Vida Gourmet / 3 de julio de 2017

Una copa por día

¿Cuánto de cierto hay en la premisa de que el vino, además de ser una de las bebidas preferidas por los argentinos, también hace bien? Mitos y verdades del vino en la salud.

La ingesta recomendada es la de una copa de vino equivalente a 200 cc al día para los hombres y 100 cc para las mujeres.

“Silencioso en el umbral de todas las puertas el ángel rojo del vino espera”, reza el poema de Jorge Teillier. Seguramente, si viviera, él también adheriría a la teoría que dice que “un vaso de vino al día hace bien”. Pero, ¿quiénes lo dicen? ¿Por qué habríamos de considerarlo un ángel? ¿Qué es lo que, en verdad, nos hace bien? Tres expertas nos cuentan cuáles son los beneficios de consumir vino moderadamente.

“La ingesta recomendada es la de una copa de vino equivalente a 200 cc al día para los hombres y 100 cc para las mujeres”, dice Cinthia Kwaterka, coordinadora de Nutrición de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina. Agrega que estas recomendaciones pueden variar según la edad, el género, el peso de la persona, la presencia o ausencia de patologías, entre otros motivos.

“El vino contribuye a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, mejorando el perfil lipídico y el sistema de coagulación. También tiene propiedades anti-inflamatorias y protege contra la incidencia de patologías neurodegenerativas, como el Alzheimer o el Parkinson”, agrega. Pero además, hay que saber que por su contenido de polifenoles, que siempre es mayor en vinos tintos que en blancos, el vino también es antioxidante.

Pero el cuerpo no es el único beneficiado. La psicóloga Adriana Barbante explica que el consumo de vino contribuye a correr las barreras psíquicas que podamos tener. Es decir, a la desinhibición. “Obviamente, esto depende de la personalidad del sujeto que toma, del lugar que ocupa el vino para esa persona, y del imaginario que otorga al vino. Pero, por ejemplo, en personalidades reprimidas el vino produce, sin duda, una sensación de bienestar y satisfacción, algo que tiene un correlato social directo. Además, compartir el vino, intercambiarlo con pares o con afectos también produce un imaginario de bienestar”, explica.

Como conclusión, Barbante asegura que el vino es gran compañero para la sociabilización. De hecho, se hace imposible imaginar una cena familiar, un encuentro con amigos o una cita sin vino de por medio. Javier Marcos, antropólogo y autor del libro “Las culturas del vino. Del cultivo y la producción a la sociabilidad en el beber”, coincide con esta lectura al afirmar que: “Consumir vino forma parte de un acto social que implica comunicación y nos pone en relación”.

“El consumo de alcohol es reconocido como un factor de integración social y favorecedor de la convivencia”, asegura Olga Konko, también psicóloga, que además agrega que: “Aquellos que consumen vino de forma moderada en un entorno social mejoran su salud y felicidad. Si se toma como compañero, el vino puede estabilizar las relaciones sociales y aumentar las interacciones”.

 

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