Economía, Empresas / 28 de agosto de 2017

La exportación de granos y aceites se extranjeriza cada vez más

El sector que más vende al exterior está dominado por cinco empresas foráneas.

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El ministro de Agroindustria Ricardo Buryaile, expresó hace poco que la Argentina se encamina en 2017 a una producción récord de granos: una cosecha sin equivalentes para el país del orden 137 millones de toneladas. Se calcula que el sector abastece a cerca de 300 millones de personas en el mundo. La perspectiva de demanda global sigue siendo alentadora: sólo en China, una población equivalente a la Argentina asciende de clase social cada año y demanda mejores condiciones dietéticas. Así lo consignó en una entrevista Diego Guelar, embajador argentino en ese país.

A partir de ese repunte en la producción, el año pasado se exportaron al mundo unas 83 millones de toneladas de granos, aceites y subproductos agrícolas como pellets de soja o harina proteica, según datos oficiales. Los complejos oleaginoso y cerealero generaron en conjunto casi uno de cada dos dólares que la economía argentina le cobró al mundo en 2016. Ya este año, las liquidaciones ascienden hacia agosto a cerca de U$S14.500 millones, según la Cámara de la Industria Aceitera-Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC).

“La demanda de proteínas vegetales en China y países del Sudeste asiático sigue creciendo a ritmo sostenido, lo que genera un panorama alentador en el mediano y largo plazo. Ahora tanto a nivel global como local, la industria está pasando por una etapa de concentración dada la baja volatilidad de mercado y una reducción en los márgenes”, describe Alfonso Romero Vedoya, presidente de la china Cofco International para el Cono Sur.
Alrededor de 40 empresas compiten en este sector. La novedad es que ya no figuran grupos argentinos entre los primeros cinco exportadores agrícolas, que concentran el 55% del volumen total comercializado el último año, según datos del Ministerio de Agroindustria. Son las grandes multinacionales las que siguen dominando el mercado nacional.

La estadounidense Cargill lideró el ranking 2016 con cerca de 10 millones de toneladas exportadas, seguida por su compatriota Bunge y la francesa Dreyfus. No obstante, si se
contempla la adquisición última de la holandoargentina Nidera y la china Noble por parte de Cofco, este consorcio asiático compite por el primer lugar de la lista. Completa el quinteto la norteamericana ADM–Toepfer.

La industria ve con buenos ojos el sendero alcista en la producción local. Todas las fuentes consultadas coinciden en un mismo diagnóstico: si no se vende más al exterior es porque no hay qué originar en el mercado interno. Allí está la primera puja competitiva de las principales empresas: abastecerse de la materia prima. Explican que hay capacidad ociosa en las instalaciones industriales y el mundo ya está demandando ese adicional (sea en grano
o subproducto) que no se produce. Claves para el incentivo: mejoras logísticas.

“Todas las plantas tenemos capacidad industrial ociosa, es una característica del sector, por lo que cada día estamos unas diez empresas peleando por grandes volúmenes de soja para moler”, explican en Molinos Agro, de la familia Perez Companc, que le compra a unos 2.500 productores agropecuarios y cuenta con una planta que puede moler hasta 6 millones de toneladas al año. “Lo que uno debe lograr en esta etapa de originación es que el productor que te abastece de granos te valore como cliente y te vuelva a vender el año próximo. Y si se puede, un poquito más”, agregan y explican que cerca de un millón de toneladas de soja no se llegan a “originar”.
En la siguiente fase de industrialización, las ventajas son claras en términos de eficiencia. La cuenta es simple: cualquier mejora tecnológica o de procesos, por pequeña que pudiera lucir en el margen por tonelada, se magnifica poderosamente al multiplicarse por los volúmenes millonarios que se tratan cada año en las plantas.

El complejo oleaginoso-cerealero anunció inversiones por U$S 1.700 millones para 2016/2017, monto que supera las realizadas por el sector durante ambos gobiernos de Cristina Fernández, en torno a 1.230 millones. Según un comunicado de CIARA-CEC, el objetivo es mejorar puertos y caminos, capacidad de almacenaje y una modernización de los procesos industriales.

“El que no entra en el club de las inversiones se queda un poco afuera y le cuesta mucho más competir”, resume Luis Zubizarreta, director institucional de Dreyfus, que cuenta con tres puertos en la Argentina, dos en Rosario y uno en Bahía Blanca. “Es una industria de escala, con pequeñísimo margen y mucha eficiencia. Los procesos requieren de mejor infraestructura cada vez.

La Argentina está jugando el partido a nivel mundial y uno de los logros del sector es un mercado transparente y afilado, donde cada jugador ha realizado sus inversiones privadas para volverse más competitivo”, agrega.

“Nuestra batalla es con la reducción de costos, un mejor puerto, mejores condiciones de acceso. Acá la verdadera competencia es con el mundo. Sea con la cuenca del Amazonas o la del Mississippi. Al cliente obviamente lo seducís con precio, pero uno no tiene el margen hasta tanto no mejore su composición de costos. Por eso el sector celebra las inversiones logísticas del Gobierno. Te cambia significativamente la ecuación de negocios y le mejora al productor el número final”, dicen con reserva de identidad en una de las
empresas líderes.

 

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