Costumbres / 5 de abril de 2017

La moda del invierno: del normcore a los bordados

Reina el estilo del “no estilo”: básicos en colores neutros. Pero también hay reminiscencias victorianas y hippies y hasta el insólito regreso de las pieles. Ver fotos.

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Karl Lagerfeld, el gran genio de la moda, suele recomendar, para armar un guardarropa básico, una camisa blanca, chupines negros o azules y “vestirse de acuerdo a la ocasión”, una regla de oro que no falla jamás.

Esos conjuntos básicos son también la clave eterna para no excederse en gastos ni en lujos. A las prendas aconsejadas por Lagerfeld, esta temporada (como en las anteriores) hay que agregarles un buen par de zapatillas. La ropa deportiva sigue su avance inexorable sobre el atuendo de todos los días. Una invasión que empezó en los ’90 y nunca se detuvo. Los traslados eternos por las grandes ciudades y el estilo cada vez más desestructurado de muchas empresas favorecieron la tendencia. El borramiento de las barreras entre géneros también alentó la costumbre. Además, cada vez hay más diseño y creatividad aplicadas al calzado deportivo. Tener mucho más que un par es una tentación irresistible.

El “normcore”, el estilo del “no estilo”, puso su grano de arena para acelerar el impacto de esta moda. Los millennials reivindicaron el “jogging”, la prenda fetiche del “normcore” y hoy hay versiones de lujo de un tipo pantalón que la generación anterior desechó por “imponible”.

La impronta de Gucci (que influyó considerablemente en todas las marcas) trae a este invierno la presencia de algunos otros ítems desterrados décadas atrás: voladitos, mangas fruncidas, moños. Un look victoriano pasado por un tamiz hippie. Los estampados están muy presentes y también los prints estilo tapizado antiguo. Pero los bordados son los reyes de la temporada.

Y todo está bordado, hasta las prendas más insólitas: camperas, camisas, pantalones, carteras, remeras. Lo más probable es que el año que viene los odiemos.

Las faldas bajan varios centímetros. El viejo largo “midi” es la novedad del invierno. Y los pantalones presentan una variedad infinita: pueden ser chupines, o palazzos o patas de elefante, con el tiro a la cintura, amplios, rotos o bordados. Para todos los gustos.
Las plataformas desaparecen del centro de la escena (o al menos eso se anuncia, porque las argentinas las adoran y las han conservado a contramano del mundo). Se verán, en cambio, tacos cuadrados, en mocasines, botas con cierre o zapatos acordonados. Las botas bucaneras siguen siendo las preferidas de las más jóvenes.

Algunos otros ítems para tentarse: camisas (largas, grandes, se usan más que nunca), faldas plisadas (brillantes y para la noche), chalecos (tejidos, cortos o largos), abrigos marineros y vestidos con mangas anchas. El rojo es uno de los colores que rompe la monotonía del negro y el gris. También el escocés que se ha usado bastante en los últimos años. Transparencias y encajes siguen siendo los más elegidos para los looks nocturnos o de fiesta.

Las pieles (sí, las pieles) son el abrigo de moda para hombres y mujeres. Conviene llevarlas con cuidado, aunque sean ecológicas, para no tener que aclararlo a cada rato, como tuvo que hacer la primera dama en su reciente viaje a Madrid. Estas son las consecuencias de que la moda se haya vuelto un territorio tan político.

 

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