Economía / 23 de mayo de 2017

La política del Central favorece el tipo de cambio volátil

Analistas opinan que la eliminación de todo control de capital eleva el contagio de la crisis de Brasil. Las otras crisis que afectan.

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“El caso que salpica a (Michel) Temer pone más incertidumbre sobre si la recuperación de Brasil será sostenible”, advierte Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Ecolatina. “Si la crisis política tarda en decantar le agrega conflicto a una economía brasileña que no lo necesitaba. Hay que ver si hay gobernabilidad, si se adelantan las elecciones presidenciales (de 2018). Lo que eran buenas noticias de Brasil por su crecimiento del primer trimestre ahora son signo de pregunta. Ya hay contagio financiero en la Argentina, aunque aún es muy temprano para afirmar si habrá menos previsibilidad acá. El peso se hace más competitivo, aunque no contra el real, que se devalúa más. Si se consolida el dólar por encima de los 16 pesos, puede haber impacto en la inflación, pero no tan rápido. Pero en la medida en que más se atrasase el dólar, más gente se dolariza por si hay un salto tras las elecciones”, agrega Sigaut Gravina otro factor de análisis.

A la crisis de Brasil se suma el impacto financiero por el Russia-gate que afecta al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y que ya ha hecho caer a Wall Street. Al igual que en la debacle de 2008, el dólar es paradójicamente el refugio en estos casos, con lo que se devalúan las otras monedas. Así como los capitales especulativos entraron a raudales a la Argentina en los últimos meses, ¿podrían irse en manada? “El esquema sin controles de capitales que implementó el Central te expone a más volatilidad. Eso sirve para cortar la bicicleta financiera, pero la incertidumbre afecta el consumo y la inversión. Pero lo peor sería atraso cambiario y tipo de cambio fijo”, opina Sigaut Gravina, que preveía un dólar a 17,80 pesos a fin de año antes del nuevo efecto caipirinha.
Enrique Dentice, profesor de la Universidad de San Martín, lo avizoraba a 17,60 pesos. “La crisis brasileña mete más frío a nuestra industria, no sólo a los autos, con sus autopartes y neumáticos, sino también a la exportación de pollo, cerdo y materias primas para la cerveza. La situación nos va a pegar bastante duro, vamos a tener más inflación antes de lo imaginado, pero veo que el atraso cambiario continuará hasta noviembre (el mes siguiente a los comicios)”, describe Dentice.

“Si esta crisis política sigue, la economía brasileña se estancará o caerá”, teme Ariel Luthier, del Instituto Trabajo y Economía, de la Fundación Germán Abdala. “Serían malas noticias para una industria a la que se le vienen achicando mercados. En una Argentina que intenta abrirse al mundo, que tu principal socio pase por esta situación es espantoso. Al menos Brasil tiene reservas para que la turbulencia cambiaria no sea dramática. En un contexto de mayor volatilidad, habrá que ver cómo consigue la Argentina los dólares para endeudarse, pero hasta ahora los han conseguido. Si se afecta el canal financiero, la manera de contrarrestarlo será aumentando las tasas de las Lebac. Hasta ahora los mercados también han respondido bien. Pero la decisión de liberar el mercado cambiario más de lo que estaba antes del cepo te expone a más inestabilidad”, advierte Luthier.

 

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