Sociedad / 20 de junio de 2017

De exportación: la cultura “Latin Urban” o “Hurban” invade el mundo

Los jóvenes del mundo quieren comprar el estilo reggaetonero y ya hay una industria que se los quiere vender.

Música, vestimenta y cortes de pelo. Todos quieren parecerse a los reggaetoneros.

El reggaeton no es sólo un género musical sino también, como dice el antropólogo del Centro de Estudios del Caribe Jorge Duany, “todo un conjunto de prácticas corporales, incluyendo los gestos, las poses, los movimientos pélvicos, los tatuajes, la ropa de moda y el gusto por el ‘blin blineo’ (las joyas brillantes) de sus mayores exponentes. En rigor, el reggaeton es, más que una música, toda una subcultura juvenil con sus propios códigos estéticos”.

La explosión de este fenómeno creó una nueva masa de jóvenes que quieren adoptar y comprar esta imagen y, en consecuencia, una industria que se los quiere vender. En el mundo ya le pusieron nombre a este estilo: Latin Urban o simplemente “hurban” (que combina “hispánico” y “urbano”).

Una nota de abril del 2017 del diario ABC de España se hace eco de la preponderancia “Latin Urban” en las calles. “No son exclusivamente hijos de inmigrantes colombianos, venezolanos, puertorriqueños o dominicanos. Muchos de ellos son jóvenes españoles que no sólo consumen música latina sino que también compran ropa en boutiques latinas, se cortan el pelo en peluquerías latinas, incluso les piden a sus padres que les compren productos típicamente latinos cuando van a hacer la compra”, describe el artículo y agrega: “No es difícil encontrar a padres desesperados porque sus hijos ya ni siquiera quieren comer comida española. El ‘Latin Urban’, más que una moda, es una cultura”.

El combo “Latin Urban” se hizo masivo luego de que se pasara por un filtro que lo suavizó y lo hizo cool. El look canchero que se vende en las tiendas y nada tiene que ver con la estética “narco” que caracterizó a los primeros tiempos del reggaeton.

Las primeras marcas se apropiaron de este estilo que ahora está lejos de los suburbios o la pobreza. De hecho, aunque el barrio donde se filmó el video Despacito (La Perla, en San Juan) es uno de los más peligrosos de Puerto Rico, la escenografía se vende como un paraíso colorido y caribeño propicio para el amor y el perreo.

 

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