Ciencia / 2 de julio de 2017

Sin mitos: Qué dice la ciencia acerca de la trombofilia

Es una condición que puede generar complicaciones en el embarazo. Proyecto de ley y polémica.

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Luego del veto presidencial que tuviera en diciembre pasado, la ley de prevención de la trombofilia vuelve a entrar en escena. Esta vez, la voz cantante que reavivó el tema fue la de la actriz Florencia Peña, que está gestando su tercer hijo, sufre de trombofilia y salió a pedir públicamente por la aprobación de una ley. Ahora, cuatro sociedades científicas manifestaron su desacuerdo con el avance de un nuevo proyecto presentado por la diputada María Fernanda Raverta (FpV Bs. As.) y que está siendo discutido en la Comisión de Salud de la Cámara. El Grupo Cooperativo Argentino de Hemostasia y Trombosis (Grupo CAHT), la Sociedad Argentina de Hematología (SAH), la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), y la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires (SOGIBA), plantean que nunca fueron consultadas y que el proyecto tiene varios puntos en contra.

Uno de los que más destacan los especialistas es que “autoriza estudios innecesarios, promueve la indicación de medicaciones para usos en los que no están aconsejadas y en dosis mayores a lo que recomienda la literatura científica mundial”.

Pero para comprender cuáles son las razones científicas de estas críticas hay que empezar por comprender que la trombofilia no es una enfermedad, sino una condición. “Es una cualidad de la sangre que determina que exista una mayor predisposición a formar coágulos o trombos y puede observarse tanto en hombres como en mujeres”, explica Andrea Rossi, presidente de CATH. Y  Marta Zerga (Presidente de la SAH) agrega: “La trombofilia puede depender de ciertas alteraciones genéticas y por lo tanto tratarse de una trombofilia hereditaria; o puede desarrollarse a lo largo de la vida en una persona que no posee antecedentes familiares. En este último caso es una trombofilia adquirida”.

¿Cómo se detecta? Mediante pruebas específicas en sangre. “Cuando se sospecha que la condición es hereditaria, los testeos buscan determinar la disminución en sangre de ciertas proteínas que normalmente protegen de la formación de coágulos. Otras pruebas de trombofilia hereditaria investigan alteraciones genéticas que afectan ciertos factores  de la sangre como el Factor V Leiden o la mutación del gen del Factor II”, detalla Zerga. Sin embargo, la sola presencia de alteraciones genéticas no determina obligatoriamente un mayor riesgo de formación de coágulos. “En nuestro medio, 5 % de la población presenta un Factor V Leiden, pero ello no implica que todos vayan a tener una trombosis o un aborto”, describe Rossi.

Los especialistas solicitan estudios inmunológicos si el cuadro los hace pensar en una posible trombofilia adquirida. “Pero hay que tener en cuenta que los anticuerpos específicos que se investigan pueden estar aumentados en forma ocasional o transitoria sin que ello signifique riesgo de una trombosis o un aborto –aclara Zerga-. Los estudios no deben solicitarse en forma preventiva porque un mero resultado positivo no implica un tratamiento”.

Gabriela Gutiérrez, investigadora independiente del Conicet y fundadora de la empresa de base tecnológica Inmunogénesis, analiza el tema desde la inmunología. “Tener un laboratorio positivo para marcadores de trombofilia no significa que se tenga esta condición. Es necesario evaluar el tipo de marcador o marcadores positivos para riesgo de trombofilia. Si es adquirida, puede estar relacionada con un proceso autoinmune como el síndrome antifosfolipídico (SAF). En este caso es importante evaluar el funcionamiento del sistema inmune de la paciente, porque en la mayoría de los casos estos autoanticuerpos suelen ser secundarios a una causa inmunológica precedente. Pero también pueden tener una causa metabólica subyacente que debería ser estudiada para decidir si requiere o no un tratamiento”.

Impacto real

Los médicos pueden sospechar la existencia de un SAF ante situaciones definidas: muerte fetal luego de las primeras 10 semanas (feto morfológicamente sano); tres abortos espontáneos consecutivos antes de las 10 semanas; parto prematuro antes de las 34 semanas debido a preeclampsia, eclampsia o insuficiencia placentaria; uno o más episodios de trombosis arterial o venosa. “Respecto de los abortos espontáneos y consecutivos, y si bien  es uno de los criterios internacionales para la definición de SAH, la búsqueda de los anticuerpos se recomienda luego de dos o incluso un solo aborto antes de las 10 semanas, según criterio médico”, especifica Andrea Rossi.

¿En qué medida la trombofilia provoca una alta tasa de abortos espontáneos? Según la literatura científica, pocos. “Las causas más frecuentes de abortos, superando el 50% de los casos, son los problemas genéticos de los cromosomas del embrión”, detalla Zerga. Un factor  muy importante es la edad materna, dado que a más años menos fertilidad y más abortos de origen genético. “El aborto recurrente afecta a entre el 1% y el 5% de las mujeres, pero de ellas, solo del 3 al 6% pueden tener SAF”, añade.

“Los estudios comienzan por el ginecólogo o el especialista de medicina reproductiva. Son las guías de estas especialidades las que definen cómo estudiar el aborto recurrente, en qué momento y a partir de cuántos -precisa Rossi-. La investigación de trombofilia es sólo una parte del análisis”.

Excesos

El SAF (y no la mera positividad de los anticuerpos) es la única complicación obstétrica para la cual los médicos indican heparina (medicación inyectable que vuelve más líquida a la sangre). “Pero  –advierte Zerga- hay entre un 20 y un 30% de SAF obstétrico que no responde a la heparina”.

Algo que la ciencia no ha podido comprobar aún es que las trombofilias hereditarias sean la causa de las complicaciones obstétricas porque, de hecho, una mujer puede tener alteraciones genéticas y no desarrollar trombosis o dificultades durante el embarazo. Tampoco hay todavía pruebas concluyentes acerca de si la heparina es efectiva en este tipo de trombosis.

Los especialistas advierten sobre “el uso indiscriminado de heparinas, que genera la realización de un número mayor al necesario de cesáreas”. Y concluyen: “Estas sociedades científicas representan a un universo de más de 3 mil profesionales de la salud que solicitaron en repetidas ocasiones a los legisladores el ‘informe médico’ respaldatorio del proyecto y nunca lo recibieron, con lo cual descreen siquiera de la existencia de un documento que avale los contenidos esbozados en la propuesta que se opone a la evidencia científica internacional”.

 

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