Teatro / 15 de abril de 2017

“El elogio de la risa”: Leyrado, pleno de matices

Escrita y dirigida por Gastón Marioni. Con Juan Leyrado. Multiteatro, Av. Corrientes 1283.

Por

★★★★ Freud atribuyó a las carcajadas la facultad de liberar al organismo de cualquier tipo de energía negativa. Adelantada a su época, semejante declaración se comprobó luego científicamente: el cerebro emite un impulso eléctrico que segrega endorfinas, segundos después de comenzar a reír. Por algo en la antigua China existían templos para hacerlo con el único fin de equilibrar la salud.
En “El elogio de la risa” su protagonista, Antonio (Juan Leyrado), espera en soledad para saludar a su amada Susan con motivo de cumplir 80 años. Como una especie de viaje hacia el pasado, mientras aguarda, comienza a relatar cuáles fueron las circunstancias en las que conoció a esa mujer que describe dotada de una risa vigorosa capaz de ahuyentar los males que vienen con el paso del tiempo. Él era actor y durante una representación de “Romeo y Julieta”, su primer rol protagónico en el conservatorio, alguien se tentó y contagió su alegría a la platea, lo que arruinó la situación dramática de la escena. Posteriormente, en medio de una fiesta en la que los invitados se aburrían, Antonio intentó sin suerte sortear el hastío de la velada pero una sola carcajada le permitió descubrir a la misma persona en su faceta más refulgente, y la elige para compartir la vida.
La propuesta atraviesa una variedad de vicisitudes asociadas a la existencia que nos afectan a todos. El miedo al ocaso, la consecuente decrepitud de la mente, hasta las diferentes etapas del amor entre dos seres que se retroalimentan. Todo pasa por el tamiz de Leyrado, uno de los mejores actores de su generación y su voz plena de matices. En este bienvenido regreso al teatro, es un placer disfrutar de su actuación sin fisuras, donde un leve encorvamiento del cuerpo o cierta variación hacia un registro más grave y tembloroso, bastan para que el personaje se traslade de época.
Gastón Marioni dirige con oficio un texto estereotipado, que revela ciertas limitaciones. Cuenta con dos colaboradores artísticos de alta calidad: la escenografía ascética de René Diviú y la iluminación sugerente de Leandra Rodríguez. Juntos, logran el prodigio de sortear las pequeñas dimensiones de la sala y contribuyen a crear el clima intimista requerido.

 

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