Personajes / 12 de Agosto de 2017

Andrés Rosberg: “El mundo del vino está más exigente”

El argentino fue elegido presidente de la Association de la Sommellerie Internationale (ASI). Desafío propio y nacional.

Fotos: Marcelo Escayola

Después de conseguir los 29 votos que lo sentaron en el sillón más importante del mundo de la sommellerie cumplió con algunos compromisos y se subió a un avión para regresar a Buenos Aires. Aquí lo esperaba su familia para recibir a la nueva integrante, Clara.

Hace un mes Andrés Rosberg (42) fue elegido presidente de la Association de la Sommellerie Internationale (ASI), la institución internacional más importante del sector. El ex presidente de la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS), ocupó el cargo durante 11 años, el año pasado estuvo a cargo de la organización del Mundial de Sommeliers en Mendoza) se convirtió en el primer no europeo o japonés en ser elegido para encabezar la ASI. Lo espera una agenda cargada de viajes, foros y catas alrededor del mundo. “Ya pienso en el enorme desafío que tengo por delante”, asegura a NOTICIAS sentado en Fierro Hotel, el sitio que fundó con su hermano Martín, en donde ejerce como sommelier ejecutivo y que convirtió en un refugio del enoturismo urbano; en su restaurante, UCO, se pueden tomar por copa más de 350 vinos, entre tradicionales, curiosos y botellas de poca tirada.

Noticias: ¿Cómo cambió el rol del sommelier en los últimos años?
Andrés Rosberg: En un comienzo fuimos una figura desconocida, incomprendida, excéntrica. Cuando me recibí con la primera promoción de la AAS, en 2000, éramos tres sommeliers en ejercicio en Argentina: uno en el Alvear, otro en el Plaza y yo en Villa Hípica. La gente no sabía qué hacíamos o tenían el prejuicio de que estábamos ahí para venderles el vino más caro. “¿Sommier qué?”, escuchabas. Hoy la sommellerie se federalizó, popularizó y afianzó en la industria, que tiene muy claro que somos el último eslabón de la cadena. Estamos acá para hacer nuestro trabajo que es estar en la línea de fuego todas las noches. Ahora el comensal ya nos conoce, viene, pregunta. Todo es más fluido. Productores, enólogos, sommeliers, consumidores, comunicadores; todo el mundo del vino hoy es más sofisticado y exigente.

Noticias: ¿Qué rol creés que cumple el vino en la mesa argentina?
Rosberg: El vino une. El Soneto del vino, de Borges, dice “en qué secreto día surgió la valerosa y singular idea de inventar la alegría”. En el lugar y la ocasión que sea cuando el vino llega a la mesa todos hacen una pausa. Les brillan los ojos por la ansiedad de cómo será. Eso es maravilloso. El vino no sigue una receta, no sale siempre igual. Encierra misterio, es una aventura, hay una parte emocional, afectiva. No tenemos muchas de esas pausas, la oportunidad de conectarte con los sentidos, de sacarte de tus quilombos aunque sea por 30 segundos. Nosotros trabajamos para dar placer. ¿De qué trabajo? De hacer a la gente feliz. Ser sommelier se trata mucho más de eso que del vino, que es una herramienta más.

Noticias: Solés alentar a probar vinos blancos y otras cepas tintas más allá del Malbec, que se convirtió en emblema. ¿Va por ahí el futuro del vino argentino?
Rosberg: Tenemos algunos de los mejores Malbec que podemos hacer. Tenía que llegar la inquietud por los blancos, por el Cabernet, por la Bonarda. El Malbec argentino llegó a un nivel de perfeccionamiento; muchos años de investigación hoy hacen una mejora muy chica. Con otras cepas un poquito de esfuerzo da muchas mejoras. También se corrieron las fronteras del vino, se revitalizan cepas históricas. Es un proceso muy sano, auspicioso: es un círculo virtuoso que se supera aún en las peores crisis. La sensación que tengo es que si nos dan un país normal hacemos un despelote. Venimos corriendo una carrera de obstáculos, si el terreno está llano podemos hacer un cambio enorme. Tenemos un mercado doméstico sofisticado que toma vino, necesita tener algo de plata en el bolsillo para poder salir y comprarlo.

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¿Cómo se llegó a esta instancia?
Rosberg: Hay un mérito muy grande del sector vitivinícola, que se ha reconvertido en 15 años sin pedirle un subsidio a nadie, sentando a la mesa a todos los actores y armando un plan estratégico para posicionar el vino argentino hacia 2020. No hay antecedente de otro sector económico que haya hecho lo mismo. La vitivinicultura fue capaz de recibir inversión extranjera, de aprender de lo que venía de afuera, y los que llegaron también aprendieron lo que sucedía acá. Desde que soy sommelier esto progresa: hemos atravesado momentos de crisis y de bonanza, gobiernos de diferentes signos políticos en Nación y en las provincias. Es dinámica, tenemos recambio generacional, jóvenes que viajan, se reúnen entre ellos para compartir conocimiento.

Noticias: Después de la elección se te destacó como “el argentino que llegó a…”. ¿Qué impacto puede tener eso en la industria local?
Rosberg: Hay una mayor presencia de argentinos en los foros internacionales, en los concursos aparecen preguntas o catas relacionadas con Argentina, entonces los sommeliers del mundo están más al tanto de lo que pasa acá. Ya saben que nuestro Malbec no es el prejuicio que tenían –maderoso, concentrado, hiperextrado–; es un Malbec 2.0. Por otro lado, la sommellerie argentina adquirió una reputación, hay profesionales trabajando en restaurantes de todas partes del mundo. Se está empezando a creer que el sommelier argentino es superior al promedio. Argentina se está posicionando cada vez más como una opción interesante para venir a formarse. Si fortalecemos eso tendremos una red poderosa construyendo marca país y vendiendo vino argentino. Yo tengo que velar por los intereses de todos los profesionales del mundo, pero es inescindible el hecho de que yo soy argentino. Sobre todo tiene mucho impacto que soy de aquí por ser el primer americano, africano, asiático no japonés o de Oceanía en tener el cargo.

Noticias: Tu presente, ¿tiene que ver con que estudiaste casi completa la carrera de Ciencias Políticas?
Rosberg: Estudié Ciencias Políticas porque me gustaba la carrera. Un semestre antes de recibirme me di cuenta de que el título no me llevaría a ningún trabajo que me interesara. Por otro lado, mi naturaleza tal vez más combativa hace que sea imposible la militancia partidaria verticalista que tenemos en Argentina. De chico había tenido mi pequeña militancia en el secundario, luego en Greenpeace, Fundación Vida Silvestre, ONGs que defendían la libertad de expresión. Siempre tuve una vocación por lo público. Pero ya venía trabajando fuerte el lado del vino, vi posibilidades. Decidí ser sommelier con toda la intensidad que tenía para ponerle. Me divertía: viajes, comidas, vinos. Estaba bueno, ¿no?

Noticias: No te veías dentro de la política tradicional…
Rosberg: Lo que me pasa con la política partidaria es que no hay nadie que me represente por completo ni que se tome bien el disenso, no hay manera de crecer políticamente dentro de una estructura así. Soy demasiado librepensador, tengo demasiada independencia. Pero sí creo en la construcción colectiva. En 2002 se hizo el primer concurso de Mejor Sommelier de Argentina. Salí segundo. Dije: “Me presento el año que viene y lo gano”. Pero no se hizo más. Insistí, me dijeron que lo organizara yo. Ya me habían votado presidente, si lo armaba no podía competir. Entonces descubrí que en vez de ser el mejor sommelier de Argentina podía hacer que otro lo fuera, promover la categoría y trabajar para ser el mejor presidente. La AAS fue una herramienta para transformar la realidad.

Noticias: ¿Cuál es el escenario internacional con el que te encontrás?
Rosberg: El rol del sommelier cada vez está más difundido, está desarrollado en Europa pero hay mucho por hacer en otras regiones. Tenemos una entidad reconocida pero con una pata floja, Estados Unidos no forma parte. Estamos en crecimiento: más países hacen vino, hay más regiones productoras, bodegas, diferencias. El vino se ha hecho más complejo porque hay mayor diversidad. Entonces tendremos más espacios porque somos quienes podemos explicar todo eso y separar la paja del trigo. También se le empieza a disputar el lugar a los críticos. Históricamente era Parker el que le decía a todo el mundo lo que tenía que tomar. Hoy la gente elige, el sommelier le habla al salón y a los miles que lo siguen en las redes sociales. El comensal, ¿a quién le va a creer más? ¿A mí, que me conoce la cara y la voz, que le propongo un vino que puede conseguir, o a un crítico de vinos de otra latitud perdida, otra idiosincrasia, cultura, paladar? Nuestra voz se ve amplificada.

Noticias: Rige en la Ciudad de Buenos Aires la prohibición de publicitar el vino en vía pública, salvo que un mensaje de advertencia ocupe el 75% del espacio. ¿Qué te parece esa normativa?
Rosberg: Es ridículo eso en una ciudad que quiere ser capital gastronómica latinoamericana. Es como si a Lima se le ocurriera prohibir la promoción del pisco, estamos todos locos. Yo no soy lobbysta, una institución del vino ni un político que viene del lado del vino. Después de una fiesta electrónica en la que murieron 5 personas (N. de la R.: Time Warp), apareció esta ley por parte del legislador Roy Cortina y se votó muy rápido por unanimidad. El vino –declarado bebida nacional– es alimento, está en nuestro Código Alimentario. Es una economía regional súper importante que le da trabajo a muchísima gente. Por otro lado, tampoco creo que el vino sea igual a otras bebidas alcohólicas.

Daniela Rossi
@daniela_rossi

 

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