foto, durante una fiesta, la llamó “selfie”. En quince años, el acto de fotografiarse ganó usuarios y se convirtió en un término de diccionario. Ahora, todo indica que el típico hábito de la era digital ganará contornos más útiles.

 

 

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