Teatro / 20 de julio de 2017

“¡Ay, amor divino!”, relato desde el corazón

Escrito e interpretado por Mercedes Morán. Dirección: Claudio Tolcachir. Maipo, Esmeralda 443.

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★★★ Hacelo como en el living de tu casa, pero más fuerte y sin chocarte los muebles”, le sugirió hace unos años a Mercedes Morán su admiradísima colega y amiga, la inolvidable China Zorrilla. Así nació “¡Ay, amor divino!”, espectáculo unipersonal en el que la actriz narra, como si se tratara de un cuento con moraleja de superación, diferentes etapas de su existencia, hilvanadas siempre por el denominador común del amor.

Desde la devota niña criada en Concarán, un pueblo pequeño ubicado en la provincia de San Luis, hasta su llegada a la gran urbe, pasando por el descubrimiento del sexo, su fascinación con la figura paterna, las tardes frente al televisor seducida por el fanatismo hacia el cantante Johny Tedesco, la posterior llegada de la maternidad y el desarrollo de una carrera actoral que la posicionó como una de las grandes intérpretes de su generación.

Todo está narrado con calidez y humor para hacer sentir partícipe al espectador de una vida que comenzó como tantas, de manera sencilla, para volverse singular, a través de los ribetes inesperados de los acontecimientos.

Como en toda historia personal, es preciso seleccionar acontecimientos y dejar de lado otros. En este sentido, este carrusel de emociones, peca por momentos, particularmente al comienzo, de la ausencia de personajes pintorescos que cada pago chico posee y que hubieran enriquecido aún más el relato, tornándolo entrañable. De todas maneras, a Morán le sobra talento para embarcarnos junto a ella en esta aventura y permitirnos compartir risas y emociones.

Eficazmente guiada por la dirección de Claudio Tolcachir, en un ámbito imaginado por Gonzalo Córdoba Estévez como un living de reminiscencias orientales, regresó por tan sólo ocho únicas semanas con la satisfacción de haber transitado un largo camino con funciones en El Galpón de Montevideo, los Teatros del Canal de Madrid y el interior del país. Es una agradable oportunidad para entender cómo una persona pudo construir su propio camino superando cualquier adversidad.

 

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