Showbiz / 21 de Junio de 2017

Games.ar: la industria de los videojuegos crece en Argentina

Las factorías de “jueguitos” crecieron un 40% en dos años. Hoy superan los us$ 500 millones anuales de facturación y hacen punta en las industrias creativas.

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Desde la invención de la Magnavox Odyssey, catalogada como la primera máquina capaz de reproducir un juego virtual, hasta el “Grand Theft Auto” o el “Pro Evolution Soccer” el mundo ha cambiado a un ritmo vertiginoso. O, mejor dicho, ha incubado cientos, miles de nuevos mundos: porque es eso lo que propone el campo del fichín, adentrarse en una realidad paralela, aunque virtual. Y, con las nuevas tecnologías, cada vez más, si lo podés imaginar, lo podés diseñar.

En los últimos años, el mercado del videojuego se ha movido como un joystick averiado que propone una sola dirección: hacia arriba. Las arcas de los fichines mundiales recaudan en total unos 100 mil millones de dólares al año, una cifra superior a la del mundo del cine, que la posiciona como una de las diez industrias más grandes del mundo. No por nada, por ejemplo, las ventas globales de PC caen entre un 2% y un 3% anuales, mientras que los productos especializados para el gaming no paran de subir. Pero claro, ya no sólo de consolas viven sus personajes: actualmente, el 40% de las aplicaciones descargadas en los dispositivos móviles son videojuegos.

Abanderados

En Latinoamérica, la curva ascendente es aún más pronunciada: mientras que el promedio interanual de la industria oscila entre un 8% y un 14%, en la región alcanza picos de hasta un 20%, siendo así la zona con mayor crecimiento en el globo. Y Argentina funciona como abanderada de la avanzada latinoamericana: después de haber facturado 124 millones de dólares en 2014 y 300 en 2015, en 2016 alcanzó el récord de 500 millones de dólares.

Y el crecimiento no es casualidad: según los datos de la web juegosargentinos.org, en Argentina existen más de 150 empresas, desde unipersonales hasta aquellas con más de 200 empleados, dedicadas a la producción de jueguitos.

Pero Andrés Rossi, presidente de la Asociación Argentina de Desarrolladores de Videojuegos, el ente que nuclea a todas las empresas, tiene claro que el camino recién está comenzando: “el desafío local es tener un alto grado de profesionalización” comenta, y sigue: “es fácil hacer un juego. Que eso se transforme en un negocio sostenido es la meta que todo nuevo emprendedor debe tener presente”.

Aunque, claro, como hombre que ha gastado los joystick, que ha gastado teclados, conoce del fichinaje y sus dificultades: “es un sector muy competitivo y de alto riesgo, por lo que desarrollar un producto de calidad y que tenga un buen desempeño en el mercado global requiere mucho trabajo e inversión”.

Nicolás Castez, desarrollador y creador de la web juegosargentinos.org, sabe y mucho sobre el tema, a partir del contacto con los principales desarrolladores del país, pero también desde la relación con los diseñadores indie: “el rango de costos es virtualmente infinito: una sola persona puede hacer un juego para la web en un día, con una escala muy chica y el costo representa solamente su tiempo de trabajo” dice. Aunque aclara: “también hay juegos para Play Station como Blue Rider o como Dogos que requieren un equipo más grande y laburo de años”.

Por eso, él entiende que la inversión importa (y mucho), pero no es lo único que cuenta: “lo interesante es saber que no necesariamente tiene que ser una logística gigante para ser entretenido. Uno puede contar una historia o generar una experiencia entretenida con muy poco”.

A otro lado del indie, y como paradigma del objetivo gamer argentino, está Etermax, la empresa que desarrolló “Preguntados”. Es inevitable: en la pregunta por el mundo del videojuego argentino, todos, en algún momento, nombran a Preguntados. Desde el desarrollador más humilde, hasta la competencia o el tipo común que nada tiene que ver con este mundo. Y hay un dato que explica por qué se ha convertido en un norte para la industria nacional: en 2015 fue la aplicación más bajada en Estados Unidos.

No el jueguito, la aplicación: se descargó más que Facebook, más que Twitter, más que cualquier otra cosa. Maximo Cavazzani, su creador y cabeza de la empresa, tiene en claro las razones del éxito: “Preguntados funcionó porque nos lo propusimos. Nos propusimos hacer un producto de renombre mundial. No es algo que pase muy comúnmente, requiere juntar cantidad de gente capacitada, requiere trabajo, requiere experiencia”.

Y la pregunta sigue siendo la misma, ¿también requiere una gran inversión?: “Nuestra única inversión es en recursos humanos. Ellos pueden ser gratis o no dependiendo de cómo uno los vaya formando”, explica. Y detalla que hacer una app como Preguntados “demanda el trabajo de 20 personas durante un año, por lo menos”.

Mundial

En el éxito internacional del simpático jueguito de preguntas y respuestas, empieza a sonar fuerte la frase que salta obsesivamente en cualquier googleo que pregunte por el videojuego nacional: “el 95% de la producción local es para exportar”. Rossi toma la posta y dice: “esa es la idea predominante. Preguntados mostró que puede haber una excelente respuesta del mercado tanto global como local y eso abre la oportunidad a otros desarrolladores”.

Pero desde su óptica, Cavazzani lo pone en duda: “Nosotros tenemos medio millón de usuarios diarios en Argentina. Es como tener 50 puntos de rating”. Pero inmediatamente identifica el quid de la cuestión: “en nuestra industria no existe la territorialidad: podés producir donde quieras y distribuir donde quieras, y es exactamente lo mismo. Nosotros apretamos un botón y estamos al mismo tiempo en Buenos Aires y en Japón”.

Paula Pautasso, Brand manager de la empresa QB9, apunta hacia el mismo lado: “con la globalización, los contenidos se planean para el gran público mundial” comenta. Porque si de algo saben sus proyectos es del gran público.

QB9 es la empresa encargada de desarrollar Mundo Gaturro. El adulto sin hijos probablemente lo desconoce; los que son padres no le pueden escapar: “Mundo Gaturro es el juego infantil que más comunidad tiene en Latinoamérica”, afirma Pautasso y sus números la avalan: “En 7 años logramos que 15 millones de chicos se registraran al juego y actualmente tenemos 800.000 usuarios únicos por mes, con picos de un millón de usuarios únicos en periodos de vacaciones”.

Meter fichas

Sin la tranquilidad unipersonal de la que habló Castez, QB9 se erige como una de las empresas más complejas del mundo gamer nacional: 50 personas, entre programadores, artistas, diseñadores de juegos, community managers y otros roles administrativos, son distribuidas en grupos de trabajo que semana a semana plantean nuevos objetivos, mejoras y soluciones para una comunidad que no para de crecer. Y para Pautasso, el motivo de su imparable curva ascendente está más allá del contenido: “el gran secreto de nuestro juego es que funciona como una red social para niños”.

Porque, una vez más, y como en cada rama creativa, el éxito empieza por las buenas ideas. Por eso, para Castez, en Argentina sobra calidad. Pero momento, porque el desarrollador aclara que “quizás puede pensarse que la calidad está relacionada a lo visual, la escala o a la tecnología, a cosas que no son la parte importante del videojuego”. Lo importante, lo que divide la Primera A del resto es “la calidad narrativa, la calidad de la experiencia que te reporta el juego: con ideas creativas y el talento artístico que existe en el país se pueden desarrollar juegos que logren un impensando en “Preguntados”, pero también en”Master of Orion”, el primer producto nac & pop en lograr una calificación AAA, la más prestigiosa del mundo.

Pero Máximo Cavazzani prefiere pensar al videojuego como una etapa transicional: “son la punta de lanza de toda la tecnología: es donde primero se prueba todo, donde se puede experimentar. En medicina no se puede hacer eso, los procesos son más largos, hay más regulaciones. Lo que hacemos nosotros es masivo, lo entiende desde un niño de 5 años hasta mi mamá”.

Ya desde la formación de su empresa, el rumbo estaba claro: “el objetivo de Etermax es hacer pequeñas o grandes revoluciones tecnológicas y para eso buscamos tener muy claro hacia dónde va el mundo” dice el CEO de la empresa.

“El futuro es muy abrumador, no van a haber pequeños cambios. Vamos a un mundo en el que la línea entre lo físico y lo virtual va a desaparecer. Vamos a un mundo en el que el precio del soporte físico que se necesita para ingresar al mundo virtual va a ser prácticamente 0. El celular que tengo en el bolsillo cuesta 900 dólares y lo mismo dentro de 15 años va a costar 1 dólar. Dentro de 15 años una caja de cereal va a tener el mismo nivel de procesamiento que un celular. Eso quiere decir que todo lo que podemos hacer con un celular lo vamos a poder hacer con un pedazo de cartón, con una pared y hasta quizás desaparezcan las pantallas”, se entusiasma Cavazzani.

Y cierra: “La industria está yendo a generar contenido en ese mundo nuevo. Todo lo que hoy no es un juego puede pasar a serlo: aprender a cambiar el caño de tu baño puede ser un juego. Nosotros estamos en una búsqueda que no sabemos dónde va a terminar. Pero claramente vamos hacia allá: a un mundo en el que lo físico va a desaparecer, todo lo virtual se va a convertir en nuestra vida, y los juegos van a ser los primeros en probar esa tecnología”.

 

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