Política / 15 de Julio de 2017

Caso Pepsico y otros: sensación de seguridad

Las fuerzas del orden parecen trabajar más que nunca. El peligro de mezclar mafias con protestas. Y el peso electoral de gases y palazos. Por Edi Zunino.

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El Relato M parece ir hallando su síntesis en cinco palabras: “Acá no se jode más”. En las últimas semanas, policías federales y bonaerenses, gendarmes y prefectos bien pertrechados cobraron un protagonismo mediático y político que hasta hace poco no tenían. Narcos todoterreno rendidos. Mafias variopintas desbaratadas. De paso, la 9 de Julio libre de piqueteros bravos y la planta de Pepsico vaciada de despedidos indemnizados. El Gobierno y buena parte de la sociedad y los medios mezclaron todo en un clima de buenas noticias. En un país normal, lo serían. Pero esto es la Argentina. La economía está empantanada. Crece la inquietud social. Y este año hay elecciones. Sería bueno desmezclar.

El macrismo se muestra confiado en público y nervioso en privado. Se ha puesto una meta ambiciosa: sacarle 7 u 8 puntos de ventaja a Cristina Kirchner en octubre. Compite con ella por una amplia franja de la clase media/media baja que abandonó a CFK por hartazgo y se entusiasmó con Macri, pero ahora está más golpeada en el bolsillo y las expectativas que antes. La “sensación de seguridad”, el tránsito liberado y cierta idea de “orden” entusiasman a esta franja de la población, tan permeable a creer que la normalidad es hija de la mano firme, la higiene pública y el derrame económico.

Claro que la necesidad tiene cara de hereje. Y, encima, tanta acción policial televisada en cadena no parecería estar surtiendo efectos inmediatos sobre la inseguridad cotidiana.

El caso Pepsico merece un espacio aparte. Hablamos de una empresa que decidió mudarse y despedir a sus empleados, previo pago del hasta 200% de indemnización. Hasta ahí, todo legal… Pero sucede que puertas afuera de la fábrica no abundan las ofertas de trabajo (más bien todo lo contrario) y era cantado que, conducción izquierdista mediante, habría resistencias de los trabajadores.

Viniendo de un equipo gubernamental que no da un paso sin testear sondeos de opinión, cuesta creer que no hayan leído los votos que una izquierda cebada contra la injusticia podría restarle a CFK. En un trabajo muy reciente, la consultora Management&Fit constató que habría entre un 2% y hasta un 4% de votantes a la ex presidenta que podrían volcarse a la izquierda. En sí mismo no parece mucho, pero, dada la paridad existente hasta hoy entre Cambiemos, Unidad Ciudadana y 1País, podría ser muchísimo. Se trata de un sector “instruido, antiliberal y pesimista” que también rechaza la corrupción. En una elección parlamentaria, no sería la primera vez que le da un tono combativo a su voto.

El Gobierno estaba preocupado por el factor Randazzo: cree que le restaría más votos al oficialismo que a CFK. Post Pepsico, la izquierda podría relegar a un quinto puesto al ex ministro de Interior y Transportes.

El relato del “acá no se jode más” también tiene sus riesgos y sus límites. Extendido en el tiempo, le otorgaría demasiado poder a unas fuerzas de seguridad que no fueron conducidas ni redireccionadas por la democracia hacia una profesionalización civilizada. Han sido parte del problema que ahora se les encomienda resolver con despliegue cinematográfico. El duranbarbismo dominante debería entender que el uso de la fuerza es el más clásico de los métodos políticos tradicionales. Y suele denotar debilidad.

 

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