Teatro / 8 de abril de 2017

“La puerta de al lado”: divertido combate verbal

De F. Roger-Lacan. Con Jorgelina Aruzzi y Peto Menahem. Dirección: C. Zorzoli. La Plaza, Av. Corrientes 1660.

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★★★★ “El hombre y la mujer son irreconciliables, y es ese intento imposible en cada nuevo amor lo que le da la grandeza”, afirmó Marguerite Duras y en su frase, subyace la clave del argumento que aborda “La puerta de al lado”, pieza de su coterráneo, el dramaturgo francés Fabrice Roger-Lacan (1966).
Los protagonistas son dos vecinos de buen pasar económico; ella, psicóloga disciplinada, maniática del orden y la limpieza; él, hedonista y seductor, encargado de marketing de una empresa de yogures. Son como el agua y el aceite, no tienen nada en común. Pero la curiosidad mutua, tras el encuentro casual en el palier del piso que habitan, hacen que comiencen a tratarse, a pesar de sus propias voluntades.
Los fines de semana, al terminar la atención de los pacientes, la terapeuta encuentra refugio en el hogar y se sumerge en la pantalla de TV, pertrechada con helado para calmar su ansiedad. Es tan culta que reconoce una sinfonía de Bruckner con tan sólo escuchar un fragmento. En cambio, el ejecutivo, prefiere aturdirse en la tribal discoteca a la que concurre para beber tragos y decirles “tonterías a las chicas” (sic).
Sin embargo, en estos tiempos de hiperconectividad y redes sociales, comparten la misma sensación de soledad. Todo cambiará al desatarse una suerte de combate que intenta reflejar, a ritmo de comedia, la dificultad de gran parte de los seres humanos al iniciar un vínculo afectivo. De esta forma, la propuesta indaga en una problemática actual a través del prisma de la risa.
La obra resulta atractiva al exhibir cómo dos posiciones antagónicas intentan ensamblarse. Lacan (es nieto del célebre psicoanalista) demuestra ser buen dialoguista pero los enredos se disfrutan mucho más por lo que hacen los personajes que por lo que dicen.
El director saca partido a las formidables actuaciones de Jorgelina Aruzzi (su perfeccionista obsesiva es adorable) y Peto Menahem (encantador en el perfil del hombre sencillo que arremete contra el molino de viento). Juntos se sacan chispas en las escaramuzas verbales y juegan con reflexiones que dirigen al público para volverlo cómplice de sus pensamientos. Como siempre, la escenografía de Alberto Negrín derrocha creatividad. En suma, una comedia que funciona muy bien.

 

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