Teatro / 25 de mayo de 2017

“Yo, Encarnación Ezcurra”: Lorena Vega, la cúspide del talento

De C. Escofet. Con Lorena Vega y músicos. Dirección: Andrés Bazzalo. Del Pueblo, Av. Roque Sáenz Peña 943.

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★★★★★ Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. A juzgar por los hechos, Encarnación Ezcurra (1795-1838), la bravía esposa de Juan Manuel de Rosas, lo fue con creces. Basta reiterar la impresión del entonces cónsul de Francia sobre la esposa del gobernador: “Madame Rosas tiene unos cuarenta años, es pequeña y no parece de buena salud; pero cuando se anima a hablar es fácil ver que tiene alma y energía si las circunstancias lo exigen. Estoy convencido de que si su marido o la patria estuvieran en peligro, ella sería capaz de la mayor entrega y esfuerzos que el coraje solo puede inspirar”.

Se casó con el caudillo desobedeciendo la oposición de su familia gracias al artilugio de hacerse pasar por embarazada. Actuó en forma brillante en las circunstancias políticas más delicadas y difíciles. Gozaba de una enorme popularidad entre los humildes, débiles y desposeídos, a los que protegía y halagaba, recibiéndolos en su casa. Sus enemigos la ridiculizaban apodándola “la mulata Toribia” por su fealdad. Fue la creadora de la temible “Mazorca” que la historia oficial identifica como un grupo de facinerosos y delincuentes, aunque entre sus miembros también se contaron los de clase “distinguida”. Algunos historiadores consideran que fue un anticipo de lo que en el siglo siguiente sería Eva Duarte en su vínculo con Juan Perón.

Para retratar a tamaña hembra, en un estupendo monólogo de Cristina Escofet sobre sus últimos días, se necesita una actriz inmensa, capaz de recorrer los infinitos matices del personaje, sus contradicciones, dolores y alegrías, dentro de un espacio diminuto y cercano al público. Afortunadamente, Lorena Vega es una de las mejores de su generación al punto que, debemos confesar, no alcanzan los adjetivos para subrayar su descomunal capacidad interpretativa, aquí en la cúspide de una creación sin fisuras, ante la cual sólo queda rendirse a la admiración y corroborar un talento digno de los escenarios y las pantallas del mundo.

Claro está que la excelente, minuciosa, ascética y creativa dirección de Andrés Bazzalo, que incluye músicos en vivo, contribuye a situar la propuesta entre las más sobresalientes e ineludibles de la escena alternativa porteña.

 

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