Teatro / 29 de Junio de 2017

“Medea”: El sabor de la venganza

De Eurípides en versión escrita y protagonizada por Irina Alonso y elenco. Dirección: C. Meijide. Anfitrión, Venezuela 3340

Por

★★★ “De todo lo que tiene la vida y pensamiento, nosotras, las mujeres, somos el ser más desgraciado”, brama Medea. Escrita hace veinticinco siglos, la frase tomada de la obra homónima de Eurípides, revela la contundente contemporaneidad de su autor. Su pluma nos resulta moderna, casi similar a la de un dramaturgo de hoy. Quizás la notoria cercanía se debe a la indagación psicológica de todas las protagonistas de las noventa piezas que se le atribuyen: Hécuba, Casandra, Andrómaca y hasta la demencial Medea, son hembras arrastradas por sus ansias, sus temores y pasiones, antes que por un capricho del azar.

La historia es conocida, aunque conviene refrescarla dada su complejidad: tras conquistar el vellocino de oro, Jasón se casa con Medea y establecen en Corinto, una antigua ciudad del Peloponeso, en Grecia. Una vez allí, el esposo, deslumbrado por la hija del rey Creonte, se compromete en matrimonio, ante el espanto de Medea, que ve su lecho mancillado. El soberano, que había tramado la unión, ordena el destierro inmediato de la mujer y esta, en aparente obediencia, pide un día de plazo que aprovecha para obsequiar a su rival una vestidura envenenada que le causa la muerte. Luego de perpetrar ese horrible asesinato, arrastrada por la vorágine de los celos, disfruta el amargo sabor de la venganza, acaba con la vida de los dos hijos que tuvo con el héroe y abandona la ciudad en un carro guiado por serpientes aladas.

Semejante personaje requiere una actriz de fuste e Irina Alonso cumple con creces la difícil tarea de sostener el andamiaje feroz de ese destino. Su propia adaptación es intensa y acentúa las tintas sobre una posible interpretación de violencia de género al exponer la falta de opciones que tiene su heroína. Está bien secundada por un coro que contribuye al desarrollo del argumento con diferentes canciones originales que subrayan una estética actual. Desde la dirección, en cambio, se ralenta el ritmo con la reiteración de determinadas acciones, como cuando la protagonista toma flores de Bach.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *