Vida Gourmet / 19 de Junio de 2017

La tierra del Torrontes Riojano

Entre las Sierras de Velasco y el cordón de la Famatina un oasis de viñedos convierten a la provincia de La Rioja en la reina del Torrontes Riojano.

Suelos arenosos y en altura, siempre bañados por el sol, hacen de La Rioja un microclima ideal para el cultivo de la vid.

Como si se tratara de pepitas de oro, las uvas son el nuevo tesoro de la provincia de La Rioja. Sobre sus suelos arenosos, siempre bañados por el sol, se extienden más de 7000 hectáreas de viñedos, destacándose la región ubicada entre las Sierras de Velasco y el cordón de Famatina. La provincia, y en particular el valle, era conocido, inicialmente, por su producción minera. De hecho, Famatina deriva de los vocablos quichuas “guama” y “mama”, que significa “madre”; y de “tinac” o “dinac”, que quiere decir “metal”. Pero, además de “madre de los metales” la región se convirtió, de la mano de su varietal insignia, el Torrontés Riojano, en madre del vino también.

Unas 30 bodegas y fincas integran la ruta que La Rioja dedica al vino. Están las unipersonales, que producen no más de 1000 litros por año; las familiares, de hasta 4000, y las industriales. Entre todas, lograron posicionar a la provincia como un punto enoturístico central. Según cifras del año 2016 del Instituto Nacional de Vitivinicultura, La Rioja es la tercera provincia con mayor producción en la Argentina (Más de 60 millones de litros de vino), después de Mendoza y San Juan. Y aunque el torrontés se lleve el mayor protagonismo, en los últimos años crecieron también cepas como el Syrah, Bonarda, Malbec, Cabernet Sauvignon, y los espumantes Brut y Dolce.

“En la zona que se ubica al pie de las montañas, en donde se encuentran los departamentos de Chilecito y Famatina, la amplitud térmica es muy buena y birnda buenas condiciones para el cultivo del Cabernet Sauvignon”, explica Rodolfo Griguol, Gerente Enológico de Bodegas La Riojana. Sin embargo, los suelos de los llamados Valles del Famatina se posicionan como un oasis: “La calidad de la vid en todo el Valle es excelente. La altura, siempre mayor a 1.100 metros sobre el nivel del mar, el tipo de suelo y el clima seco son factores que se combinan muy bien y hacen que se obtenga gran calidad de uva”, explica el enólogo y agrega que como característica fundamental diría que los vinos riojanos se caracterizan “por el aroma frutal y características que dan muy bien en nariz”.

De todo el valle, el departamento de Chilecito merece mención especial. Se estima que allí se concentra más del 70% de superficie de viñedos de la provincia. “Nuestra ciudad nace por un emprendimiento minero pero enseguida comienza su desarrollo por un motivo meramente productivo: la vid. Y hoy este es, para nosotros, el principal atractivo turístico de la zona”, sostiene Mario Andrada, Secretario de Cultura y Turismo de la Municipalidad. La región ya cuenta con su propia ruta, visitas a bodegas y hasta un Festival específico de su cepa insignia.

El Torrontes Riojano lideró y aún hoy acompaña el crecimiento del Valle. “En 2006 la ciudad no superaba los 25.000 habitantes. Hoy somos más de 53.000”, dice Omar Fernando Palacios, docente de la carrera de Turismo de la Universidad Nacional de Chilecito y guía del Parque Nacional Talampaya.

Crece la ciudad, crece la uva. Crece La Rioja y el Torrontes Riojano, que cada vez crece más en cantidad de fanáticos.

 

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