Personajes / 8 de mayo de 2017

Carla Ortiz: “Estoy decepcionada con Trump”

Documentalista y productora, viajó al devastado pueblo de Alepo para filmar la realidad siria. Meditación y pesadillas.

Carla Ortiz: “Estoy decepcionada con Trump”
Fotos: Juan Ferrari

Carla Ortiz es modelo, actriz, productora, boliviana, ciudadana norteamericana y corajuda. Todo empezó el 24 de diciembre de 2015, cuando ella estaba meditando (práctica que lleva delante desde que tenía diez años) y se quedó dormida. Despertó sudada y conmovida: acababa de tener una pesadilla en la que un niño de suéter verde volaba por los aires. Minutos después, sonó el teléfono. Era una periodista francesa que la había conocido en el Festival de Cannes –cuando Ortiz llevó “Olvidados” (2014), su primer largometraje como productora, que trata sobre el Plan Cóndor– para avisarle que le había pasado su contacto a otra periodista, siria. Al rato, recibió el llamado. “Tienes que venir a mi país para hacer una película de lo que está sucediendo. Con un grupo de mujeres estamos trabajando para que se conozca lo que es Siria”. Ortiz estaba empezando a producir un film épico sobre Juana Azurduy, no sabía mucho de Medio Oriente, no tenía dinero ni manejaba el idioma. “A las dos horas, en un noticiero, vi a un niño de suéter verde explotando en pedazos. Acababa de suceder en Siria. Dos meses después, me fui a Alepo”, cuenta emocionada.

Noticias: ¿Cómo financió el proyecto?
Carla Ortiz: Mi papá me desheredó, me cortó mi novio (el argentino Martín Coscia, que este año tiene previsto mudarse con ella a Los Ángeles), mis hermanos dejaron de hablarme, el mundo se puso en mi contra. Pero era más fuerte que yo. Me fui a Beirut con dos mil dólares y una productora de allí decidió coproducir conmigo. Tuve que esperar tres semanas a que me den el permiso, contraté a un director de fotografía que es camarógrafo de guerra, y nos fuimos. Pasaron milagros. Como cuando explotó un taxi a metros de mí y me tuvieron prisionera porque pensaron que era cómplice. El servicio de inteligencia de Siria me creía una infiltrada americana. Les dije: “Ustedes tienen la oportunidad de que, si existe una verdad diferente, me dejen hacer mi trabajo”.

Con cuatro abuelos inmigrantes, creció en una tierra donde la cosmovisión andina es más fuerte que la religión cristiana. Fue a un colegio de monjas, pero se crio entre amautas y chamanes. “De niña, me di cuenta de que yo había venido al mundo para hacer algo distinto y supe que lo iba a poder llevar adelante siendo actriz”, explica. Ingresó a la escuela primaria a los cuatro años porque ya sabía leer y escribir. A los diez, empezó a jugar tenis y llegó a estar en el equipo nacional de Bolivia. Ese deporte fue el medio para ganar una beca de la universidad de Georgetown, Estados Unidos. Plantó bandera a miles de kilómetros de los suyos y sin que, al principio, ellos supieran que la raqueta le permitiría formarse como actriz, sinónimo de “prostituta” para su padre. Reconoce que el prejuicio paterno luego se le transformó en situaciones concretas. Como cuando estuvo a punto de ser una chica Bond y dos semanas antes la reemplazaron con la novia del guionista. “Fue un empujón para producir. Dije: “Si me tengo que acostar con el productor, seré el productor”.

Noticias: Encarnar el rol de vocera de otra verdad sobre Siria la deja en falta con EE.UU., que es el lugar donde trabaja.
Ortiz: Sí y no. Me deja en falta con el sistema egoísta de la política internacional, pero a favor del pueblo americano que no tiene nada que ver con las decisiones del Pentágono. Cuando empecé a ser testigo de los ataques terroristas y a ver lo que un ser humano no debe ver nunca, entendí que el problema del terrorismo nos va a seguir a todos si no denunciamos y no luchamos contra los extremismos. Este extremismo nos va a comer. Siria siempre fue un país laico y eso nunca se lo perdonaron los extremistas del islam fundamentalista de los países vecinos. Si Occidente dejase de mandarles armas a los terroristas, ellos no tendrían con qué luchar.
Para su film “La voz de Siria”, ahora en etapa de posproducción, entrevistó a mujeres y niños. Ortiz se emociona al recordar a una madre que, luego de un ataque, mandó a su hijo de seis años a salir del escondite para que fuera a la escuela: “‘Hemos estado durante dos años ocultos en un sótano. Pero el arma más importante es la educación. Prefiero cien veces que mi hijo muera recibiendo una educación que encerrado en el sótano’, me explicó”.

En marzo, la Comisión Internacional de Derechos Humanos citó a Ortiz para que contara su experiencia en Alepo y preguntarle si había visto armas químicas allí. “Decían que los rebeldes no tenían posesión de armas químicas ni armamentos. Pues uno de los grupos armados sí tenía acceso a elementos químicos. Cuando doy mi testimonio y presento las pruebas ante el Departamento Europeo de Información y Seguridad y Naciones Unidas”, relata. A principios de abril, coincidentemente con el ataque con armas químicas y el posterior bombardeo de EE.UU., Ortiz hizo su primer viaje no oficial como embajadora y se juntó con algunos de los miembros oficiales del gobierno sirio que habían estado en las charlas de Ginebra para lograr la paz. “Estaban emocionados porque el secretario de estado norteamericano y la embajadora ante la ONU habían anunciado que el destino del gobierno de Bashar al Asad debía ser decidido por el pueblo sirio. Así que fueron los primeros sorprendidos con los ataques químicos posteriores (que EE.UU. asegura que fueron realizados por el gobierno sirio)”.

Noticias: ¿Sospecha que esas armas químicas fueron usadas por los terroristas?
Ortiz: Las armas pertenecían a los rebeldes, entonces hay dos opciones: o las utilizaron los rebeldes o el ejército bombardeó un depósito en donde estaban éstas. No podemos seguir saltando a conclusiones y lanzar una acción militar violando leyes internacionales. Con esta intervención de EE.UU., lo que era considerado guerra civil en Siria, ahora es una guerra internacional.
Noticias: ¿Ve posible una tercera guerra mundial?
Ortiz: Es posible. Imagina unos 100 millones de dólares tirados en cinco minutos en un desierto. ISIS de Mosul ha empezado a infiltrase nuevamente para ayudar a los rebeldes sirios que no eran grandes extremistas. No podemos aguantar que se tomen acciones de este tipo sin saber quién es el culpable.
Noticias: Como ciberciudadanos, ¿podemos ser actores reales?
Ortiz: Creo que es una forma de anestesiarnos, que es un poder mucho más grande que nosotros, pero ellos subestiman nuestra inteligencia, participación y poder. Los medios de comunicación del mundo tienen que investigar, no repetir lo que dicen un par de agencias. El problema es que no sabemos lo que realmente está pasando. Si lo supiéramos, les exigiríamos a nuestros gobiernos tomar una posición diferente ante las Naciones Unidas.
Noticias: ¿Cuál es la verdad siria que quiere contar?
Ortiz: Que es un pueblo culto que lo único que le pide al mundo es la oportunidad de reconstruir sus vidas, de mostrar que son gente de amor, inclusivos, que han estado viviendo en paz por muchísimos años entre musulmanes y cristianos y quieren decidir su futuro ellos mismos. Cuanto más sigamos invadiendo su país militarmente, más los estamos debilitando y dejando en manos de los terroristas. Siria de ahora no tiene nada que ver con la de hace cinco años, está enfrentando un terrorismo que no solamente te corta la cabeza, te quema la casa y te viola a tus mujeres sino que es un terrorismo que está destruyendo el principio básico de dignidad humana.
Noticias: Reconoce que este compromiso se le viene haciendo una mochila pesada.
Ortiz: Es muy duro, entiendes la fragilidad de la vida. Cuando llegaba, me agarraban la cara y me decían: “Te agradezco desde la punta de los pies hasta mi cabeza”. Y su deseo cuando te despiden es que veas con vida a los que amas. Cuando te despides de tu marido o de tu bebé, sabes que a la noche los vuelves a ver. Ellos se despiden diciéndose: “Espero que estemos vivos al despertar”.
Noticias: Usted apoyaba a Donald Trump por su política internacional. ¿Sigue haciéndolo?
Ortiz: Estoy decepcionada y con el corazón roto porque Trump había propuesto un cambio de política exterior, lo aplicó en un anuncio oficial y luego decidió bombardear. Nada tiene sentido. La contradicción constante es lo que siempre rige a los gobiernos del Norte.

Valeria García Testa

 

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