Política / 30 de Abril de 2017

Urquiza por Brienza: La madre de todas las grietas

El último libro del poltólogo rescata la figura del caudillo. Contrapunto con el periodista K que hoy reniega de los enfrentamientos.

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Emilio Azcárraga Jean anunciando la caída publicitaria de la empresa, que motivó el cierre de revistas.
Emilio Azcárraga Jean anunciando la caída publicitaria de la empresa, que motivó el cierre de revistas.

Los dos lucharon por lo que creían correcto. Un momento de sus vidas los marcó ante la mayoría y ese momento vuelve una y otra vez para perseguirlos. A pesar del anacronismo, y de que uno empuñaba un sable y el otro sólo una pluma, hay algo en común entre Hernán Brienza y Justo José de Urquiza: la sensación de ser incomprendidos por la sociedad.

El periodista lo piensa –“no entiendo el juicio público contra mi persona”, dirá en la nota– y cree que es por su entrevista cuando menos “soft” a la entonces Presidenta Cristina Kirchner. Salvando las distancias, el caudillo sufrió esta incomprensión por la “deslealtad” contra su ex aliado y líder del federalismo, Juan Manuel de Rosas. Parafraseando a Borges: al historiador y a Urquiza, no los une el amor sino el espanto.

Urquiza es un personaje tabú para gran parte de la historiografía argentina y sobre todo para el revisionismo histórico. La ecuación es sencilla: Rosas fue el máximo exponente del federalismo criollo del siglo XIX, y quien lo “traicionó” y derrotó en la batalla de Caseros en 1852 es el enemigo público. En la lógica del peronismo y la línea histórica que también integra San Martín, el único lugar que tiene el impulsor de la primera Constitución es el ostracismo. Brienza, que acaba de publicar “Urquiza el salvaje. El traidor que constituyó una nación” (Aguilar), dice que nunca creyó “en eso de los buenos y los malos”. No sólo rescata varias acciones de Urquiza sino que retruca: “Era mucho más federal que Rosas”.

Noticias: ¿Por qué Urquiza se convirtió en un personaje prohibido?
Hernán Brienza: Los federales no lo reivindican porque de alguna manera los traicionó, y la historia más tradicional lo consideraba el primer organizador del país pero no lo sentía como propio. El liberalismo le dejó el no lugar que se merecía por considerarlo un federal, caudillo, salvaje. Y para el revisionismo es el gran organizador de derrotas. Por eso es que hay que revisar el revisionismo. Todo esto hizo que se hiciera un hueco sobre la figura de Urquiza. Él es un personaje trágico, a mitad de camino entre su propia voluntad y su deseo, sus ambiciones de gloria y sus ambiciones económicas, y se traiciona a sí mismo. Es difícil enamorarse de Urquiza.

Noticias: Más allá de las críticas a Urquiza, Rosas muchas veces actuaba pensando más en Buenos Aires que en otra cosa.
Brienza: Rosas es una forma de federalismo porteño. Él cerró el poder sobre la aduana y sobre Buenos Aires, y organizó de alguna manera el país agroexportador que va a explotar después. Las peleas de Urquiza con Rosas hablan de un mayor federalismo doctrinario del primero: la relación de Urquiza con los caudillos del interior era más horizontal que la de Rosas, y en los reflejos de Urquiza hay mayor conciliación y diálogo, mayor búsqueda de legitimidad en los actos.

Noticias: Si Urquiza “traicionó” al federalismo, ¿Rosas también lo hizo, a su manera?
Brienza: No sé si esas ideas estaban presentes en Rosas. Si bien él tenía una concepción americanista y federal, nunca se tomó en serio el rol de constitucionalizar el país, pensaba más a su patria chica. En ambos campos se ve una gran contradicción: los unitarios que después van a actuar de alguna manera como Rosas, lo defenestran, y los federales que van a buscar la organización geográfica, lo levantan. Y Rosas queda ahí, engrampado entre una serie de relatos que hay que revisar. En este sentido Urquiza es más federal que Rosas.

Presente. Para Brienza, Urquiza puede ayudar a reflexionar sobre las problemáticas de la actualidad y “la necesidad de pactar y del diálogo: los personajes históricos vuelven cuando el momento los necesita”. El periodista incluso hizo un posteo en sus redes sociales que se viralizó: habla de la proximidad de un “enfrentamiento civil” porque el país está “muy fragmentado”. “Nunca hablé de guerra civil, como salió en varios medios, e incluso la idea del posteo es un llamado a bajar la violencia”, aclara Brienza.

El autor entiende que algunas de las enseñanzas del impulsor de la Constitución, que podrían servir hoy para unir a la Argentina, podrían haberle sido útiles al kirchnerismo, al cual defendió y defiende. Una salvedad: antes de abrazar públicamente al proyecto, Brienza solía tener una mirada más crítica de la gestión K y de Cristina Kirchner en particular.

En el 2007, seis años antes de la relajada entrevista que le hizo a la entonces presidenta, el autor de “Urquiza” publicó una interesante nota biográfica sobre la esposa de Néstor en NOTICIAS. En ese texto, Brienza hacía gala de un instinto mucho más ácido que el que tuvo tiempo después: decía que Cristina era, en su juventud, “una muchacha coqueta con aspiraciones de concheta”, que era hermética y maltrataba a sus empleadores –que la llamaban a sus espaldas “Madame Guillotine”, y se quejaban de su “taconeo marcial”–, que “gobernaron Santa Cruz con mano de hierro y modificaron una y otra vez la Constitución”, entre otras cosas. La nota no era un ataque salvaje contra Cristina, pero sí había un espíritu crítico que luego Brienza abandonó.

Noticias: Había temas que durante era K no se podían hablar. ¿Por qué no le hizo a CFK alguna pregunta en ese sentido?
Brienza: Nunca hice preguntas confrontativas. Además aclaré que hacía la entrevista desde el acuerdo con el kichnerismo. Es más deshonesto lo que hacen otros periodistas, que no admiten que acompañan algunos procesos, que hacen preguntas más dulces que las mías y siguen jugando al rol de la objetividad. Nunca me hice mucho problema con las críticas: a Macri le han hecho entrevistas más condescendientes y nadie hizo ningún escándalo. En esa lógica de condena social a mi entrevista hay una estigmatización, y no termino de entender por qué el juicio público sobre algo que no vale la pena.

Noticias: De la biografía que hizo para NOTICIAS a esa entrevista, hay una grieta dentro de usted.
Brienza: Siete años, una pelea con el campo, matrimonio igualitario, la ley de medios. Me pidieron una biografía equilibrada y la nota es bastante fiel a eso. No va en contra ni a favor. ¿Vos la leíste?

Noticias: Sí. Decía que era hipercontroladora, que maltrataba a los subalternos, que manejaba con mano de fierro Santa Cruz, que era concheta, entre otras cosas.
Brienza: Fueron muchos años después, e incluso los personajes cambiaron mucho. No hay nada de lo que dije que no sea sostenible. Cada vez que me preguntaron si Cristina era dura con sus subordinados decía que sí: una persona puede maltratar a sus empleados y ser el mejor político del país. ¡Hicieron reformas para seguir teniendo el poder en Santa Cruz! Es una realidad. ¿Qué tiene que ver eso con apoyar las cosas del kirchnerismo que apoyé? No quita la cuestión de políticas públicas que hizo el gobierno anterior.

Noticias: Choca bastante el Brienza del 2007 con el que entrevista a CFK.
Brienza: Seis años después, ese gobierno había dado grandes definiciones políticas, no es el mismo proyecto. ¿No creés que una persona puede cambiar por el enfrentamiento a todos los poderes reales que hizo CFK? ¿O que los cambios que generó la política pueden lograr un nivel de concientización mayor de una persona que hasta ese momento apoyaba al kirchnerismo con cierta relatividad y después comprendió que el proceso histórico hacía que hubiera que apoyarlos?

Noticias: ¿No hizo como Urquiza, entonces, que se traicionó a sí mismo?
Brienza: No. Ojalá.

 

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