Sociedad / 26 de Abril de 2017

Teléfono descompuesto a la violencia de género

En medio del debate instalado por los feminicidios, se acumulan quejas contra la línea de auxilio 144. Experiencia en primera persona.

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No fue ni Micaela, ni Ángeles, ni Tamara. Fui yo escuchando una y otra vez lo mismo: Todos nuestros operadores se encuentran ocupados. Pensé qué podría sentir una mujer, que tan sólo una vez, encontrara valor de afrontar una situación de violencia e intentara comunicarse con la línea 144. ¿Qué información podría encontrar allí? ¿Qué tipo de contención, de asesoramiento o de acompañamiento?

No encontré a nadie.

Inquieta por un pensamiento que un tuit disparó hace un par de meses, intento el primer contacto con la línea 144; eslabón fundamental de las acciones y políticas públicas descriptas en la Ley 26.485 de Protección Integral a las mujeres, vigente en nuestro país desde el 2009.

-Línea 144, deje su mensaje…

El primer llamado lo hice el lunes a las 12:54. Sonó e inmediatamente escuché:

-Todos nuestros operadores se encuentran ocupados. Su llamada será atendida a la brevedad. Por favor aguarde en línea.

Y aguardé en línea. Unos minutos y un par de repeticiones del mensaje después, corté la comunicación. Y aunque diariamente intento no perder la capacidad de asombro, esta vez fue distinto. No fue una sorpresa ante una sospecha que conjeturé por un par de meses.

En 2017, medios con alcance nacional y estadísticas oficiales indicaron un aumento del 30% en las llamadas a la línea 144. A pesar de haber implementado la línea 137 en la Ciudad de Buenos Aires, las llamadas sin contestar indican la existencia de irregularidades en su funcionamiento.

La línea 144 de asistencia y asesoramiento –es importante resaltarlo ya que no es un espacio de denuncia– comenzó a funcionar en 2013 y actualmente brinda servicio con un total de 170 empleados que atienden cerca de 300 llamados diarios, según lo indica el último informe público del mes de noviembre de 2016 presentado por el Consejo Nacional de las Mujeres (CNM).

Navegué sitos e incluso, mientras el teléfono lo permitió, hablé con referentes de distintos sectores vinculados al tema, quienes me confirmaron que no existe un monitoreo oficial con datos sobre reclamos formales por la falta de asistencia. Tampoco fue una sorpresa que en la línea no obtengan respuesta.

La presidenta del Consejo Nacional de la Mujer es María Fabiana Tuñez, activista por los derechos de la mujer y cofundadora de la Casa del Encuentro. También integró el Parlamento de las Mujeres de la Legislatura Porteña y el Observatorio de Femicidios en Argentina de la Sociedad Civil “Adriana Marisel Zambrano”.

En entrevista con Tuñez, la activista señaló que el organismo encargado recibió –no formalmente– la queja respecto a la falta de atención por parte de organizaciones de la sociedad civil y colectivos; y ante la primera pregunta sobre su funcionamiento, expresó conocer la situación, pero que debido a la cantidad de llamadas, muchas quedan en línea de espera.

Lógicamente, mi siguiente inquietud fue conocer como están trabajando con la operadora telefónica para resolverlo y si existe alguna presentación formal por las fallas. Decidió no decirme cuál es la empresa encargada pero afirmó: “Estamos trabajando de forma cordial para resolverlo”. Y aunque no pudo precisar fecha para dar una solución, afirmó que “la línea si funciona”.

Motivada, volví a insistir al 144. Fueron dos minutos de lucha por la señal del celular y sin respuesta. Dos minutos. Tres minutos. Una eternidad. Sobre todo para quien dudara en buscar ayuda. Seamos sinceros, dos minutos de un mal día, estresan hasta al más paciente. Si llegás tarde al trabajo y dos minutos de retraso del subte te parecen un calvario ¿qué puede esperar una mujer en riesgo?

Colgué. Quise pensar que tal vez la línea, la señal, el día agitado, un eclipse, o todos juntos causaron interferencia o fue la coincidencia que hizo que justo mi llamada ocurrió en el momento inoportuno en el que un operador fue al baño.

En la página web –que por cierto tiene mucha información de interés– existen informes trimestrales desde 2015 hasta 2016 y datos comparativos. También se puede encontrar un mapa interactivo respecto a los lugares que se encuentran registrados en todo el país para acudir en caso de ser una persona en situación de violencia: cerca de 250 sitios en su mayoría comisarías, centros de salud, estudios jurídicos y, en menor cantidad, organizaciones no gubernamentales. Aunque suena contradictorio, ya que sabemos que son innumerables los argumentos por los que las denuncias no son recibidas en una comisaría –incluso falta de papel, dígale a su pareja que se contenga hasta que consigamos una resma–, existen numerosos lugares para asistir y se los puede buscar desde cualquier celular o computadora.

En este caso, buceé por un universo de datos alentadores.
En entrevista con Fabiana Tuñez, ella destacó que los informes están actualizados hasta este año pero, por error u omisión, se les pasó subirlos. Dejé mis datos amablemente. Sigo esperándolos.

Vuelvo a marcar 144. Y vuelvo a marcar 144. Y otra vez marco 144. Los operadores continuaban ocupados. Treinta segundos. Su llamada será atendida a la brevedad. Un minuto. Por favor aguarde en línea. La voz de la contestadora ya suena amigable. Es similar a la de una reconocida locutora de mi provincia, Jujuy. Una mujer de cuarenta y tantos, imagino. Dos minutos. Contextura promedio, ojos café pero mirada incisiva. Tres minutos. Tiene presencia fuerte, sin miedo. Cuatro minutos. Cuelgo.

Aunque no existe monitoreo o información oficial respecto a los inconvenientes en el sistema de asistencia telefónica, los reclamos por parte de los usuarios se reflejan oficialmente en redes sociales desde 2013.

En Twitter se puede ver el descontento. Representantes del colectivo #NiUnaMenos realizaron una denuncia a través de sus cuentasm personales: “Todos los días al Facebook de @ColectivoNUM nos llegan mensajes así. La línea 144 del @CNMujeres no funciona. Y encima recortan 67 millones”.

Existen reclamos de algunos medios de comunicación y usuarios de Twitter que denuncian la falta de atención por parte del centro de asistencia. No son una mayoría, pero eso no implica que no sea significativo. O sea: se nota. Está claro, que hoy ser crítico de lo “políticamente correcto” nos lleva al abismo de la condena social, y tal vez por miedo, omisiones, desinterés o acompañamiento a la causa, muchas mujeres o familiares callan, y permiten que se esconda el tema bajo la alfombra.

 

Pienso, busco. Pocos se animan a opinar, casi nadie a confirmar. Me inquieto, me enojo e intento buscar una explicación lógica. Me asusta creer la cantidad de mujeres o familiares que intentaron buscar ayuda y no la encontraron. O que quizás creyeron estar equivocadas al llamar y cortaron. Tal vez tomaron valor y fueron a hacer la denuncia. O a lo mejor dejaron el tema tapado, escondido. Fue una sola vez. Lo hace porque me quiere.

No se necesita demasiado tiempo para hacerse atrás y colgar. Tampoco hace falta demasiado tiempo para el atacante. Busqué un par de días más, sin respuestas claras. Investigué, leí y volví a llamar. Terminé de escribir la nota y marqué. Décimo intento, suena dos veces…y del otro lado, al fin una voz amigable.

–¡Hola, buen día!

Seguí a Florencia en Twitter: @flor_garcia91

 

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