Política / 21 de Mayo de 2017

La guerra judicial que desató el caso Arribas

Las internas de los investigadores del caso. El rol de Casanello y Delgado. Y el contraataque de la AFI.

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El escándalo Arribas no sólo dio coletazos que golpearon al Gobierno. También provocó un cimbronazo dentro de la misma Justicia. Las diferentes decisiones sobre la causa que involucra al director de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) dejaron al descubierto la fuerte interna que se vive en los tribunales de Comodoro Py.

Por un lado está el fiscal Federico Delgado, quien imputó a Gustavo Arribas luego de que el cuevero brasileño Leonardo Meirelles afirmara que le había transferido dinero a Suiza en concepto de coimas. Por otro lado está el juez Rodolfo Canicoba Corral, quien sobreseyó a Arribas. Y el fiscal de Cámara Germán Moldes, quien avaló esa decisión. Y por último está el juez Sebastián Casanello, quien investiga una denuncia por actos de corrupción en la obra de la planta potabilizadora de AySA de Paraná de las Palmas, en Tigre.
En el marco de esta causa fue que se produjo la última declaración de Meirelles, en la que afirmó que le había hecho diez transferencias a Arribas por un total de 850 mil dólares. Lo primero que se había conocido de este asunto era que se trataba de seis transferencias por un total de 650 mil dólares. Arribas denunció al cuevero por falso testimonio.

Las posiciones son las siguientes: Delgado insiste en que Arribas fue sobreseído de forma apresurada y se molestó mucho con el fiscal Moldes, quien desestimó la apelación del primero y permitió dejar la causa al borde de un sobreseimiento firme. En su escrito, Moldes afirma que las pruebas producidas son “suficientes” y “eficaces”. Entre esas pruebas se destacan las aportadas por la Oficina Anticorrupción, la UIF y un mail del banco que acercó la defensa de Arribas. Todo muy independiente.

Moldes ni siquiera recomendó, como suele hacer, que se le tomara declaración testimonial a Meirelles. Cuando trascendió la declaración del cambista brasileño, la desestimación del fiscal de Cámara quedó debilitada.

La testimonial de Meirelles tiene un doble aspecto para analizar. Por un lado, se consiguió mediante la cooperación entre la Procuración argentina y la brasileña para la causa por la planta potabilizadora de AySA de Paraná de las Palmas. Ese expediente se inició por una denuncia anónima contra el ex presidente de AySA, Carlos Ben. Durante la testimonial se le preguntó a Meirelles si había pagado sobornos para esa obra, pero no aportó demasiada información. Es decir, para el objeto procesal por el cual se lo convocó no sirvió de nada. Pero Casanello le hizo un valioso favor al fiscal Delgado y a quienes quieren seguir tirando del hilo de las transferencias entre Meirelles y Arribas, porque el fiscal de la PIA, Sergio Rodríguez, colabora desde el inicio en la causa de la planta de AySA y además es el fiscal coordinador de todas las causas que tengan vínculo con el Lava Jato. Por eso pudo preguntar. Luego de la testimonial, se solicitó a Brasil la documentación respaldatoria y Delgado presentó un video de una reunión entre Marcelo Odebrecht, el dueño de la constructora, hoy preso en Brasil, y la ex presidenta Cristina Kirchner.

Contraataque

Hay quienes piensan que lo de Casanello no fue obra del azar, porque el juez no tiene intenciones de favorecer al oficialismo y menos al jefe de los servicios de Inteligencia. Casanello cree que la AFI estuvo detrás de la operación para sacarlo de la causa de la “ruta del dinero K”. El año pasado, Lázaro Báez y otros supuestos testigos salieron a decir que habían visto al juez en la Quinta de Olivos y que allí se habría sellado un pacto de impunidad para Cristina Kirchner. El magistrado tiene una pista: todo surgió cuando el abogado Santiago Viola, que no era abogado de Báez, sino de su hijo Leandro, se apersonó en la cárcel y le hizo escribir una carta de puño y letra en la que afirmaba que había visto al juez. ¿Qué hacía Viola ahí, si Báez no era su cliente? Al Casanello le contaron que Viola tiene relación con el ex fiscal Eduardo Miragaya, quien entonces trabajaba en la AFI a las órdenes de Silvia Majdalani, la subdirectora de la Agencia. Con el tiempo, el misterio se disipó y la operación se desactivó. Miragaya quedó afuera de la AFI y no hubo costos para nadie.

La Casa

En la AFI, las sospechas de corrupción que sobrevuelan al jefe de los espías no caen bien. En los mandos altos el alineamiento es total, pero a la llamada línea profesional no le simpatiza tener que defender a alguien que no resulta del todo transparente. Y mucho menos si la defensa pública del Presidente es que Arribas es, de sus amigos, el más acostumbrado a la trampa.

 

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