Mundo / 19 de Junio de 2017

La violencia sexual, tortura de género en los conflictos armados

En muchos países del mundo, la violencia sexual sigue siendo una táctica de guerra tanto de grupos terroristas como de fuerzas armadas.

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En junio de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 19 de junio como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos con el objetivo de concientizar sobre la necesidad de ponerle fin y dar asistencia a las víctimas y los supervivientes de la violencia sexual a nivel mundial. La iniciativa fue lanzada en 2007 y representa un esfuerzo concertado de la ONU para mejorar la coordinación y rendición de cuentas, y apoyar los esfuerzos nacionales en esta materia, así como más eficazmente a las necesidades de los sobrevivientes.

Para la ONU, la violencia sexual relacionada con los conflictos abarca las violaciones, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, los embarazos forzados, la esterilización forzada y cualquier otro acto de grave violencia sexual contra mujeres, hombres o niños que tienen una vinculación directa o indirecta y temporal, geográfica o causal con un conflicto. Según los profesionales en el tema, se estima que por cada violación denunciada en relación con un conflicto, hay entre diez y veinte casos que no se documentan por miedo.

En el último informe presentado en abril de este año, el Secretario General de la Naciones Unidas, Antonio Guterres, declaró: “La violencia sexual es una forma brutal de guerra física y psicológica arraigada en la desigualdad de género existente no sólo en las zonas de conflicto, sino en nuestras vidas personales cotidianas. La persistencia de tales formas de violencia socava la paz y la seguridad y destruye los lazos comunitarios y familiares. La prevención de la violencia sexual debe seguir siendo una de nuestras más altas prioridades”.

En ese documento, se manifiesta que en 2016, este tipo de violencia seguía siendo utilizada como una táctica de guerra, con violaciones generalizadas y estratégicas, incluidas las violaciones masivas, presuntamente cometidas por varias partes en conflictos armados, en su mayoría en relación con otros delitos como asesinatos, saqueos, desplazamientos forzados y la detención arbitraria. Este mismo tipo de abuso se vive en el contexto de la guerra urbana, durante búsquedas domiciliarias, operaciones en áreas residenciales y en puestos de control.

El informe distingue entre tres tipos de situaciones de violencia que se viven actualmente en el mundo. En primer lugar, existe la violencia sexual en contextos afectados por conflictos. Los países identificados dentro de este grupo son Afganistán, República Centroafricana, Colombia (FARC), República Democrática del Congo, Irak, Libia, Mali, Myanmar, Somalia, Sudán, República Árabe Siria y Yemen. En varios de estos países, de religión y gobierno islámico, la violencia sexual se traduce en el matrimonio infantil forzado y la prostitución, y en otros como producto de estrategia de grupos terroristas, evidenciada en la selección de víctimas de grupos étnicos, religiosos o políticos opositores.

En segundo lugar, se identifican los crímenes en situaciones posteriores a conflictos en Bosnia Herzegovina, Costa de Marfil, Sri Lanka y Nepal, países que han sufrido durante décadas guerras civiles y aún no logran restablecer la paz ni asegurar los servicios asistenciales a las víctimas de abusos sexuales durante los conflictos.

Por último, menciona dos países en situaciones preocupantes:  Burundi, donde la crisis política condujo a un patrón de crímenes de violencia sexual cometidos por miembros de las fuerzas de seguridad estatal; y Nigeria, donde el conflicto con el grupo yihadista Boko Haram ha obligado a más de dos millones de personas a dejar sus hogares.

 

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