Ciencia / 28 de Mayo de 2017

Peligro: cada vez más chicos padecen hipertensión arterial

Aumenta su incidencia en preadolescentes. Cómo prevenirla. Riesgos de no detectarla.

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Es común ver en plazas y calles del Gran Buenos Aires un puestito armado bajo una sombrilla, con una mesa y dos sillas desde donde una enfermera ofrece tomar la presión a los paseantes. Y más común todavía es asociar esa oferta con una fila de jubilados que deberían controlar su posible alta presión. “Pese a que tenemos esa imagen, la hipertensión arterial no solo es un problema de los adultos mayores”, le enfatizó a NOTICIAS el doctor Fernando Burgos, jefe del área ambulatoria de Pediatría en el Hospital Universitario Austral. De hecho, en una reciente publicación del Hospital Garrahan se afirma que “entre el 3,5 y 5 % de los niños y adolescentes pueden sufrir hipertensión arterial (HTA)”. Y Burgos agrega otro dato: “a la mitad de los chicos de entre 7 y 18 años nunca les tomaron la presión y -si bien no tenemos datos epidemiológicos extendidos- extrapolando cifras de diversos estudios, es posible pensar que en la Argentina actual 8 de cada 100 chicos podría ser hipertenso”.

Es el principio de un camino: en adultos, la cifra de hipertensos argentinos promedia el 36 %.

Sin embargo, el mayor problema está por venir. Es que aunque no se sabe cuánto, sí se conoce que es un problema en aumento. “La hipertensión arterial en niños y adolescentes como enfermedad primaria, esto es cuando no está asociada a otras patologías como enfermedades del riñón o afecciones congénitas, es un fenómeno relativamente nuevo pero creciente. Y es más prevalente a medida que se acercan a la adolescencia”, detalla Luis Pompozzi, pediatra especialista en hipertensión arterial en el Hospital Garrahan.

“Es muy posible que esté creciendo, porque sabemos que una de las causas primarias de la hipertensión arterial en chicos son el sobrepeso y la obesidad, epidemia que la Argentina viene sufriendo hace años”, le dice a NOTICIAS Ramiro Sánchez, Jefe de la Unidad Metabólica e Hipertensión Arterial en la Fundación Favaloro.

Mal comienzo

Padecer hipertensión desde los primeros años de vida no es un tema menor ya que se sabe que su presencia genera daños cardíacos, provocando hipertrofia del ventrículo izquierdo y predisponiendo a la formación de ateroesclerosis. Además, se convierte en un factor de riesgo de enfermedad coronaria en los años adultos. “Si se tuvo hipertensión de niño, el riesgo de ser hipertenso en la adultez aumenta un 70%”, puntualiza Burgos.

Nada en esta enfermedad es fácil. Ni siquiera el diagnóstico. Y los expertos recuerdan que el problema inicial es que a los chicos no se les mide la presión con frecuencia.

“Los médicos aún no tenemos la costumbre cultural de tomar regularmente la presión a los chicos”, dice Burgos. Y explica que todavía hay una gran proporción de pediatras que no sigue las recomendaciones y guías publicadas por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) que piden tomarla en cada control anual de los chicos, en forma sistemática, desde los tres años.

“Sería ideal que al convocar la imagen del pediatra se lo representara usando un estetoscopio, un otoscopio y también un tensiómetro: eso nos permitiría detectar más precozmente la hipertensión arterial en los chicos y evitar el subregistro que hoy existe”, explica el experto del Hospital Austral.

Para Ramirez, ese control en los chicos debe ser doblemente estricto, sobre todo “si existen antecedentes familiares de hipertensión, ya que es una patología que tiene características hereditarias”.

Y un detalle importante que destacan todos los expertos: si hay dudas sobre su presencia, se recomienda efectuar las mediciones fuera del consultorio pediátrico o del hospital, recurriendo a equipos que la registren automáticamente a lo largo de varios días para evitar un particular fenómeno médico conocido como “hipertensión de guardapolvo blanco”.

¿Qué es? Un simple reflejo del miedo que causa la visita al médico en los más chicos. Y eso genera que su presión se eleve mientras dura la estadía en el consultorio pero regrese a valores normales al salir a la calle.

“Esta situación es muy frecuente en la adolescencia, llegando al 45%, y por eso para hacer el diagnóstico de hipertensión en forma correcta lo mejor es hacer un Monitoreo Ambulatorio de la Presión Arterial (MAPA)”, puede leerse en un fascículo de capacitación profesional publicado por la SAHA.

También es complejo determinar si hay o no hipertensión en cada etapa del desarrollo infantil. Es que a diferencia de lo que ocurre en adultos, donde hay valores y límites claros y bien establecidos, que indican si la presión es normal o es alta, en los chicos este umbral es  más difícil de definir.

“Dado que la presión arterial va aumentando con la edad y el tamaño corporal, en el mundo de la pediatría resulta imposible utilizar un valor único para definir si hay o no hipertensión tal como entre los mayores. Por eso, para definir si un adolescente padece, o no, de alta presión, se usan guías con tablas de percentiles, al menos hasta la llegada a la mayoría de edad, a los 18 años. Los “percentilos” son curvas de presión estándares, establecidas combinando el peso, la altura y el sexo de los menores.

Vía terapéutica

A la hora de tratarla, lo primero es encontrar la causa de su presencia. Ramirez detalla que la HTA en esta etapa de la vida suele ser de tipo primario o secundario.
La hipertensión secundaria se origina en alguna enfermedad puntual como –por ejemplo- ciertas enfermedades del riñón o un defecto congénito conocido como “coartación de aorta”, que genera un estrechamiento de esta arteria central. También puede ser consecuencia del uso continuado de ciertos medicamentos como los corticoides.

La más común, sin embargo, es la hipertensión primaria. “Actualmente, estos casos de hipertensión son los que van en aumento, en especial entre los adolescentes de 12 a 18 años, y es un fenómeno que se encuentra ligado de manera directa  al crecimiento de la epidemia de enfermedad metabólica, con sus componentes de sobrepeso y obesidad”, describe Ramírez.

Por eso en esta etapa el primer intento es promover el cambio del estilo de vida. “Incluye ayudar a bajar de peso cuando esté indicado y un cambio de hábitos, con la incorporación de verduras y frutas a la dieta diaria, lácteos descremados y –sobre todo- disminución de la ingesta de sal. Por supuesto, realizar actividad física regular para superar el sedentarismo y abandonar otros consumos nocivos típicos de esta edad, como el cigarrillo y el alcohol”, detalla Burgos.

Tal como en los adultos, limitar la cantidad de sal diaria y disminuir el consumo de alimentos procesados, se vuelve vital. “El objetivo es que la cantidad total de sodio no exceda los 1,2 g/día para niños de cuatro a ocho años y 1,5g/día en los mayores de ocho -describe el especialista-. Cuando en la alimentación hay exceso de sodio y déficit de potasio se favorece la aparición de hipertensión. Y por eso elevar la ingesta de alimentos con potasio, presente en vegetales y frutas frescas, también es importante”.

Si este camino no lleva a buen puerto, el médico puede recetar medicamentos que son –básicamente- los mismos que se utilizan para los adultos hipertensos, pero en dosis adecuadas a la talla.
¿Para qué todo este esfuerzo familiar y médico ante una enfermedad que durante años no expresa síntomas? La razón que ofrece Burgos es clara, simple y hasta económica: “Si  la hipertensión en un chico es descubierta a tiempo tenemos posibilidades de trabajar y prevenir que, años más tarde, esa hipertensión arterial se convierta en una enfermedad cardiovascular avanzada, con su carga de accidentes cerebrovasculares e infartos”.

 

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