Cultura / 23 de mayo de 2017

Pierre Lemaitre: “No sé si me gusta el discurso del tango”

Es uno de los escritores del momento. Francés, autor de policiales y de novelas clásicas, vino a la Feria del Libro y se queda casi un mes de vacaciones en la Argentina.

Empezó a escribir después de los 50 años y en muy poco tiempo se transformó en uno de los escritores franceses más interesantes. Con su novela “Nos vemos allá arriba” (Salamandra), una historia en la tradición de la picaresca, ganó el premio Goncourt en 2013 y ese fue espaldarazo que necesitó para ubicarse en el centro de la escena literaria de su país.
También es un reputado escritor de policiales, con el excéntrico Camille Verhoeven como detective y protagonista de sus novelas, oscuras y sangrientas (“Irene”, “Alex”, “Recursos inhumanos” -Alfaguara-).
Vino a Buenos Aires a participar en la Feria del Libro y se queda 3 semanas más a conocer a fondo nuestro país.
Aquí, el diálogo que mantuvo con NOTICIAS.
NOTICIAS: “Recursos inhumanos” es la última de sus novelas que salió en la Argentina. Tiene un trasfondo social que aquí conocemos muy bien: la problemática de los desocupados. ¿Cómo decide escribir sobre este tema?
Pierre Lemaitre: Yo tenía una experiencia de desempleo. Y recordaba una época en que era joven y mi madre también había vivido un largo período de desempleo. El libro surgió de un hecho policial que oí en la radio. Una empresa, con el fin de probar la solidez de sus ejecutivos en situaciones de estrés, había contratado a actores que se habían hecho pasar por un comando. Entraron armados y tomaron rehenes. La cosa salió muy mal porque el juego de roles se cambió completamente. Una mujer se hizo pis encima de miedo, otra quiso tirarse por el balcón. No se dieron cuenta de que ese juego de roles era increíblemente violento. Una violencia inaudita. Esto sucedió de verdad. Los empleados hicieron una denuncia. Fue un juicio largo. La gente que había organizado el juego de roles fue condenada. Hubo personas que se deprimieron. Cuando oí sobre ese hecho, supe que allí había un libro. Luego intenté encontrar una historia que me permitiera poner en escena ese hecho policial.
NOTICIAS: ¿Cómo cayó en Francia el libro?
Lemaitre: No muy bien. No por razones literarias. El título no era muy bueno en francés. (Aclaración de la traductora: en francés se llama “Ejecutivos negros”). Hay una historia rara con este libro. Primero, no tuvo mucho éxito. Luego una revista que se llama “Le Point”, que entrega un premio a la novela negra europea, lo galardonó. Era la primera vez que lo ganaba un francés. Entonces tuvo una segunda oportunidad, que lamentablemente no cambió demasiado las cosas. Tercer acto: compran el libro para una película pero nunca logran hacerla. Nunca reunieron el dinero. Cuarto acto: se traduce en el extranjero y funciona muy bien. Entonces, a través del extranjero, el libro comienza a funcionar en Francia, a punto tal que me acaban de encargar que escriba una serie televisiva.
NOTICIAS: ¿Toda literatura es política?
Lemaitre: Toda literatura puede interpretarse políticamente. Aquí estamos frente a una novela donde efectivamente hay una ambición de decir cosas sobre el mundo social. Pero lo que es político es la manera de leerla.
NOTICIAS: Su detective tiene algunas características físicas que lo vuelven excéntrico, raro. Por ejemplo, su bajísima estatura.
Lemaitre: Hay tantos investigadores que si no era excéntrico terminaba siendo lo mismo que los demás. Me gusta, me cae bien, me dio mucho placer vivir con ese personaje que durante tres libros y medio, casi cuatro.
NOTICIAS: Usted tiene dos tipos de obra. Novelas más tradicionales y policiales. ¿Cómo es saltar de un género al otro?
Lemaitre: Soy alguien que se aburre muy rápido. Entonces, pasar de un registro al otro, de una historia a otra, de un universo literario a otro, es mi manera de romper con esa tendencia al hastío. Me encanta mi trabajo y lo hago con mucha alegría pero, ¿sabes?, una novela es larga de escribir. “Nos vemos allá arriba” (Salamandra) fueron dieciocho meses de trabajo. Ahora, terminé la continuación, y fueron otros dieciocho meses de trabajo. Entonces, por más que te guste tu historia y tus personajes tenés la impresión de que no avanzas. Cuando terminás una novela larga, te dan ganas de hacer una que vaya más rápido. Entonces, hice “Tres días y una vida”. Paso de un registro al otro porque el efecto de cansancio, después de las grandes novelas, necesita contrabalancearse
NOTICIAS: ¿Tiene algún método, un horario de trabajo?
Lemaitre: A los periodistas les encanta eso. Tengo muchas ganas de darte el gusto y decirte: sí, sí, sí. Yo me pongo a trabajar a las nueve pero a condición de tener en mi escritorio mis anteojos, mi pluma perfectamente afilada. Bueno, esas son imágenes románticas. Muchos de mis colegas necesitan condiciones muy particulares. Yo me burlo un poco de ellos porque no tengo método. Esta mañana trabajé en la computadora, en mi cuarto; anteayer en el avión. Todo lo que necesito es un poco de silencio para concentrarme. Tengo una hija de siete años. Me pongo a trabajar a la mañana y paro a la noche. Mi vida de trabajo se parece mucho a la de un relojero. El tipo abre el reloj, coloca sus pincitas, pone una gotita de aceite, verifica que el engranaje funcione. “Ah, no. Acá me equivoqué’’, busca la cajita y luego es la hora de comer. Cierra todo.
NOTICIAS: Usted empezó a publicar después de los 50 años.
Lemaitre: Sí, muy joven. Empecé muy joven. No permitiré que nadie diga que cincuenta y seis años es una edad avanzada (se ríe). Olvidate de esa pregunta.
NOTICIAS: Pero tuvo una vida larga.
Lemaitre: Esa es una manera mejor de encarar las cosas. Cuanto más avanzo en edad más puntilloso me pongo con esta cuestión. En realidad, siempre fui escritor pero había varias cosas en las que no pasé al acto. Pasé al acto dos veces en treinta años. Escribí dos novelas en treinta años que fueron rechazadas por todos los editores. Tenían razón de rechazarlos. Eran muy malos esos libros. Yo estaba hecho para ser un escritor de la madurez. Me convertí en adulto muy tarde. Tengo la impresión de que los efectos positivos de la madurez, llegaron tarde. Creo que soy un hombre intrínsecamente tardío. Tuve un bebé a los sesenta años. Hay dos efectos, positivo y negativo. El negativo es que, obviamente, como empiezo las cosas más tarde tengo menos tiempo luego para hacerlas o aprovecharlas. Cuando comenzás a escribir a los cincuenta y seis no tenés por delante sesenta libros que podrías escribir, como si hubieras empezado a los dieciocho. Pero el efecto positivo es que hago las cosas con más madurez y más urgencia. Voy a cumplir setenta años ya. Uno no sabe cuánto tiempo le queda. Cinco, diez, veinte años. En ese caso son cinco libros o veinte. Cambia todo. Hay que tomar las decisiones correctas, hay que escribir los libros…
NOTICIAS: ¿Correctos?
Lemaitre: Los más importantes para mí. Soy un autor. No soy un genio de las letras. Intento hacer mi trabajo con conciencia. Intento hacer el mejor proyecto para intentar dar lo mejor de mí mismo
NOTICIAS: ¿Quién fue el primero que creyó en su literatura?
Lemaitre: Mi mujer. La segunda. La primera no creía en eso. La primera creía que yo tenía mala suerte y la segunda pensaba que yo era talentoso y por eso reemplacé a la primera por la segunda. Cualquiera hubiera hecho lo mismo Tenemos veinte años de diferencia. Así que a ella el reloj biológico – no, el reloj narrativo-, le comenzaba a sonar y se planteaba la pregunta de si íbamos a tener un bebé juntos o no. Tengo un hijo mayor que tiene veintiocho años y vive en Londres y es músico de rock.
NOTICIAS: ¿Y cómo es esta segunda paternidad?
Lemaitre: Por suerte es una chica. Le dije a mi mujer: quiero que tengamos un bebé pero cumplí tu parte del contrato, que sea mujer. Estuvo perfecta en ese tema.
NOTICIAS: ¿Se va a quedar unos días en la Argentina?
Lemaitre: 3 semanas, de vacaciones. Tengo un problema con el tango. No sé qué pensar de él. Mi problema es entender qué es. La significación del tango plantea un problema. En algunos sentidos, tengo la impresión de que es una danza sensual, que en el fondo cuenta una suerte de historia, seguramente siempre es la misma historia en formas distintas. Y por otro lado, me parece que las polaridades sexuales son casi caricaturescas, es decir, tengo la impresión de un discurso sobre el amor y no estoy seguro de que me guste ese discurso. Lo voy a ir a ver e intentaré darme cuenta de qué es. No sé nada. Hay un aspecto como de tauromaquia con la mujer que se resiste y que termina cediendo. Me rompe un poco las pelotas. (Risas). No escribas eso. Si no vas a matar mi reputación en Argentina.

 

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