Sociedad / 24 de mayo de 2017

Policía trans: Se casó como varón y sigue con la misma mujer

La increíble historia de Analía, policía de la Federal, que se casó con Silvia hace 23 años cuando aún no había decidido cambiar de género.

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“Ni en la más loca de mis fantasías hubiera pensado que iba a lograr todo lo que logré”. Quien habla es Analía Pasantino (49), la reciente policía trans reincorporada y ascendida a subcomisario, luego de haber sido apartada de su trabajo por su identidad de género por casi una década. Es que haberse convertido en la primera transexual de Latinoamérica en ocupar una jerarquía dentro la Policía Federal, no es poca cosa. Como tampoco lo es que la mujer con la que se casó hace 31 años cuando era varón, esté aún hoy a su lado.

De hecho, el 20 de abril cuando se oficializó el regreso de Analía a la Federal, con su mujer Silvia Mauro (49) celebraban su aniversario. “Para mí esa es una fecha muy importante”, remarca Analía desde el departamento en Caballito donde vive con su esposa.

Ese mismo día se pusieron de novios. Allá por el año 86, cuando Analía era un varón, después de frecuentarse como amigos junto con otros compañeros del Pellegrini, donde cursaron el secundario, comenzaron a salir a los 18 años.

Transitaron nueve años de noviazgo hasta contraer matrimonio en 1994. Pero Silvia nunca imaginaría que tan sólo dos años después de esa tradicional boda, su esposo cambiaría radicalmente de aspecto para convertirse en una mujer.

Transición.“La transición para ser trans es algo que viene casi desde siempre. Fue algo que lo fuimos descubriendo poco a poco porque no es que hay un momento. No es que te surge de golpe, que un día te levantás y decís ‘bueno, soy trans’. Es algo que te viene atravesando desde siempre”, explica Analía, quien comenta que fue recién después de casarse cuando por diversión comenzó a descubrir su transexualidad.

“Como si fuera un juego ella empezó a ponerse un camisón, una prenda íntima, y yo después veía que lo hacía cada vez más. Entonces le preguntaba por qué lo hacía y ella me decía que le gustaba. Amo la femineidad respondía”, relata Silvia, quien en ese momento la alentaba a probarse prendas, pero puertas adentro de la casa. “Jugábamos así en casa, ella se vestía y nos divertiamos con eso”, asegura, mientras recuerda un hecho curioso: “Una vez tocaron el timbre, eran unos amigos y ella, que estaba como mujer, corría a desvestirse, se sacaba el maquillaje rápido”. Analía en ese momento estaba tratando de hacer la transición de varón a mujer y, aunque tenía ganas de gritar a los cuatro vientos lo que le pasaba, no se animaba a decírselo a sus seres queridos.

“No podía decirles por miedo al rechazo, pero eran sólo fantasmas que uno tiene, porque después no pasó nada”, narra Analía. Esos miedos la atormentaron cuando tuvo que enfrentarse al mundo con su nueva apariencia. “La primera vez que Analía pisó la calle vestida de mujer fue en 1996”, detalla Silvia, a lo que Analía suma: “Obviamente de noche y a escondidas de todo el mundo. No queríamos que los vecinos nos vieran. Ella me obligaba a bajar del auto”, dice señalando a su mujer. Pese a que Silvia animaba constantemente a Analía a afrontar sus propios temores, el cambio de vida no fue nada fácil para ella.

“Yo primero no entendía qué pasaba, me sentía culpable. Soy una mujer y como mujer me sentía que fallaba. Hasta que fuimos a un profesional y él me dijo que yo no estaba fallando. Me costó entenderlo, no era fácil. Ahí yo misma me preguntaba qué hacer. Yo la amo, no puedo dejarla sola, decía. Y me decidí a transitar el camino que ella estaba transitando”, explica Mauro.

Prejuicio laboral. Aunque Analía había dado un avance significativo en su vida al poder darse a conocer con la identidad sexual que ella sentía y había podido obtener el apoyo de su familia y sus amigos, el Estado miraba para otro lado. “Sentíamos que era todo muy injusto”, señala Pasantino, quien asegura: “Nunca pude ir a trabajar, directamente me mandaron a licencia, al Churruca por licencia médica por psiquiatría. De hecho, todos los diagnósticos por psiquiatría fueron por trastornos de angustia primero, después por síndrome depresivo, y después directamente pusieron trastornos de identidad sexual. Sin embargo, el rechazo de la cúpula distaba de las buenas relaciones que mantenía con sus compañeros de trabajo.
En ese sentido, Analía recuerda una anécdota: “Mis compañeros de promoción, cuando hago la transicion en 2008, se empiezan a reunir y me avisan. Era una cena. Yo hacía tiempo que no los veía y entonces caí como Analia”. La reacción de la mayoría de sus colegas fue tan buena que incluso se animaron a hacer chistes. “Me acuerdo que le decía ‘Pasan’, como la suelen llamar, sos más linda como mina que como hombre”, cuenta Silvia, largando una carcajada. “Todos lo sabían por comentarios pero nadie decía nada”, detalla Analía. Entretanto, su mujer agrega: “Igual no todo es color de rosa, también había prejuicios”.

Ambas reconocen que todavía hay gente, incluso psicólogos, que no entienden su relación. Un ejemplo es lo que sucedió en una charla que Analía brindó sobre el tema diversidad en un curso para oficiales de policía. “Di una charla y dije: ‘Bueno la llevo a mi esposa para que dé su visión de esto’. Fuimos con otra chica trans que tenía un hombre como pareja. No te das una idea el revuelvo que se armó”, relata Analía, mientras Silvia interrumpe indignada: “Se la agarraron conmigo, cómo puede ser que estés con ella, vos sos una degenerada, decían”. Y agrega: “Había una psicóloga que no entendía, ¡una psicóloga! Ella decía que si yo era mujer no podía estar con un transexual. Ahí le dije que una cosa es la cuestión de género y otra es la preferencia sexual. Mi preferencia sexual son los hombres. La preferencia sexual de Analía son las mujeres. ¿Qué es lo que no podés entender? ¿Que si se siente mujer tiene que gustarle un hombre?”.

 

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