Economía / 21 de Mayo de 2017

Temer y la economía: crisis en Brasil, devaluación en Argentina

La inestabilidad del gobierno brasileño puede afectar más al sur: caída del peso y menos exportación industrial.

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Protesta de obreros de General Motors (GM) cerca de Rosario.

El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, es el mandamás de la economía argentina y así lo demostró la amplia convocatoria de su última conferencia de prensa, el 17 de mayo pasado. El que fue viceministro de Economía del gobierno de Fernando de la Rúa en 2001 congregó desde el presidente de HSBC Argentina, Gabriel Martino, hasta el constructor Aldo Roggio. Negó una vez más que existiera bicicleta financiera y su equipo agregó que en el último mes el que vendió dólares para comprar Letras del Banco Central (Lebac) perdió. Un día después perdió mucho más, por la devaluación del peso que derivó del contagio del nuevo escándalo de corrupción que puso en jaque al presidente de Brasil, Michel Temer. Eso sí: durante los meses anteriores la bicicleta había funcionado muy bien.

En la rueda de prensa, plagada de empresarios y analistas de bancos, Sturzenegger destacó: “El credo del tipo de cambio flotante es vertebral de nuestra política porque nos permite sortear los shocks externos y crear un marco que nos permita crecimiento sostenido”. Al día siguiente, con la devaluación del real brasileño y su impacto en el peso argentino, en la conducción de la autoridad monetaria ratificaban el valor de estas palabras. De hecho, otros países latinoamericanos suelen aplicar con éxito devaluaciones sin impacto en la inflación. ¿Será el caso en la Argentina? Por lo pronto, algunos de los asistentes a la conferencia de Sturzenegger, lo aplaudieron cuando terminó de responder las preguntas, pero otros se fueron convencidos de que había que empezar a apostar al dólar, incluso bastante antes de la prevista volatilidad que acompañará el proceso electoral que comienza con las primarias de agosto y acaba con las generales de octubre próximo.

Al día siguiente, después de que Temer negara que fuera a renunciar, el economista Eduardo Levy Yeyati, asesor del Gobierno, comentaba: “Brasil nunca había terminado de salir de su crisis”. Y eso que en el primer trimestre de 2017 creció 1,1% después de dos años de baja (-3,8% en 2015, cuando gobernaba Dilma Rousseff, y -3,6% en 2016, cuando la destituyeron y asumió el poder su entonces vicepresidente devenido enemigo político). “La nueva crisis trae una buena noticia y otra mala”, observa Levy Yeyati. El aumento del riesgo inversor en la región por la inestabilidad de un presidente que estaba emprendiendo ajustes y reformas liberalizadoras lleva a que los especuladores en la Argentina dejen la bicicleta financiera, se llevan sus ganancias a dólares y eso derive en una devaluación del peso. “Así es que el tipo de cambio vuelve a cierto nivel de equilibrio sin los costos que derivaban de las compras que desde hace un mes hacía el Banco Central”, destaca Levy Yeyati.

En abril pasado, Sturzenegger, que hasta ese momento sólo decía que se preocupaba por cumplir con sus metas de inflación (12% al 17%), anunció que también buscaría recomponer reservas. De ese modo mejoraría el deteriorado patrimonio del Banco Central, pero también contrarrestaría el atraso cambiario que el apodado Capitán Frío niega, pero que muchos economistas observan. Y no sólo ellos: uno de los cinco empresarios más ricos de la Argentina señalaba hace pocos días: “Acá producir bienes y servicios es caro, pero es rentable importar porque vendés al doble de lo que te pagan afuera”.
Relax. La devaluación no impactaría en principio en una mayor inflación, según Levy Yeyati. “Para eso el dólar tendría que subir por encima de sus máximos”, añade. En enero pasado llegó a cotizar a 16,37 pesos. “No veo que haya una fuga de capitales ni pánico porque ya convivimos con un Brasil que caía 4% y acá entraban capitales. No veo una suba del costo de financiamiento. Los bonos no sufrieron tanto castigo este jueves (18 de mayo)”, confía en que la Argentina continúe atrayendo apetito por las emisiones de títulos del Tesoro, como las que se avecinan para financiar el déficit fiscal. Otro cantar corresponde a las Lebac que emite el Central no para financiarse sino para contraer la política monetaria y bajar la inflación. “Si la gente quiere más dólares y menos Lebac, eso no te desfinancia. El Banco Central va a tener que emitir más pesos cuando venzan las Lebac y para evitar una devaluación va a tener que quemar reservas. Siempre y cuando la fuga no sea masiva, no habrá devaluación. No hay que minimizar el impacto, pero tampoco veo un shock que lleve a la inestabilidad financiera”, pronostica Levy Yeyati.

Pero el director del Consejo Presidencial Argentina 2030 reconoce que “Brasil de por sí no iba a crecer mucho y le puede ir peor, lo que golpea a la industria argentina, que deberá seguir esperando la recuperación brasileña”. En 2014, la Argentina destinaba a Brasil, su primer socio comercial, el 21% de sus exportaciones. En el primer trimestre de 2017, el 16%. Pero en un país en el que dos tercios de sus exportaciones son materias primas y alimentos, el restante tercio es manufactura que encuentra en Brasil su principal mercado. A la mayor economía latinoamericana se destinan autos, productos químicos, plásticos y eléctricos y trigo.

El economista jefe de la Unión Industrial Argentina (UIA), Diego Coatz, recomienda mantenerse “cautos” ante la nueva crisis de Brasil. “Hay que ver dónde termina la crisis institucional y después la económica. Hay dos canales de transmisión hacia la Argentina: la actividad económica y el tipo de cambio. La actividad depende de la política económica. Puede haber crisis política sin caída de actividad.  Además la caída de la exportación argentina a Brasil ya cayó. La variable más expuesta a la crisis institucional es el tipo de cambio. Si el Banco Central argentino acompaña al real, habrá más tensión cambiaria. Pero el Banco Central brasileño tiene muchas reservas para estabilizar el real”, opina Coatz.

 

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