Mundo / 16 de Julio de 2017

¿Se acerca el fin del ciclo en Brasil?

Lula fue condenado a nueve años de prisión. Temer cerca del impeachment. La justicia brasilera obliga a pensar en otro sucesor.

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Foto: AFP

Dicen que no está muerto quien pelea, o será no está muerto quien apela.Y el expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva apelará la condena 9 años y medio de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero que le impuso este miércoles el juez Sergio Moro, quien lleva adelante las distintas causas que integran el “Lava Jato”.
Lula fue hallado culpable de aceptar sobornos de la constructora OAS por US$1,1 millones (más de tres millones de reales), un monto que el ex presidente percibió en la reforma y amoblado con piezas de lujo de un departamento triplex que posee en la localidad costera de Guarujá, la playa top del estado de Sao Paulo.

Según la sentencia de Moro, el de Lula fue “un delito complejo que implicó la práctica de diversos actos en momentos diferentes”. Según el juez, Lula era además el encargado de nombrar a los directores de Petrobras, lo que le otorgaba “un papel relevante en la trama criminal”.

Aunque es un duro golpe para el ex presidente brasilero de 71 años, Lula no irá a la carcel: tiene derecho a apelar la sentencia y no estar tras las rejas mientras dure este proceso. El político, en campaña para volver a ser presidente en 2018, negó una vez más los cargos e insistió en ser víctima de una caza de brujas.
Lula 2018. El presidente de Brasil entre 2003 y 2010 todavía es uno de los políticos más populares de Brasil.Y está desde hace unos meses en campaña para las elecciones de octubre de 2018 (marcha primero según las encuestas).

Sin embargo, si el Tribunal Regional Federal confirma la condena, Lula estaría invalidado para presentarse. Pero como los plazos del tribunal suele ser de un año para analizar las apelaciones, sería posible que la decisión judicial llegue en la víspera de la elección presidencial o incluso después, la apuesta del PT para mantener a su candidato más fuerte.
Considerado alguna vez “el político más popular del planeta” por el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, Lula puede perder todavía mucho terreno en la carrera electoral si se producen otras condenas. Esta, la primera por corrupción a un presidente brasilero, es también una de las tantas causas que involucran al exsindicalista.Y muchos más de sus ministros y operadores irán presos en los próximos meses, complicando aun más la imagen del PT: hace tan solo dos semanas, Moro sentenció a 12 años de prisión a Antonio Palocci, un influyente ministro durante los gobiernos de Lula y Rousseff, también por corrupción.

Mar de causas. Aunque la investigación “Lava Jato” arrancó en 2014, la primera acusación contra Lula se produjo en julio de 2016, y fue por obstrucción a la Justicia: Lula estaba sindicado por intentar comprar el silencio del ex ejecutivo de Petrobras Nestor Cerveró (la petrolera semiestatal Petrobras estaba en el centro de las investigaciones de “Lava Jato”).

Era el principio de una catarata judicial. Unos meses más tarde, en septiembre de 2016, el juez Sérgio Moro acusó a Lula de lavado de dinero, y aceptar sobornos de la constructora OAS, beneficiaria de sus negocios con Petrobras: la causa por la que acaba de ser condenado. Pero seguían lloviendo. Un mes más tarde la Justicia aceptó una nueva denuncia por tráfico de influencias: Lula usó su peso político para que el banco de fomento estatal, el BNDES, ayudara a la constructora Odebrecht a conseguir contratos de infraestructuras en Angola. La empresa pagó supuestamente 30 millones de reales (8,9 millones de dólares) en sobornos que fluyeron camuflados por distintas vías. La investigación fue separada de “Lava Jato” en la llamada operación “Janus”. Y otras denuncias por tráfico de influencias, lavado de dinero y asociación criminal dieron lugar a la operación “Zelotes”: otra ramificación de “Lava Jato” en la que está implicada la consultora Marcondes & Mautoni, triangulando comisiones con el Estado brasileño. Entre los presuntos negocios ilegales impulsados de esa manera está un contrato para la compra de 36 cazas suecos Gripen, que salpicó también a un hijo de Lula, Luiz Cláudio.

El juez Moro aceptó también en diciembre de 2016 una segunda denuncia en su tribunal donde Lula figuraba aceptando sobornos de Odebrecht para la compra de un terreno que debía servir como nueva sede para el Instituto Lula de Sao Paulo. Y una sexta causa le cayó en mayo (la Justicia debe decidir aún si abre un sexto proceso contra el ex presidente).

 

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