Cultura, Opinión / 20 de julio de 2017

Por qué hay que ver el cine de Bong Joon-ho

El surcoreano fue motivo de debate en Cannes y filma para el “streaming”.

Por

Tilda Swinton y Bong Joon-ho.

En 2001, una de las películas en competencia en el Bafici fue la comedia independiente coreana “Barking Dogs Never Bite” (“Perro que ladra, no muerde”, para traducir con fidelidad) y su realizador estaba feliz: el film había obtenido varios premios en el circuito internacional. Ese muchacho era Bong Joon-ho, y todos los presentes en aquel evento pensábamos que había allí un pichón de gran cineasta. Dieciséis años después, Bong estaba en Cannes presentando en la Competencia más prestigiosa del mundo del cine (de ningún modo la mejor, aclaremos) su sexto largometraje, “Ojka”, producido por Netflix.

Ese largo generó un escandalete: como no iba a estrenarse en salas en Francia, sólo iba a salir en el gigante del On Demand, el presidente del jurado, don Pedro Almodóvar, anunció que no sería premiable. El asunto de la competencia entre Netflix y el mundo del cine es apasionante, pero excede esta columna donde lo que nos importa es don Bong. La cuestión es que, de no ser por ese “runrún” o por Netflix, solo los más acérrimos cinéfilos sabrían que hay un realizador surcoreano excelente que sabe sacarle el jugo al cine de género renovándolo sin traiciones. Por cierto, “Okja” -producción internacional con Tilda Swinton y Paul Dano entre otros- narra la historia de una chica que encuentra a un animal fabuloso (el “okja” del título), un cerdo gigante que podría solucionar el hambre del mundo, y trata de salvarlo de las garras de una multinacional. No es lo mejor de Bong pero sí una buena puerta de entrada. Aquí hay aventuras, grupo heroico, persecuciones y la amistad de animal y niño, un poco como en una película infantil más o menos didáctica pero con el nervio narrativo de alguien que sabe cómo contar con imágenes.

Lo mejor de Bong está en otra parte. “Barking…” es una comedia romántica llena de equivocaciones y de un perro que sale disparado de un edificio. Con pocos elementos, el director se las arreglaba para crear el clima justo para el género y ejercitar un humor tanto de diálogos como físico notable. Su segunda película, “Memories of a Murder” (suele aparecer en Netflix y en Qubit.TV) es una obra maestra. A fines de los años ochenta, cuando se terminaba la dictadura militar en Corea del Sur, dos detectives van a un pueblito de provincia a buscar a un asesino serial. La película se parece -años antes, aclaremos- a la obra maestra de David Fincher, “Zodíaco”.

Pero aquí el retrato social es de una precisión enorme, con esos dos policías al mismo tiempo conmovidos y aburridos, desorientados y obsesionados por el caso. El final muestra el estilo de Bong: las victorias contra el mal son transitorias. A veces, ni son.
Lo que nos lleva a “The Host”, que sí tuvo estreno comercial en nuestro país y cuenta cómo un monstruo marino, creado accidentalmente por la contaminación, rapta a una nena y a un chico, y cómo la familia de la chica sale a cazarlo ante la impotencia de las autoridades. Esa familia es un conjunto de perdedores notable, casi una versión coreana de Los Simpson. Y el film es de una crueldad y emotividad notables, con una mezcla de espectacularidad, tristeza y humor que desafía los prejuicios de Hollywood. El final, también, es agridulce y deja un nudo en la garganta al más desprevenido. Bong, es claro, es para quienes creen que el viaje es mejor que llegar. Y también que el héroe necesita amigos.

En “Mother”, una madre busca al asesino que hizo culpar a su hijo de un crimen horrendo. En “Snowpiercer” (producción internacional con Chris Evans y John Hurt, también en Netflix), el mundo está cubierto de hielo, lo recorre un tren que no se detiene nunca y mantiene una sociedad de castas. En ambas películas hay una pulsión lírica y cierta tendencia a la declamación. Pero el género y sus reglas imponen nervio narrativo. Bong cree en eso, en los lenguajes populares y en cómo usarlos para expresarse de modo personal. Dos thrillers, una comedia romántica, una familiar, una película de monstruos y una de ciencia ficción, y sin embargo todas son “películas de Bong”. Más allá de la polémica “cannina”, la discusión permite que hoy se pueda descubrir masivamente a un cineasta que quiere conversar con multitudes. De algo sirve, pues, el ruido.

*Crítico de Cine de NOTICIAS

 

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