Mundo / 17 de Junio de 2017

De Donald Trump a Theresa May: La dirigencia en crisis

Con las derivas de EE.UU y Gran Bretaña, sólo Merkel y Macron lideran los valores de las potencias de Occidente.

Por

Si aún existe un espíritu de lo que se dio en llamar “el mundo libre”, suspirará aliviado de que exista Angela Merkel.

Si en Alemania no hubiera una estadista tan equilibrada, el bloque más exitoso del siglo XX naufragaría en manos de patanes demagógicos y negligentes. La excepción a la regla de la mediocridad es esa mujer que creció detrás de la “cortina de hierro”, se formó en la juventud del Partido Comunista de Alemania Oriental y al caer el muro de Berlín avanzó por la senda que abrió Adenauer y pavimentó Helmut Kohl, hasta ser maquinista de la locomotora de Europa.

El Faro Merkel

La mujer que para dedicarse a la política abandonó una brillante carrera científica en el campo de la física, donde había deslumbrado desde la Universidad de Leipzig y la Academia de Ciencias de la RDA, es quien llena el vacío que están causando en el mundo las derivas británica y norteamericana.

Para apoyar su liderazgo en la vereda de la democracia equilibrada, europeísta y pro-libre comercio, irrumpió en Francia el fenómeno Macron. El joven francés que le cortó el pasó al populismo de izquierda y derecha, derrotando a Melenchon y Le Pen, y afianzó la victoria liberal-progresista en las elecciones parlamentarias. Más allá de Merkel y Macron, con excepciones como el holandés Mark Rute, el panorama en el liderazgo occidental resulta desolador. El Estado de Derecho, la sociedad abierta y el equilibrio mundial están jaqueados por demagogos, déspotas y negligentes.

Donald Trump encuadra en esos tres rasgos mientras que Theresa May encuadra en el primero y en el último. Pero quizá lo que más sorprenda de ambos, es la negligencia. Desconcierta que en el Despacho Oval y en el 10 de Downing Street haya personas que cometen errores descomunales.

No hay otro modo calificar la destitución del jefe del FBI por parte de Trump, y el adelantamiento de las elecciones que hizo May. Para describir al jefe de la Casa Blanca y a la premier británica, sirve Groucho Marx diciendo “parecen idiotas y actúan como idiotas, pero no se engañen; son realmente idiotas”.

Brexit duro

Los conservadores tenían mayoría hasta el 2020. Nada amenazaba la gobernabilidad ni las facultades para negociar la salida de la Unión Europea. El único problema del Brexit es el Brexit mismo. La UE tiene puerta de entrada, pero a la de salida hay que crearla mediante complejas negociaciones. Y una vez afuera, nada promete algo mejor. La incertidumbre y las vulnerabilidades no tienen que ver con la pertenencia a la UE, sino con esta etapa de la historia mundial.

Durante la campaña para el referéndum que con tan malos cálculos realizó su antecesor, Theresa May supo poner un pie en el Brexit y otro en el “remain”. David Cameron calculó que perdería el Brexit porque equivalía a un salto al vacío, y los pueblos no saltan al vacío.
Lo que no había entendido es que éste es un tiempo de patear tableros. Su ministra del Home Office supo colocarse en posición de sucesora, pero cometió el mismo error: tomar un riesgo innecesario. ¿Resultado? perdió la mayoría parlamentaria y, en lugar de presentar la renuncia sin que se la pidan, como hizo el negligente pero digno Cameron, May se aferró al cargo buscando una alianza con los unionistas ultraconservadores que lidera Peter Robinson en el Ulster.

¿Por qué calculó que adelantando sin necesidad las elecciones ampliaría la mayoría tory? Porque su oponente principal es Jeremy Corbyn, un laborista de posiciones tan radicales que algunos lo consideran trotkista.

Había una señal de advertencia que la primer ministra no tuvo en cuenta. Cuando el más izquierdista del laborismo se inscribió como candidato en la interna del 2015, nadie apostaba una libra esterlina por él, sin embargo Corbyn conquistó el liderazgo partidario con más del 60 por ciento de los votos. Y después fue reelegido, arrasando al moderado Owen Smith y obteniendo 60 mil votos más que en el 2015.

Lo que no entendió Theresa May es lo que está a la vista: las urnas se han convertido en un juego parecido a la ruleta rusa.

May en jaque

La líder tory tropezó con la misma piedra con la que ya habían tropezado Cameron y el italiano Matteo Renzi, derribado por demagogos como el lombardo Matteo Salvini y el anti-sistema Beppe Grillo, en una votación innecesaria.
A esa altura, y con semejantes antecedentes, los comicios adelantados de May resultaban una torpe negligencia. Así de lúcida es quien conduce la nave británica con rumbo incierto. Para colmo, a la otra nave insignia de las potencias de Occidente, la conduce Donald Trump, cuyo misérrimo cociente intelectual de estadista se ve en sus desopilantes decisiones, entre ellas la que conciernen al FBI.

Primero cometió el error de pedirle a su director que cerrara el caso de la injerencia rusa en el proceso electoral. Y al no lograr de James Comey ese compromiso, cometió un error aún más estúpido: destituirlo.
Es cierto que también Bill Clinton cambió al jefe del FBI. Pero en la destitución de William Sessions mediaron probados actos de corrupción.

A Comey se lo podría haber destituido por la forma en que perjudicó la campaña de Hillary Clinton, a través del caso de los emails. Pero al asumir la presidencia, Trump lo colmó de elogios. Entre el aprecio y el desprecio sólo medió la conversación en la que le habría pedido que entierre el “Rusiagate”.

Era impensable que, destituido, Comey no hiciera lo que hizo: denunciar que el motivo fue no aceptar el pedido de Trump. Tampoco hay posibilidad de que quien lo reemplazó en el FBI entierre el caso. Al contrario, la destitución de James Comey lo obliga a continuar la investigación que le costó el cargo al antecesor.
El eje anglosajón del bloque occidental se desdibuja por las derivas de sus dos naves insignia. El espíritu del “mundo libre” se debilita, jaqueado por bobos, por demagogos y por déspotas. Entre sus pocas esperanzas está el fenómeno Macron y la mujer que aferró el timón para evitar el naufragio del espacio más abierto, progresista, desarrollado y democrático del mundo: Angela Merkel.

 * Profesor y mentor de Ciencia Política, Universidad Empresarial Siglo 21.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *