Personajes / 27 de Julio de 2017

Federico Andahazi: “Macri tiene un gran problema: el padre”

Presentó su libro “El equilibrista”. Trump y el kirchnerismo. Las situaciones críticas de su vida y el empeño por ser escritor.

Fotos: Marcelo Escayola

A varios metros de altura, hay un tipo animándose a la cuerda floja que va de la terraza de un edificio a la de otro, justo en diagonal. Avanza con la vista al frente ayudado por una vara que le permite compensar las fuerzas y mantener el equilibrio. La escena se ve clara desde abajo, como si estuviera dispuesto a llegar del otro lado sin más pócima que el movimiento. Eso es lo que muestra Federico Andahazi en la portada de su nuevo libro, “El equilibrista” (Editorial Planeta): una metáfora visual de los recorridos que viene haciendo por sus facetas de psicoanalista, escritor, humorista satírico y la del apasionado por la historia.

Para Andahazi, somos hombres del pasado con tecnología del futuro. Y la síntesis y la paradoja de ese desfase es Donald Trump. “Es el presidente del país más avanzado pero, al escucharlo hablar, viene de la época de la Guerra de Secesión”, cuenta.

Noticias: Quien llega al poder es un síntoma de la sociedad que lo votó, ¿no?
Federico Andahazi: Es todavía más complejo. A mí me parece que seguimos teniendo una cabeza monárquica. La verdad es que no debería preocuparnos la factura intelectual o moral de un líder, de un presidente, porque la democracia es el ascenso del hombre común representado por hombres tan comunes como él. Lo que caracteriza a una democracia es la república y las instituciones, y no podemos desembarazarnos de la idea de que necesitamos un líder carismático, un personalismo, alguien con cualidades intelectuales y morales. Y la verdad que eso no es así.

Noticias: Pero quien toma decisiones debería tener cualidades morales e intelectuales…
Andahazi: Sí, pero tienen que ser desde las instituciones. En países como Noruega, Suecia, Finlandia, no te vas a acordar de ninguno de los presidentes. El gran problema de la democracia es cuando se superponen los intereses personales a los colectivos.

Noticias: Hablaba de los conflictos de intereses y este es un presidente que tiene muchos.
Andahazi: Sí, yo no sé si son intereses directos. Creo que Macri tiene un gran problema, que en principio uno diría que hace a lo familiar pero que hace al problema de intereses, y es su padre. Me parece que nunca se la hizo fácil y que no se la va a hacer fácil. Esa es la mayor lucha de intereses que debería afrontar, tiene que desembarazarse de ese universo que tiene que ver con su padre y con su familia y amigos.

En el living de su casa de Belgrano, sostiene que uno termina de forjarse en la adolescencia. “Yo sigo siendo aquel mismo pibe”, dice.

Noticias: ¿Y quién era por entonces?
Andahazi: Me costaba muchísimo adecuarme a las instituciones, dejé un par de años, pasé por todos los colegios de Buenos Aires, tuve de compañeros a Humberto Tortonese y a Alfredo Casero. Me reconozco como parte de una generación que se hizo en contra de las instituciones. Ingresé a la Secundaria en el ’76, un cambio brutal en mi vida.

Noticias: Además, vio a su abuelo materno quemando su biblioteca la noche del 24 de marzo.
Andahazi: Ufff, muy fuerte. En mi familia se sintió muchísimo el golpe, muchos familiares se fueron del país y nunca más los vi. Yo era un pibe que había sido adoctrinado en el Partido Comunista.
Noticias: Fue a un jardín de infantes del PC, ¿cómo era eso?
Andahazi: No había competencia, te inculcaban el cooperativismo, las cosas eran de todos, lo cual eran valores muy sanos. Yo mandé a mis hijos a un colegio cooperativo también, hasta que dejé de soportarlo.

Noticias: ¡¿Hasta que se aburguesó!?
Andahazi: No, no, lo que pasa es que el kirchnerismo realmente extremó las cosas hasta un punto insoportable. El kirchnerismo hizo culto de la incorrección política y también una suerte de caricatura. En ese afán por ser políticamente incorrectos, marcaron una generación que perdió el humor.

Amalita Fortabat lo bautizó de transgresor cuando todavía nadie lo conocía. La leyenda personal de Andahazi cuenta que, después de mucho golpear la puerta de las editoriales –“No leemos autores inéditos”, le decían–; en el ´96, presentó “El anatomista” en simultáneo, en el Premio Planeta y la Fundación Fortabat. El día que le dijeron que había ganado por unanimidad en la FF, supo que estaba entre los finalistas de Planeta. Con un premio seguro, se retiró del segundo concurso. Pero resultó que la dama del cemento se horrorizó por la trama –que tenía como protagonista a quien se adjudicaba el descubrimiento del clítoris– y publicó una solicitada marcando su descontento. En la portada de “El anatomista” decía: “Ganador del Premio Fortabat”, y llevaba una leyenda: “Esta obra no contribuye a exaltar los valores más altos del espíritu humano”. Nunca le dieron el premio pero, con 33 años, había nacido Andahazi, el escritor.

Noticias: Defiende la condición de “inédito” y, en 2006, ganó el Premio Planeta con un pseudónimo. ¿Esa reivindicación tendrá que ver con que fue un hijo “inédito” durante 18 años, hasta que vio a su padre en un bar y se presentó ante él?
Andahazi: (se ríe) Seguramente, para mí es fundamental la dimensión del autor inédito porque tiene la libertad absoluta, no tiene editor ni mercado. Siguiendo tu figura, no tenés un padre que te esté mirando.

Noticias: Dice que nunca llegó a decirle papá a su padre pero que se hicieron muy amigos. ¿Cómo se es amigo de un padre que no fue padre?
Andahazi: Porque teníamos muchísimas cosas en común. Esa biblioteca que mi abuelo había destruido, de alguna forma, me la reencontré en lo de mi viejo. Fue como una amistad desde lo literario.

Noticias: Años atrás confesó que cada vez que ponía un punto final se preguntaba si realmente era escritor. ¿Cuándo dejó de hacerse esa pregunta?
Andahazi: Nunca te dejás de hacer esa pregunta, porque cada vez que terminás un libro, volvés a ser un autor inédito porque esa novela lo es y la va a tener que leer un editor, nunca sabés cómo lo van a recibir los lectores y además no me ato a fórmulas, varié muchísimo. No me sienta cómodo eso de quedarme quieto en un lugar.

Su relato es el de un héroe: A los 13 decidió ser escritor para restituirle a su abuelo la biblioteca que le había vaciado la Dictadura y con “El conquistador” se conminó a salvarle la vida a su propio hijo. Cuenta que había empezado a escribir la historia de Quetza, cuando fue a la Feria del Libro de República Dominicana. Al volver a Buenos Aires, su mujer estaba en terapia intensiva con una infección generalizada y su hijo había nacido con 25 semanas de gestación. “Me cabía en la palma de la mano, ¡dio una pelea bravísima!”, se emociona.

Noticias: ¿Su condición de prematuro le provocó una enfermedad intestinal?
Andahazi: Claro, porque era prematurez extrema, el intestino se necrosa porque todavía no está formado. Y eso mismo le había pasado al protagonista de la novela, yo le había inventado esa patología a Quetza que iba a ser sacrificado a los dioses. Es impresionante, nunca sabés cuáles son los resortes últimos de la naturaleza de la escritura y cómo la escritura, que no deja de ser una ficción, incide en la realidad.

Noticias: Blas tiene 11 años. ¿Le quedaron secuelas?
Andahazi: Tiene pequeñas secuelas, un poquito afectada la marcha, pero muy poco. No se enferma nunca. Los prematuros son prematuros durante mucho tiempo, entonces van un poquito más atrás, hay que saber mirarlos, nunca tratar de apurarlos. Blas pasó por todas, lo operaron un montón de veces. Estuvo seis meses internado y seis más con internación domiciliaria. La pasamos muy mal.

Noticias: O sea que estuvieron un año remando.
Andahazi: Sí, hace once años que estamos remando, nunca dejás de remar. Pero fue más de un año de estar todo el tiempo mirándolo, de levantarte a la madrugada a ver si respiraba.
Noticias: ¿Ya pudo hablar con él de lo que implicó su nacimiento?
Andahazi: Sí, él lo sabe, además tiene la panza llena de cicatrices, parece un cuchillero. Mirá, Quetza siempre luchó con belleza y mucha dignidad y así es Blas, parecía un galán de Hollywood, el tipo pasaba por las operaciones más tremendas y seguía siendo una belleza, no perdió nunca la línea.

Noticias: ¿Para qué escribe?
Andahazi: Durante mucho tiempo sostuve que uno escribía no para contestar preguntas sino para plantearlas. Ahora que superé la barrera de los 50, me creo con el derecho de empezar a contestar algunas preguntas. El hombre empezó a escribir como una actividad sagrada y, tal vez en última instancia, algo de eso hay. Para quien no tiene una posición religiosa, la escritura no deja de ocupar, a mi pesar muchas veces, ese lugar de tratar de indagar en el gran misterio que finalmente es la existencia. 

Valeria García Testa

 

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