Música / 19 de Julio de 2017

“Tango de batuta”: La búsqueda no cesa

Lo proponen Julián Hermida, Daniel Ruggiero, Pablo Motta y Mauricio Weintraub. La proyección de un género que apunta al futuro.

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★★★★ La situación del tango en Buenos Aires es más o menos así. Están los espectáculos de cena-show pensados fundamentalmente para el turismo y los agasajos empresarios. Están las “milongas”, de muy diferentes estilos y categorías, donde danzan toda la semana los jóvenes y los maduros, los públicos universitarios y los barriales, los nostálgicos y los advenedizos, los porteños y los extranjeros de la ciudad. Y están los cantores, rescatadores de viejos lenguajes, con estilos más cercanos a Gardel con sus guitarristas o a los intérpretes de orquesta de mediados del siglo XX. Todas estas movidas, que suelen caminar por carriles separados en pistas o escenarios, tienen algo en común: apuestan a repertorios o a estilos que tienen no menos de 50 o 60 años de antigüedad, cuando no muchísimo más; y tanto en las representaciones en vivo cuanto en el uso de grabaciones en los bailes, circulan centralmente entre 1920 y 1950.

Pero más allá de esto, hay otra corriente, muchísimo más pequeña, para un público que suele ser de músicos, periodistas y curiosos de las novedades, que es el de los artistas que apuestan a buscar sin conformarse con aquello de que el tango es ya, al decir de Rodolfo Mederos, un género de museo. Y en ese sentido, estos músicos son herederos de Ástor Piazzolla, más por su actitud hacia el inconformismo que, estrictamente, por el uso de su lenguaje.

Este es el caso de los tres músicos –más un invitado– que organizaron un concierto en el Café Vinilo que, seguramente, tendrá nuevas presentaciones próximamente. Convocaron a un grupo de músicos para una orquesta de cuerdas a la que se agregaron algunas “maderas” (clarinetes y flautas), piano y bandoneón. Armaron un repertorio con temas nuevos y propios, sólo instrumentales (la ausencia de cantante y de bailarines en el escenario es, en este caso, casi un rasgo militante), los arreglaron para esa formación, le dieron una impronta fuertemente camarística emparentada con la música clásica, y resignaron su más habitual lugar de instrumentistas virtuosos para ocuparse exclusivamente de la batuta y dirigir a sus colegas.

Los líderes de este proyecto fueron el guitarrista Julián Hermida, el bandoneonista Daniel Ruggiero y el contrabajista Pablo Motta. Y el invitado fue Mauricio Weintraub, él sí más ligado puramente a la dirección orquestal ya desde su formación. Se escucharon entonces músicas más o menos cercanas a Piazzolla, orquestaciones posrománticas, una suite para guitarra y orquesta de Hermida con Martín Marino como solista, melodías tangueras trabajadas de diferentes modos, valses y milongas rioplatenses en estilo de concierto. Y se escuchó, sobre todo, el grito silencioso de estos artistas que quieren seguir pensando al tango como a una música del presente y del futuro.

 

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