Cultura / 18 de Abril de 2017

Teatro: Escuelas para ser público

A ver teatro también se aprende. Cursos y maestros de lujo que guían el recorrido por propuestas no comerciales y de vanguardia.

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Aunque todos podemos vivir nuestra propia y singular aventura intelectual ante una película, una obra de teatro o un cuadro, adueñarse de mayor información permite ampliar la mirada para traducir mejor aquello que se percibe. En esa capacidad, como diría el filósofo francés Jacques Rancière (“El espectador emancipado”, 2008), reside el poder del espectador. Para desarrollar, pero no adiestrar, ese potencial sin prejuicios, cada vez más hay clases para espectadores de teatro.
El decano de estos cursos y talleres es la Escuela de Espectadores del Centro Cultural de la Cooperación (CCC) que fundó el profesor Jorge Dubatti: “Quise empezar en 2000 pero no se anotó nadie. En 2001 puse un aviso en el diario. La gente llamaba y no entendía de qué se trataba. Finalmente, logramos reunir a 8 personas en Liberarte. Dos años después, nos mudamos al CCC donde estamos hasta hoy, todos los lunes de marzo a noviembre: 340 personas y una lista de espera con más de 700 anotados”, dice el académico. El objetivo es formar al “espectador compañero”, es decir, aquel con disponibilidad, apertura al diálogo y a la escucha. Según Dubatti, nunca faltan los negativos y negadores: el espectador verdugo, muy agresivo; “el metroteatral”, que se las sabe todas; el que descree de los críticos y supone que todo está comprado. “Soy un agitador, no busco homogeneizar. La gente viene a crear, hoy el público es muy activo. El espectador nunca fue un cliente ni un consumidor pero tampoco es seguidor de críticos. Ya nadie espera la opinión de un Ernesto Schóo o de César Magrini. Por otro lado, hay necesidad de construir pensamiento crítico porque se ha pauperizado. Y en teatro, el pochoclo no funciona”, dice Dubatti, director del Instituto de Artes del Espectáculo de la UBA y autor de “Escuelas de espectadores. Hacia un espectador compañero”, libro que saldrá en mayo por Atuel.
“Aprender a mirar: cruces entre teatro, cine y literatura” es el seminario que desde hace una década dicta el periodista Osvaldo Quiroga. Comenzó en el Teatro San Martín; después se mudó a la Casa del Bicentenario, donde era gratis. Este año logró continuar los sábados en la histórica sala IFT. “No diría que formo espectadores de teatro. Pero sí que intento que compartan mi pasión. Lo mejor que me han dicho es que el teatro les cambió la vida, como me la cambió a mí. Creo que un crítico tiene que saber no sólo de teatro sino también de filosofía, historia y psicoanálisis”, dice Quiroga que el 8 de abril retoma, además, “Otra trama”, su programa de cultura por la TV Pública.

Nuevas modalidades
“Tal vez antes era más común juntarse con amigos, armar salidas grupales y ‘filosofar’ sobre el arte. La posmodernidad nos sacó un poco ese derecho. Por eso, nuestra intención es formar un auténtico club de teatro con gente con muchas ganas de debatir y decir lo que piensa”, dicen Jazmín Carbonell y Mercedes Méndez, críticas de teatro que decidieron iniciar camino en el acompañamiento al espectador teatral, en un espacio muy amable para los frecuentadores del “off”: El Camarín de las Musas. Su taller es “Cómo mirar teatro”.
La opción a distancia también está a mano para los espectadores curiosos. Nara Mansur Cao, dramaturga y crítica teatral cubana residente en Buenos Aires, y Celia Dosio, crítica e investigadora, por segunda vez dictan el taller “Crítica y apreciación de espectáculos teatrales”, uno de los cursos a distancia que ofrece el Centro latinoamericano de creación e investigación teatral (Celcit) y que les permite llegar a participantes de distintas partes del mundo. “Nuestros talleristas buscan adquirir herramientas críticas para escribir sus experiencias. Es un público muy entrenado que quiere profundizar. Proceden de distintos países y tradiciones teatrales. Por eso damos bibliografías específicas como punto de partida a la discusión, un encuentro semanal por chat y un foro donde se cuelgan los ejercicios prácticos”, dicen las profesoras.

Formar desde abajo
En una ciudad con tantas propuestas teatrales, no parece raro que el fenómeno de las escuelas para espectadores siga en ascenso. Una mirada posible señalaría que el estímulo de la incesante movida del “off” produjo este interés por saber más y mejor. Con un pie en cada una de estas orillas, el programa Formación de Espectadores, de la Dirección de Inclusión Educativa del Ministerio de Educación del Gobierno porteño, apunta a plantar semillas entre los jóvenes. “Soy profesora de Literatura y crítica teatral y veía que los chicos de las escuelas secundarias de Capital Federal desconocían el circuito teatral. En 2005, con la especialista en Educación Laura Fumagalli, presentamos el proyecto al Ministerio de Educación y al Instituto Nacional del Teatro (INT), prendió y así empezamos”, explica la coordinadora general Ana Durán, quien trabaja junto a Sonia Jaroslavsky en el área teatral (también hay cine y danza), en este programa dirigido a alumnos. Durán y Jaroslavsky son también autoras de “Cómo formar jóvenes espectadores en la era digital” (Leviatán, 2012) y promotoras desde este año del área Gestión de Públicos en el Teatro Nacional Cervantes. Desde distintos lugares y a cualquier edad, promover lazos entre los artistas y la gente siempre será una forma de erotizar al mundo.

 

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