Sociedad / 7 de Junio de 2017

No busquen la fórmula de Despacito

Ricardo Saltón analiza el éxito de la canción de Luis Fonsi y Daddy Yankee y el papel de las redes sociales en el modo de comercializar la música.

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Más allá de la calidad, lo que le importa a la industria son las ventas.

Siempre existieron los hits. Y han sido los que permitieron sostener a todo el resto de la industria. Hurgan en el siglo XX, y sin valoraciones ni prejuicios estéticos, fueron grandes sucesos de ventas canciones de Edith Piaf, Los Beatles, Gardel, Frank Sinatra, Los Bee Gees, Palito Ortega, Sandro, Los del Río, Elvis Presley o  Leonardo Favio. Las canciones pueden durar más o menos tiempo, ser mejor o peor consideradas por la crítica, pero para la industria sólo importa si las ventas son considerables, más aún si logran escala planetaria. En ese sentido, da lo mismo “La felicidad”, “Satisfaction”, “Yesterday”, “Rosa, Rosa”, “El día que me quieras”, “Salta pequeña langosta”, “Macarena”, el “Gangnam Style”, “Tiritando”, “My Way”, etc. Y pese al entrenamiento de los productores, la cosa sigue dependiendo, sobre todo, del olfato y el azar. Si bastara con una serie de fórmulas, como algunos suponen –aún académicos que derrochan explicaciones que no son más que generalidades-, todos nos haríamos millonarios, aunque en verdad deberíamos inventar una nueva fórmula para poder distinguirnos.

Lo único que sí ha cambiado mucho es el modo de comercializar la música. La aparición de las redes sociales, con la posibilidad de la viralización, hace que todo resulte más espectacular y vertiginoso. Están los que se especializan en marketing, pero además cualquiera puede hacer su versión y convertirse así, aún sin saberlo, en un difusor “ad honorem”.

Hoy nos toca hablar de “Despacito”. Y repito: si yo supiera el por qué y pudiera poner esa bendita fórmula en práctica, a lo mejor estaría tomando champagne en la Cote d’Azur.

* Crítico de música de NOTICIAS.

 

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