Cine / 13 de julio de 2017

Cars 3

(EE.UU., 2017, 109′) Aventuras. Dirección: Adam Fee. ATP.

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★★★ Esta película es mucho, muchísimo mejor que el despropósito de la segunda Cars. Lo que no implica que sea buena, aunque tampoco es mala. El desconcertado lector deberá entender: se trata de un film que fluye sin problemas, que genera algo de empatía por varios de sus personajes y que narra una historia de redención o “reconversión”. Su tema es el paso del tiempo (el Rayo McQueen queda fuera de las carreras porque una nueva generación, más tecnológica, lo sobrepasa, pero decide volver a pesar de todo) y ese “universal” sirve para que sigamos con atención la trama. Pero al mismo tiempo hay una especie de pereza a la hora de las resoluciones o en la manera como se intercalan peripecias para que la historia avance. Repetimos pereza, no torpeza, porque sobre todas las cosas esta es una película espectacular en el sentido más preciso del término: nos importa en enorme espectáculo animado, las carreras, las secuencias de pura acción. Allí es donde el film –como el primero de una serie que debería cerrarse aquí– cobra vuelo y donde el puro movimiento, la pura sensación nos obligan a prestarle atención al asunto. La pregunta que un amante del cine (de todo el cine) debería hacerse es si vale pena el drama inspiracional o aleccionador cuando la película tiene como norte la pura sensación de la velocidad. Pixar ha perdido la pista hace un tiempo: queda la excelencia técnica y alguna emoción aislada.

 

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