Teatro / 24 de agosto de 2017

“El padre”, gran actuación de Edgardo Moreira

De A. Strindberg. Con E. Moreira y elenco. Adaptación y dirección: M. Velázquez. La carpintería, Jean Jaurés 858.

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★★★★ “Hagan conmigo lo que quieran, ya no existo”, balbucea el protagonista de “El padre” de August Strindberg (1849-1912). El prolífico dramaturgo sueco, dueño de una personalidad compleja, escribió sobre sí mismo, sus visiones y frustraciones. “Acreedores”, “La señorita Julia” o “El pelícano”, entre otras, reflejan las constantes crisis, el fracaso de algunas obras y los brotes de ira. Pero fundamentalmente, después de tres frustrados matrimonios, una profunda misoginia. Así, sus burguesas figuras femeninas, en general, no tienen otra ocupación que las tareas hogareñas y cuestionar a los maridos. Si bien en nuestros días, esa visión de la mujer resulta controvertida, representa un período en que la lucha de sexos era una utopía.

La trama se centra en el conflicto de intereses entre un capitán, héroe militar y científico respetado (Edgardo Moreira) y Laura, la esposa (Marcela Ferradás) quienes no logran congeniar cuál es el mejor modo de educar a su hija Bertha (Denise Gómez Rivero). Mientras él prefiere que la muchacha marche a la ciudad en busca de una formación laica, la madre escoge un destino diferente, incluso como artista. Como la legislación de la época no ampara el deseo de esta última, no tiene mejor idea que promover la insania del marido para conseguir capacidad de decisión. A tal punto llega su grado de competencia que no vacila en sembrar dudas sobre la paternidad.

Semejante personaje requiere de un actor de fuste y lo encuentra en el conmovedor y admirable trabajo de Moreira: pletórico de matices, capaz de ser frágil y minucioso, en dosis parejas y, por si fuera poco, situarse al borde del abismo de la locura. Tal vez, hasta ahora, sea la más visceral encarnación de su valiosa carrera teatral y, sin duda, hay que situarla entre las mejores del año. Bien secundado por Ferradás, la entrañable nodriza de Ana María Castel más la destacable presencia de Enrique Dumont (en la piel del médico), quien heredó el mismo talento interpretativo de su recordado progenitor, Ulises Dumont. Por supuesto, el delicado engranaje adquiere el ritmo preciso gracias a la sutil dirección de Marcelo Velázquez.

 

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