Mundo / 2 de Junio de 2017

Lampedusa, una prisión de roca para los refugiados del Mediterráneo

Deportaciones masivas, abandono y naufragios acechan a los que llegan a esta isla italiana desde Siria y África.

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El 11 de octubre de 2013 todo el mundo habló de Lampedusa. La ínfima isla del sur de Italia -a sólo 113 millas de África- vivió un naufragio traumático. Cifras oficiales hablaron de 268 cuerpos recuperados, pero nadie pudo decir cuántos eran los desaparecidos.

La revista italiana L’Espresso, difundió recientemente los estremecedores audios de esa noche: los sirios que iban a bordo, a través de un teléfono satelital, pidieron auxilio a las autoridades italianas y a la vecina Malta, quienes se pasaron las responsabilidades por más de 5 horas, hasta que la barca se hundió. Había 60 niños a bordo.

Según datos de la Guardia Costera Italiana, de 43 mil personas rescatadas del Canal de Sicilia en el 2013, se pasó a casi 180 mil en 2016, y se esperan más de 200 mil para este año. Más de la mitad de esas personas llegarán a tierra firme de la mano de las organizaciones independientes o de barcos mercantes.

La roca

Las corrientes migratorias se descontrolaron en los últimos años producto de las guerras: millones huyen de África y Medio Oriente, y buscan asilo en una Europa que hace todo lo posible por rechazarlos. Por un lado, la corriente de refugiados de Siria, Irak y Afganistán que se dirige al Mar Egeo, Turquía y Grecia. Por el otro, la marea de africanos de Somalia, Eritrea, Sudán, Egipto, Nigeria, Costa de Marfil, Mali, Guinea y Gambia, que se dirigen a Libia para cruzar a Italia.

“Lampedusa es un lugar de pasaje, los inmigrantes que son rescatados del mar son llevados a Imbriacola (centro de acogida militar), donde permanecen por meses esperando una solución. Según el lugar de procedencia, puedes solicitar un asilo político, sino, te deportan”, dice Biondo.

“Si son de un país de Medio Oriente los trasladan al CAS (Centro de Acogida Extraordinario, por sus siglas en italiano), si son del cuerno de África o nigeriano, serán deportados”. El gobierno italiano ha comenzado a realizar deportaciones masivas a refugiados africanos (según denuncia la ONG Sicilia Borderline), metiéndolos una vez al mes en aviones de la Compañía Meridiana, con destino a Lagos, la capital de Nigeria.

Hotspost

“Acá no hay grandes organizaciones que puedan decir lo que está pasando. Se encierra a la gente por grandes lapsos de tiempo, se experimenta sobre cómo funcionan los hotspot, sobre la comida que se les da, y ahora se experimenta con las deportaciones masivas”, denuncia Biondo, quien asegura que en el lugar se ha mantenido regularmente grandes cantidades de personas hacinadas con la única intención de hacer presión política para recibir ayuda económica de la Unión Europea. “El gobierno italiano ha usado estas personas para hacerse dar más plata”, asegura.

“En el hotspot los inmigrantes son detenidos e identificados – explica- y luego si tienes suerte, continúas con los procesos burocráticos en el CAS que pueden llegar a durar hasta 3 años para que los re-localicen en alguna ciudad europea. Todo esto es un abuso por parte del Estado y va en contra de la Convención de Ginebra”.

Lampedusa, Taranto, Trapani y Pozzallo son los hotspot operativos en este momento en Italia. Pero cuando una barca arriba fuera de alguna de esas órbitas, las personas permanecen días en el puerto o en la barca misma, esperando ser identificadas. “Es una total falta de civilización y abuso de la dignidad de las personas”, se indignan en la ONG.

“Europa le da 35 euros por día por persona al CAS para garantizar su alimentación, vestimenta, acompañamiento psicológico y legal o para la escuela de los niños, pero la realidad es que estos inmigrantes son abandonados dentro de estos centros y muchos de ellos terminan escapando. La media de permanencia en un CAS es de 18 meses”, agrega.

Partida

“Estamos rescatando ahora mismo. Tenemos 300 personas a bordo y todavía no terminó el día, la situación es muy complicada”, apura Oscar Camps, uno de los fundadores de Proactiva Open Arms, la ONG de Barcelona que rescata personas en el Mediterráneo.
Para entender la situación extrema que se vive en Lampedusa, es necesario mirar hacia la costa vecina.

“El punto de partida es Libia, un país que en este momento no tiene gobierno. Hay tres facciones que están luchando por el poder en varias ciudades y ninguna tiene el control del país. Todo el mundo está armado, y todas las personas que entran a Libia son maltratadas, sobre todo las mujeres, la mayoría violadas y convertidas en esclavas sexuales. Es muy dura la situación, los refugiados son detenidos en campos de detención ilegales, y cuando intentan huir de allí, se apegan a las mafias que sin ningún escrúpulo los meten en barcas con la única posibilidad de que puedan ser encontrados por un barco mercante, una ONG o la Guardia Costera”.

“Nadie se está haciendo cargo, la UE ahora mismo no tiene ningún interés en tener política alguna, ni de trabajar en origen para minimizar las salidas, ni de detener las guerras, ni dejar de vender armas, ni de dejar de tener intereses geopolíticos en estas zonas”, se enoja el español.

“La Operación Mare Nostrum es una operación destinada al salvamento de estas personas. Perseguir a los traficantes es importante pero todos sabemos que en estas embarcaciones no van traficantes”, dice Camps.

“Hay un dicho africano ‘Cuando dos elefantes se pelean quien más sufre es la tierra que pisan’ y toda esta gente que escapa de estos países lo hace porque es imposible vivir allí, son la tierra destruída por estos elefantes que son Rusia y Estados Unidos. Se juega con la vida, no hay respeto por la vida, solo hay respeto por el dinero”, precisa Biondo.

 

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