Vida Gourmet / 19 de junio de 2017

Vino y chocolate: Elixir para los sentidos

Dos delicias incuestionables que además se llevan muy bien.

Los tintos son la mejor compañía para los chocolates intensos, amargos o semiamargos, aún cuando estos se combinan con especies. De hecho, en esos casos, el maridaje puede volverse aún mejor.

Un matrimonio perfecto, que se combina y se potencia. Así, dicen, son los maridajes. Tal como sucede con el vino, el chocolate también necesita de todos los sentidos alerta para una buena degustación. Quizás por eso es que se combinan y potencian tanto juntos, y terminan por volverse explosivos. Ahora bien, ¿cómo combinarlos? Tres expertas del chocolate nos cuentan la mejor forma de hacerlo.

“No hay bebida que no acuerde con un buen chocolate y no hay chocolate que no se potencie con una bebida ideal”, dispara como primera premisa Ingrid Cuk, chef chocolatier, sommelier y fundadora de “Escuela del Chocolate”. “Hay dos opciones: maridar por acompañamiento o por contraposición. Lo importante es que ninguno opaque al otro”, explica Tais Ambrosio, chocolatier y fundadora de la marca Cocoabit.

Entonces, ¿por dónde empezar? “El compañero por excelencia del chocolate es el Porto (de Portugal) u Oporto por su complejidad, elegancia y dulzor, buena estructura y untuosidad sin igual”, asegura la sommelier Verónica Gurisatti. Ampliando el abanico, Ingrid Cuk agrega: “Si nos referimos a vinos dulces, como un cosecha tardía o dulce natural, lo mejor es pensar en acompañarlos con chocolates blancos, con frutas tropicales o bien con vinos que se caracterizan por el aporte de picantes”. “Un Cabernet Sauvignon se da más con los chocolates amargos e intensos”, dice Tais Ambrosio.

“Los postres de chocolate con leche se disfrutan mejor con tintos jóvenes y frutados, ya que la suavidad de la materia prima exige vinos de igual carácter. Por eso, una mousse, una espuma, un soufflé o una ganache realzan su sabor con un Malbec moderno y de taninos dulces y envolventes o un Tempranillo refrescante y aterciopelado con suaves notas tostadas, cuerpo delicado y final persistente”, aporta Gurisatti.

Yendo más a lo preciso, Ingrid Cuk sugiere: “Podríamos pensar en un chocolate con cítricos y un Sauvignon Blanc del sur del país; un Malbec para acompañar un chocolate con leche o un bombón con dulce de leche; o un chocolate amargo con almendras tostadas para un Bonarda”. Para la chocolatier Ambrosio, cuya marca desarrolla más de 70 tipos de chocolates, entre blancos, negros y sus distintas combinaciones con especias las mejores duplas las hacen: “Un Cabernet Franc con un chocolate con curry; un buen Espumante con un chocolate blanco con pimienta rosa o un vino Chardonnay o Torrontés con un chocolate blanco con sal”. Para una de sus últimas creaciones -chocolate blanco con carne de ciervo- recomienda un Sauvignon Blanc, maridaje ideal para el sabor ahumado.

Las expertas no sólo abren el espectro sobre cómo combinar vino y chocolate, sino que además derriban mitos: no es cierto que el chocolate sólo se marida con Oporto, ni que el momento ideal y único para comerlo es después del postre y con el café, ni que éste le escapa a lo salado. Mucho menos, claro, que este engorda. El chocolate, igual que el vino, están hechos para disfrutarse y combinarse.

 

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