Libros / 22 de julio de 2017

“En el último trago nos vamos”, el aroma del último instante

De Edgardo Cozarinsky. Tusquets, 199 páginas. $ 339.

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Hace poco más de treinta años, Edgardo Cozarinsky iniciaba su libro “Vudú urbano” (1985) con el extenso “El viaje sentimental”. En él empleaba un recurso fantástico y lo convertía en uno de los mejores relatos jamás escritos sobre la dictadura. El resto del volumen era, para usar una palabra vistosa, variopinto.

Algo parecido ocurre con su último libro de relatos. Se inicia con “La otra vida”, una visión del mundo “postmortem”. Su notable logro es inventar una serie de reglas de ese cosmos, y aplicarlas con rigor y sencillez al mismo tiempo. El lector no puede dejar de leer. Lo principal está en las últimas páginas, donde se acerca a un núcleo lejano, infantil, que se adivina biográfico, y une los extremos del comienzo y el final. A su vez cumple con una cita inicial de Carlyle, y otra final de Jack London para definir ese momento escurridizo: “Había caído en la oscuridad. Y en el momento mismo en que lo supo, dejó de saber”. Los demás relatos intrigan con constelaciones mezcladas de recuerdos y referencias geográficas y culturales. Uno de los más extensos es “Grand Hôtel des Ruines”, ubicado en Asia, sobre el Mekong. Incluye una búsqueda y “apenas la huella de un encuentro fortuito, de una coincidencia, una chispa provocada por el roce efímero de dos superficies disímiles”. En “La dama de pique” se cruzan el mundo ruso del siglo XIX y la Buenos Aires de hoy en el rastreo del juego de naipes que aparecía en el relato de Pushkin, a cargo de un traductor del ruso.

La frase “Hace un tiempo me busqué problemas con una mujer a la que me costó hacerle renunciar a complicarme la vida” se despliega en “En el último trago nos vamos”. Muchos mundos y referencias cruzadas, en un libro que compacta formas distintas del relato, incluida una obra maestra.

 

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