Personajes / 12 de Junio de 2017

Joaquín Fargas: “Uno no puede esperar vivir del arte”

Artista e ingeniero, crea obras que buscan despertar conciencia medioambiental. El arte como respuesta a preguntas existenciales.

Fotos: Juan Ferrari

Que el gato siamés de este artista con fuerte conexión con la tecnología y la ciencia se llame Wifi es apenas la primera de las muchas genialidades que pueden encontrarse en su taller de Palermo. Un ejército de flores con paneles solares descansan en la ventana y una enorme biosfera con un ecosistema natural son otros de los puntos focales de la escena. Aunque también se roba las miradas Glaciator, uno de los robots que acaba de traer de regreso de la Bienal Antártica, cuyo fin fue convertir la nieve en hielo y así ayudar a reconstruir los glaciares en retroceso. A mitad de camino entre un artista, un inventor y un científico, Joaquín Fargas ha sabido hacer del suyo un arte que invita a la reflexión.
Noticias: ¿Cómo nacieron los dos Glaciators?
Joaquín Fargas: A mediados de enero me invitaron a participar en la Bienal Antártica. Trabajé primero solo, 16 horas diarias por varios días, y luego con un equipo interdisciplinario. Ahí apliqué uno de los términos que me gusta usar, diseño caótico.
Noticias: ¿Y qué sería?
Fargas: En mis proyectos es una constante que diseñe algo y el resultado sea otro (ríe). Y lo bueno de ese resultado es que en la mayoría de los casos es mucho mejor de lo que había pensado originalmente. Pero no por una cuestión de eficiencia, sino por el azar e intervención de otras personas. Es lo que me pasó con los robots: cuando los echamos a andar por primera vez, vimos que tenían un movimiento rarísimo, no acompasado y continuo. Y eso, que hacía que se retorcieran, lo conservé, aunque significara una mayor complejidad para direccionarlos. Porque le dieron personalidad.
Noticias: ¿Con qué otros proyectos se encontró en la Antártida?
Fargas: Me encontré con un grupo multidisciplinario muy amplio, había científicos, arquitectos, poetas, artistas visuales. Eso permitió debatir sobre la Antártida y el futuro del planeta. Pero en general, en el resto del mundo, no veo que haya una coherencia en el relato. Hace 30 años yo era un desastre ambientalmente, y hoy estoy preocupado. La sociedad tarda en cambiar, aunque creo que estamos en un punto de inflexión respecto de la toma de conciencia. Hoy un chico que vuelve del colegio les enseña a sus padres temas ambientales. Pero a la vez, hay empresas que le ponen a un producto un nombre que tiene que ver con la naturaleza y resulta que cuando uno rasca esa pintura, descubre que no hay verdadero cuidado.
Noticias: ¿En el arte hay mucho de eso también?
Fargas: Soy muy crítico de eso. El arte siempre buscó impactar de modo visual, a veces sin importar si eso iba a transmitir un mensaje. Yo busco que tenga una fuerza atrás.
Noticias: Sus obras son como instalaciones. ¿Cómo maneja el proceso de venta para vivir de su arte?
Fargas: Es una disyuntiva que tengo, porque nunca me preocupé por vender. Pienso que uno no puede esperar vivir del arte, tiene que salir a ver cómo vive, y después lo ideal es que la mayor parte sea del arte. Hago lo que tenga que hacer para vivir, el 50% de mi trabajo es ad honorem y el otro 50%, alguien lo paga. Creo que el arte científico tiene esa dificultad. Por eso estoy pensando en hacer una suerte de galería tecnológica que tenga disponibles obras que pueda comprar el público general.
Noticias: ¿Cómo nace un perfil como el suyo?
Fargas: Mi padre tenía una empresa constructora, y para mi cumpleaños de 10 le pedí herramientas. Entonces me compró las básicas, como un serrucho, una tenaza, un martillo y un destornillador, y cuando me las dio me dijo: “Ojalá nunca tengas que usarlas para ganarte la vida”. Se ve que no me hizo mella, porque durante muchos años me gané la vida como carpintero.
Noticias: ¿Su padre vio eso?
Fargas: No, se murió cuando yo tenía 22 años. Pero creo que hubiera estado orgulloso, a pesar de no haber seguido su mandato. Siempre trabajé con mis manos, y el primer empleo pago que tuve era hacer esculturas de madera, a los 18 años. También fui artesano, haciendo todo tipo de bijouterie y accesorios. Con eso me mantuve. Y fui fotógrafo social. Me gustaba la tecnología, así que estudié Ingeniería Industrial, y eso también me marcó. Trabajé mucho como ingeniero, y me pasaba de encontrarme con gente que no compartía mi pasión por lo que hacía, que simplemente “cumplía”. Hasta que llegué al arte, donde la pasión es diferente.
Noticias: ¿Cómo fueron sus primeros años en el arte?
Fargas: Me casé a los 21 años, y tuve cuatro hijos. Cuando me separé me quedé viviendo con ellos, así que no fue hasta que pasaron las necesidades familiares que apareció la posibilidad. Ya tenía unos 45 años. Y empecé a trabajar en la divulgación de la ciencia, fundando un centro en San Isidro. En el ínterin fui combinando de a poco la parte artística, haciendo algunas obras o esculturas que tenían otra connotación. Empecé a estudiar medios tecnológicos para usar como expresión artística, y en Nueva York y estudié la orografía.
Noticias: ¿Se siente más artista o científico?
Fargas: Me siento más filósofo, porque planteo cuestiones filosóficas, que a veces otros no se animan. Muchas veces me han preguntado si lo que hago es arte. Y cuando esa pregunta se genera en una charla, no tengo ni que intervenir, se genera debate solo.
Noticias: ¿Le gusta causar esa polémica?
Fargas: Me encanta la provocación. A mí me gusta ese juego, es un planteo entre científico y filosófico. La ciencia no puede explicar las preguntas existenciales, como de dónde venimos. Yo me planteo esas cosas, porque creo que tanto la ciencia como el arte son sobre preguntas, que en muchos casos no tienen respuesta.
Noticias: A Marta Minujín alguna vez le preguntaron qué hace los fines de semana y contestó “sufro”, porque no trabaja. ¿Usted vive el arte de esa forma también?
Fargas: No, no sufro porque trabajo siempre (ríe). En algunas situaciones ha sido problemático el hecho de tener exceso de ideas. Una vez una arquitecta planteó la diferencia entre un artesano y un artista, y dijo que el artesano tiene un trabajo manual automatizado, entonces si le viene una idea mientras está trabajando, la desecha porque no corresponde a su proyecto. Si le sucede a un artista, busca la forma de incorporarla. Esa es la gran diferencia. Yo tengo ideas constantes, y con suerte puedo armar el 5% de mis proyectos.

Vicky Guazzone di Passalacqua

 

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