Mundo / 11 de junio de 2017

Oriente Medio: a 50 años de la Guerra de los Seis días

Hamas suaviza su posición, pero Hezbolá, desde el Líbano, dijo que la próxima guerra será en territorio israelí. La respuesta de Netanyahu es sumar más asentamientos.

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Los palestinos han ganado la posguerra. Básicamente porque mucho antes de este cincuentenario de la Guerra de los seis días, que acabó con una victoria aplastante de Israel sobre sus vecinos árabes en 1967, los palestinos ya habían logrado instalar una idea con tanta firmeza que ahora parece inobjetable: el conflicto árabe-israelí es esencialmente una disputa por la posesión de territorios.

Aunque basta con recordar en qué año se fundó la Organización para la Liberación de Palestina para contradecirlo.  La institución que durante mucho tiempo encabezó la lucha armada antiisraelí, se fundó en 1964. Es decir, tres años antes de la guerra, cuando nadie podía sospechar que la Franja de Gaza y Cisjordania (Margen Occidental del río Jordán) acabarían en manos israelíes.

Era el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, líder del antiisraelismo a nivel internacional, quien tenía bajo su mando la zona por entonces, y quien  preparaba una guerra contra los judíos, a quienes consideraba entonces -equivocadamente a la luz de los resultados- en desventaja militar.

En 1967, Nasser comenzó a movilizar fuerzas en su frontera con Israel, mientras Siria concentraba todas las suyas en el flanco opuesto de ese país: cerró un vital estrecho marítimo a la navegación israelí (medida tradicionalmente considerada como causal de guerra),  y ordenó a las tropas de las Naciones Unidas encargadas de mantener la paz en la línea egipcia-israelí que se retiraran (cosa que la ONU hizo sin mayores intentos de disuadirlo).

Cuando la OLP adoptó como meta, y como nombre, liberar a Palestina, se podría pensar que uno de sus propósitos sería tomar las armas para expulsar a egipcios y jordanos de allí. Sin embargo, eso no fue lo que pasó. La preocupación del movimiento palestino no fueron los territorios que le habían sido prometidos y que estaban ocupados por otros árabes. El énfasis se puso en esas tierras cuando pasaron a ser ocupadas por los judíos.

Guerra antijudía

De lo anterior se desprende que la verdadera meta árabe no fueron ni son determinados territorios. Es expulsar a los judíos de la región. Lo niegan sus palabras, pero lo demuestra todo lo antedicho. El dilema de Medio Oriente no es territorial, sino existencial. Nunca se comprenderá realmente, mientras no se entienda ese hecho.

A pesar de eso, se ha proclamado con éxito que la clave es volver a las fronteras de 1967. O sea, la clave territorial. El éxito es tan amplio que parece haber inducido al olvido, en forma casi universal, que esas fronteras ya han demostrado no garantizar la paz: existían en el 67, y estalló la guerra. Estalló porque el fondo era otro: la existencia misma de un país de judíos. Se podría considerar la posibilidad de que los palestinos ahora mayoritaria y genuinamente acepten lo que rechazaban en 1964.

Que se hayan autoconvencido de ese concepto del alcance de lo territorial. Lamentablemente, se tropieza con el contraejemplo de Gaza. Israel se retiró de Gaza en 2005. Sus habitantes no decidieron entonces convivir con sus vecinos judíos. Votaron por un gobierno beligerantemente antiisraelí: el de Hamas. Hace pocas semanas, a principios de mayo, Hamas emitió un documento presentado como un suavizar de su posición. Pero diez días después, la agrupación Hezbolá, desde el Líbano, dijo que la próxima guerra será en territorio israelí.

Cincuenta años

Para los palestinos que vinen en los territorios ocupados, el medio siglo tampoco ha sido fácil.  Han sido 50 años de restricciones a su libertad de movimiento y de cotidianas frustraciones y humillaciones. Israel insiste en que las trabas a los movimientos palestinos se establecieron para disminuir los ataques con bombas. Y que el país hubiera preferido dedicar sus energías a otras áreas antes que convertirse en una nación militar y policial, bajo constante amenaza de ataques en su territorio.

Cuando en 1947 la ONU intentó resolver las aspiraciones superpuestas de dos pueblos, dividiendo el territorio para que cada uno tuviera una parte, los judíos lo aceptaron y los árabes lo rechazaron. De allí la guerra de 1948. También todas las siguientes, y todos los enfrentamientos con bombas, misiles, balas, y cientos de muertos en ambos bandos.

Durante estos 50 años, y antes también, hubo circunstancias en las que se podría haber llegado a un definitivo acuerdo de paz. En cada caso, los palestinos rechazaron el “algo es mejor que nada” que los israelíes aceptaron desde el primer momento. La apuesta palestina siempre ha sido al todo.

Expansionismo israelí

El ida a vuelta de medio siglo de conflicto ha dado tiempo para que en el bando israelí, los partidarios del expansionismo, como Benjamín Netanyahu agregue más asentamientos israelíes en la margen occidental, y complique un acuerdo al añadir a la exigencia básica original (que se acepte el derecho de existir de Israel), la totalmente innecesaria de que se reconozca a Israel como estado judío.

El actual primer ministro y su partido son una minoría con peso dentro del estado, lo que les permite imponer su política, aun en disidencia con la mayoría del parlamento.

Israel deberá, tarde o temprano retirarse de la margen occidental. Pero hoy por el contrario, aprueba  la construcción de más de 1.000 nuevas viviendas en asentamientos en Cisjordania (pese a que su aliado Estados Unidos lo llamó a la contención). Y esa cifra sería solo el inicio: El ministro de Construcción, Joav Galant, presentó un plan para construir 67.000 viviendas adicionales en la zona noroccidental de Cisjordania.

Israel ocupó Cisjordania y Jerusalén Este, entre otros, durante la Guerra de los Seis Días en 1967. Actualmente más de 600.000 colonos judíos viven en esos territorios, en los que los palestinos quieren erigir un futuro Estado con Jerusalén oriental como capital.
La Unión Europea (EU) ve los asentamientos como el principal obstáculo hacia una solución de paz entre Israel y los palestinos.

“Tengo el honor de ser el primer jefe de Gobierno en décadas que construye un nuevo asentamiento en Judea y Samaria”, contradice Benjamin Netanyahu el martes en declaraciones al Parlamento. “Hemos reunido al gabinete y tomado una decisión unilateral: hemos dicho que construiremos en todas las partes de Judea y Samaria”.

Algunos sectores del Gobierno de derecha religioso de Israel temen que Donald Trump (que apoyó a Isreael en la ONU pero se mostró más ecuánime en su reciente visita a la región), ponga condiciones a la construcción de asentamientos, después de que llamara a la contención en la construcción el pasado febrero.

“Queremos una paz auténtica, duradera, que garantice la seguridad del Estado judío y ponga fin de una vez por todas al conflicto”, le dijo el primer ministro israelí al presidente estadounidense entonces. La respuesta de Trump (que se desentendió en su gira internacional de los problemas de terceros) tras la reunión es que no ve una solución al conflicto.

 

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