Política / 20 de Abril de 2017

Por qué María Eugenia Vidal es la joya del PRO

Con su nuevo perfil duro y sensual, sumó puntos. Qué dicen las encuestas. El apadrinamiento de Mauricio Macri.

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La grieta estaba más viva que nunca. De un lado se enfrentaba un sindicato antiguo y con poder, y del otro un gobierno que quería implantar una serie de profundas reformas que, decían, traería tiempos mejores. Al frente del oficialismo estaba una aguerrida mujer de cabellos claros, que en la mitad de su vida estaba al mando de un Estado en crisis y que parecía colapsar por su propio peso. Del otro había un gremialista curtido, de pelos en la cara, que se jugaba mucho en una huelga que duró bastante tiempo. No es el Buenos Aires del 2017: fue hace treinta y tres años, en el histórico paro de los mineros británicos frente al gobierno de Margaret Thatcher. Luego de intensas protestas, que pusieron a la primer ministra al borde del abismo, el sindicalismo que conducía Arthur Scargill bajó la guardia y finalmente aceptó la derrota. Fue un punto de inflexión para la que luego sería la “Dama de Hierro”. Del conflicto salió fortalecida y con el impulso para llevar adelante el duro ajuste que la haría pasar a la historia.

María Eugenia Vidal no es Thatcher ni Roberto Baradel es Scargill, pero la analogía sirve para ilustrar algo que se les ocurrió rápido a los cerebros de la estrategia del PRO: no siempre hay que escaparle al choque, en especial cuando las encuestas avisan que la sociedad está madura para recibir y aplaudir algunos dardos bien colocados. El tiempo les dio la razón. Si bien, según los números que maneja el oficialismo, la imagen positiva de Vidal nunca bajó del 65 por ciento, para el lunes previo a Semana Santa había escalado tres puntos. Cada céntimo, a meses de las elecciones, cuenta.

Esas cifras, superiores a las del Presidente –Mauricio Macri está apenas por debajo del 50 por ciento de aprobación–, son la piedra angular sobre la cual se sostiene la divinificación de Vidal dentro del Gobierno. Aunque suele pasar que los gobernadores tienen mejor imagen que los jefes del Ejecutivo, como le ocurrió a Daniel Scioli y Cristina Kirchner, el dato no es menor: hoy Vidal tiene por lejos una mejor apreciación que el líder del PRO. “Es la política mejor valorada del país por lejos”, saca pecho uno de los caudillos de la comunicación oficial.

La fórmula Vidal del éxito es seguida y estudiada con detenimiento en el Gobierno. Los pilares de su buen rendimiento, explican desde el oficialismo, fueron sus guerras contra “las mafias” y contra “todo lo que representa el pasado”. De ambos conflictos, en los que apareció en la trinchera, Vidal salió fortalecida. Para los pensadores de la estrategia amarilla también fue clave mantener casi intacto el concepto que la llevó a la gobernación. “Mariú” combina con facilidad el hecho de ser madre, emprendedora, mujer, decidida y con capacidad para transmitir empatía. “Supo mantener su femineidad a pesar del poder, que es algo muy difícil de lograr. No adoptó métodos de la sociedad machista, como le pasó a Dilma Roussef y en menor medida a CFK”, explican desde el Gobierno. Esa fórmula marketinera podría ser la clave del éxito en las elecciones de octubre. También ayudó tener al Presidente de su lado: si algo sale mal, el que queda más expuesto es Macri, no ella. Además, el líder del PRO la estima como a pocos. “Mauricio siempre la cuidó y supo dejarla crecer. Le tiene una confianza tremenda. Hay una idea de que si te metés con María Eugenia te metés con él”, revela un importante ministro.

La marcha del #1A funcionó como el cuento del huevo y la gallina para la mayoría de los funcionarios y de los hombres del Gobierno: ya no se sabe qué vino primero, si el cambio de discurso o la adhesión popular, pero lo importante es la idea de que el oficialismo ya sobrevivió a lo peor del temporal. “Estamos yendo hacia arriba, la economía está comenzando a arrancar y la gente lo nota”, se entusiasman en el gabinete. Vidal fue clave en la levantada y en el armado de la novedosa posición oficial de fogonear la grieta. No fue gratis. Sus colaboradores dicen que durante los días más calientes del conflicto docente la vieron “muy triste y preocupada”.

 

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