Televisión / 5 de junio de 2017

Las puertitas del Sr. López, extrañamos tanto a Guinzburg

Late night show. Domingo a las 21 (o 22, según fútbol) por El Trece. Conducción: Guillermo López. Guionistas: Gabriel Mesa y Esteban Urcola. Locución: Marcela Godoy. Secretarias: Martina Nicoletti y Sindy Szczucky. Escenografía: Edgardo Bonelli.

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★★★ En el mismo horario que ocupaba Jorge Lanata y su “PPT”, ahora el Trece manda a dormir a sus espectadores no con las pesadillas de la herencia recibida sino con los dulces sueños de la tertulia chistosa con famosos bastoneada por hábil conductor.

Parecido a lo que hoy sucede en ese horario por América y muy parecido a lo que empezó en 1997 Jorge Guinzburg con el nombre “La Biblia y el calefón”, el flamante “Las puertitas del Sr. López” reúne a 4 o 5 invitados dispuestos a la charla con Guillermo “Pelado” López.
Tercer programa producido por Mandarina en el Trece (además de “El diario de Mariana” y “Los ángeles de la mañana”), “Las puertitas…” nada tiene que ver con la historieta de revista Humor ni con la película que protagonizó Lorenzo Quinteros sino que es apenas un guiño oxidado no apto para muy jóvenes. Por la puerta de “su casa”, a la que se accede en ascensor, vemos llegar uno a uno a los convidados, acompañados por bellísimas secretarias, aplaudidos por el público desde las gradas y acomodados en una escenografía interesante. No es el único detalle que denota “esfuerzo de producción”: los participantes son figuras muy reconocibles desde Adrián Suar al mismo Lanata, de Diego Peretti a Natalia Oreiro; y, además, todos tienen su segmento aparte con el conductor. Aquí las diferencias son notables: las parejas pasan por un símil test de compatibilidad mientras que otros viajan al exterior como Vicky Xipolitakis, llevada a Hollywood a plantar su propia estrella en el paseo de la fama. Esfuerzo que tiene sus réditos porque le da mucho color al programa o, al menos, eso provoca la Xipolitakis (y esto excede el tema de esta crítica pero esa chica es una bomba mucho más potente que Ricardo Fort). Volvamos a la realidad que paga las cuentas: el programa exuda publicidades hasta un nivel exasperante en el último tramo. Puede ser peor: en idéntica franja horaria, Novaresio debía decir que los piojos y el catarro pueden combatirse.
Ex “CQC” (no seré yo quien lo salve de ese mote), ex “Zapping” y, lo último en 2015, “¿Quien fue primero, el huevo o la gallina?”, López es un conductor remador y compinche. Con esa simpatía a favor, genera un terreno fértil para las anécdotas personales estimuladas por las consignas guionadas por Gabriel Mesa y Esteban Urcola (“No hay dos sin tres”). No faltará algo sobre el inicio, el debut, la primera vez (¿le suena?) y tópicos por el estilo cuyo efecto, de todas maneras, dependerá de la buena voluntad del entrevistado. Francella, por ejemplo, mostró fastidio porque no pasaba su “chivo” teatral, dejando en claro que esa y no otra razón lo mantenían en la silla. A Guinzburg se lo extraña no por sus originalidades, mérito discutible e improbable, sino por lo que imponía. Y por una ironía que de tan desusada se agigantó con el tiempo dejándonos cada vez más ramplones.

 

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