Ciencia, Opinión / 30 de mayo de 2017

Trasplantes: cifras de un fracaso argentino

En el Día Nacional de la Donación de Órganos, un especialista analiza las causas y los costos del estancamiento de la tasa de donantes del país.

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Desde hace quince años, la tasa de donantes de órganos por millón de habitantes en la Argentina se ha estancado en torno de 10/1.000.000hab. Esto es, a todas luces, insuficiente: basta comparar las cifras locales con las de los países desarrollados, que rondan en promedio los 25 donantes por millón de habitantes. Muy distantes estamos de España, ubicada a la vanguardia con 48, lo que permite por ejemplo que haya menos pacientes en diálisis que con trasplantes renales. Lejos de ser una cuestión de orgullo patriótico vacío, esta es una situación grave que amerita una solución integral. Por un lado, miles de pacientes se encuentran en lista de espera viendo como su calidad de vida se deteriora poco a poco, mientras muchos no llegan a recibir los órganos que necesitan. Por el otro, el Estado debe destinar decenas de millones de pesos a tratamientos más costosos y menos efectivos que el trasplante a la hora de curar las dolencias de los pacientes.
Ahora bien, ¿cómo es que Argentina se encuentra tan rezagada? ¿Se debe acaso a que la sociedad no quiere donar? Difícilmente pueda sostenerse esto en una sociedad que ha dado sobradas muestras de solidaridad en diversas coyunturas críticas de nuestra historia reciente. ¿Se trata, por el contrario, de que el país carece de estructuras y personal adecuados? Tampoco pareciera ser el caso, como podría inferirse de la prolongada y prestigiosa trayectoria del Incucai, referente de la materia a nivel internacional. Asimismo, existen hospitales públicos y privados con instalaciones de primer nivel y profesionales de excelente formación que pueden codearse sin problemas con sus pares estadounidenses, europeos y asiáticos.
Los recursos, entonces, están. ¿Qué es lo que falta? Una mejor organización que haga un uso más inteligente de los mismos. Por empezar, debería designarse personal especializado, altamente entrenado y reconocido para la procuración. En este sentido, los principales hospitales deberían crear departamentos completamente dedicados a la recuperación, el tratamiento y la conservación de órganos para trasplante. De esta manera, la Procuración se convertiría en un servicio más dentro de los hospitales, al nivel de Cardiología, Neurología o Nefrología (Modelo Español).
Además, sector público y privado deberían impulsar la investigación y el desarrollo de formas alternativas de trasplante, como los programas de donante a corazón parado y los proyectos de dador vivo relacionado.
Asimismo, sería importante la realización de campañas por parte de los organismos públicos y las instituciones privadas vinculadas a la salud en general y al trasplante en particular de las ventajas de este tratamiento. Grandes campañas, como el Mes de Donar Vida celebrado en abril de 2017 en EE.UU y declarado por Donald Trump, pueden ser de utilidad. No obstante, la humilde propuesta de alguien que sabe poco de publicidad es apelar a fórmulas concretas evitando golpes bajos: señalar, por ejemplo, que es mucho más probable para una persona necesitar un órgano que donarlo. O, también, que un tratamiento como el trasplante renal le garantiza una mejor calidad y expectativa de vida al paciente que las sesiones de diálisis, pero también supone una erogación mucho menor para los bolsillos de los contribuyentes. El trasplante, en pocas palabras, es otra deuda con la sociedad.

* Médico Nefrólogo, MN 36789, Jefe del Equipo de Trasplantes del Instituto de Nefrología y Director Médico de Nephrology S.A. Ex Presidente de la SAT y de la STALYC.

 

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