Ciencia / 18 de Julio de 2017

Mundo biovigilado: La amenaza viral entre realidad y ficción

La novela de una periodista científica propone una ciencia ficción que se basa en hechos actuales cuyas consecuencias aún no somos capaces de comprender.

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Clara Fend sabe que su virus artificial será la única forma de acabar con una pandemia global. El problema será convencer a colegas, gobiernos y personas de usar la vacuna apropiada. ¿Ficción? Quizá no tanto si se tienen en cuenta los nuevos avances científicos que Roxana Tabakman reunió en su libro Biovigilados editado por Penguin House. De formación bióloga -aún recuerda cuando el premio Nobel Luis Federico Leloir iba a tomar el té a su laboratorio-, y además periodista científica -fue durante muchos años editora de medicina en Noticias- Roxana propone una ciencia ficción que en realidad se basa en hechos actuales cuyas consecuencias quizás aún no somos capaces de comprender.

Noticias: De las tecnologías que menciona en el libro, ¿cuál le interesó más?
Roxana Tabakman: Es difícil elegir una. Las de biovigilancia, por su poder para hacer el bien y el miedo que generan. Las tecnologías biológicas por su poder creciente, costo menor y miniaturización aspectos que, sumados, las harán cada vez más parte de nuestro día a día, de forma legal o no. Las tecnologías que emplean mis personajes para mejorar la calidad del sexo virtual. Pero tal vez lo que más me gustó investigar y reflexionar fue cómo las tecnologías se incorporan a nuestros cuerpos, mentes y sociedades. De hecho hice un curso en San Pablo, en la Universidad (PUC) que se llamaba Cuerpo App, cuyo objetivo no era hablar de cyborgs, sino de cómo la tecnología que usamos todos los días nos transforma de manera sutil, cambia lo que se conoce como humanidad. Ahí conocí investigadores que trabajaban en entender a las personas enclaustradas que ya viven en un mundo 100% digital, y discutir las publicaciones interesantes actuales sobre cómo realizar el proceso de desavatarización. A nivel práctico, tal vez la tecnología que se aplica en el libro para inyectar una vacuna de forma absolutamente indolora. Ya está en fase 1 de investigación para la gripe, es decir hay humanos aplicándosela. Esa estampilla con microagujas ya se presentó como sistema para la extracción de sangre para exámenes. En la escala de dolor (1 a 10) los voluntarios le dieron un valor de 1.

Manipulaciones

Biovigilados es parte de la realidad. Este mes se divulgó que el virus de la viruela -una pesadilla durante 60.000 años para la humanidad, hasta que las vacunas la erradicaron– podría volver a la vida, pero esta vez de forma artificial. David Evans, virólogo de la Universidad de Albany en Canadá, diseñó una técnica que además puede generalizarse para ser aplicada por personas sin necesidad de que tengan un elevado nivel de conocimientos.

“Solo con comprar material genético, en nuestro caso fragmentos de ADN con 30.000 pares de bases a la empresa alemana Genear, reunir un pequeño equipo de personas, invertir unos 100 mil dólares y aplicar nuestra metodología, una persona ya está lista para crear virus artificiales basados en la viruela. Podemos volver a la vida virus extintos o crear variantes de los mismos”, señala Evans.

Esto que parecía imposible es algo que se viene trabajando desde que Craig Venter fuera el pionero en diseñar una bacteria artificial en el 2010. Desde ese momento, diferentes técnicas han ido ganando en simplicidad y reducción de costos. El desarrollo de Evans se apoya en el uso de estándares de la industria y es un paso importante en este sentido.

La famosa ley de Moore de las computadoras, que describe cómo se van mejorando y bajando los costos de fabricación en forma exponencial, llega a la biotecnología. Si los precios bajan y el conocimiento ténico se simplifica hasta tal punto de ser fácilmente divulgable por youtube, el poder de la amenaza biológica estará mucho mas cerca. Puede estar simplemente ahí: en ese vaso de agua que se está por tomar.

Complejidad

Estos avances no están exentos de cuestionamientos éticos y los gobiernos desarrollan sus propias regulaciones. Pero el caso es, como se dice en el libro, que los imposibles pasan a ser posibles y hasta son una motivación para que los avances científicos sucedan. Por otro lado no es fácil de prever cómo evolucionarán estos virus al mezclarse con la sopa biológica de su entorno.

Para aumentar la complejidad se ha descubierto lo que se llaman “micromezclas”. Resulta que la identidad genética de las mujeres también alberga la de sus hijos. En particular, se encontró ADN masculino en mujeres que tuvieron hijos varones, estas micromezclas viven durante décadas y se alojan en el organismo.

Willian Chan, del Fred Hutchinson Research Center en Washington (Estados Unidos), publicó un trabajo donde muestra que el ADN está presente en el cerebro de mujeres y que las que desarrollaron Alzheimer tenían una concentración mucho menor de ADN masculino. Por su parte, los hijos también llevan células maternas que persisten en sus cuerpos. El rol de las micromezclas y el modo en que ayudan a prevenir enfermedades como el cáncer es un tema de investigación actual que demuestra cómo la complejidad de entender lo que somos es cada vez mayor.

Y hay más. Si bien nuestro ADN es de los homo sapiens, también tenemos de otras especies. Del 2% al 4% del ADN de personas sin descendientes africanos es de los Neandhertals y las demás especies también están presentes. A esto se agrega que por cada célula humana hay de 1 a 10 bacterias, número que aún sube más si se consideran virus y hongos conformando lo que se denomina nuestra microbiota. Dentro de nosotros hay ADN y ARN de una multitud de especies que influyen tanto en la defensa como en el desarrollo de enfermedades.

Nuestras mismas células no son idénticas las unas a las otras en cuanto a su ADN. “Se nos enseñó algo que estaba equivocado. No tenemos un único genoma. Hace 10 años esto parecía ciencia ficción”, revela James Eberwine bioquímico de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos). Manipular esta complejidad puede dar controles hasta del orden psiquiátrico con el sujeto en cuestión. Tales serán las posibles nuevas armas biológicas del futuro.

El panóptico

Con amenazas biológicas tanto naturales como artificiales se hace necesario la creación de plataformas para vigilar en tiempo real el desarrollo de posibles epidemias: ése es uno de los ejes centrales del libro.

El virus más difundido del mundo es el de la gripe. Un equipo internacional liderado por Alessandro Vespignani desarrolló una plataforma basada en Twitter para monitorear la expansión del virus. La idea es vigilar los post que se encuentran relacionados con la gripe en la red social, y a eso sumarle otros parámetros como el período de incubación de la enfermedad, el porcentaje de inmunidad, el clima de ese momento, a cuántas personas puede contagiar alguien que ya tenga el virus y el tipo de cepa que ésta presenta. La plataforma se testeó con otros sistemas de vigilancia epidemiológica oficiales y demostró poder pronosticar la evolución de la enfermedad hasta con seis semanas de anticipación.

El uso de celulares con GPS es otra de las ideas. En Brasil se presentó el programa SiPos (una abreviatura de Sickness Positioning System o sistema posicional de enfermedades) que el usuario puede bajar en su celular y en forma anónima contribuir con datos que muestran cómo se van expandiendo las enfermedades. O no tan anónima si hay un hacker perspicaz. A esto se agrega que los dispositivos médicos cada vez son más pasibles de ataques. Johnson&Johnson fue el primer fabricante de la industria médica en advertir que piratas informáticos se podrían aprovechar de una vulnerabilidad en sus equipos en este caso la bomba de insulina Animas OneTouch de la cual depende la vida de muchos diabéticos. El mismo temor se da en el caso de otros dispositivos cruciales, como los marcapasos.

Neuronas

La inteligencia artificial es en la actualidad donde Silicon Valley tiene puesto su mayor foco y está presente en Biovigilados en varias formas. Es que estos sistemas, como el de IBM Watson, son capaces se formular hipótesis o conjeturas lo cual es una ayuda crucial para médicos e investigadores científicos. Por otro lado, las nuevas técnicas de machine learning (máquina que aprende) como las que utilizan Microsoft, Google y Facebook se van expandiendo hacia asistentes virtuales poniendo en jaque muchos trabajos relacionados con call centers. Pero también pueden terminar creando perfiles falsos en las redes sociales y ayudar a expandir el problema semiótico del momento: la postverdad.

Son tantos los adelantos y en tan diferentes campos, que el movimiento puede terminar en lugares impensados. Los peligros abundan.

“El conocimiento es poder, la ignorancia factor de riesgo. Pretendo no dejar pasar ninguna oportunidad para luchar contra el oscurantismo, y la ficción científica es una manera -resume Tabakman-. A veces la ficción conecta al público con la ciencia en un escenario que no existe, pero invita a hablar sobre si queremos o no llegar. Otras veces pone frente a nosotros situaciones que ya cambiaron nuestras vidas mientras estábamos distraídos hablando de otra cosa. Por ejemplo, la intimidad se extinguió, el precio de vivir parece ser la eterna vigilancia. Podemos también pensar en el cuerpo como arma, no como terroristas suicidas, sino de maneras más biotecnológicas y con otros fines. Podemos pensar en cómo manejar nuestro poder para alterar las células humanas, es poco probable que nos limitemos a curarlas. Hay muchos temas en el libro en el que ya hoy los obstáculos son éticos o económicos. Todo es debatible, de lo único que me declaro totalmente en contra es de las reglas rígidas que imponen unos a otros. Sean quienes sean. Por principio, y porque las paredes siempre invitan a saltar por encima de ellas.”

 

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