Personajes / 2 de septiembre de 2017

Iñaki Urlezaga: “Mi familia quería que fuera médico”

Al frente del ballet nacional encara una nueva etapa docente. Ser artista, su accidente y la apasionada vocación para superar el dolor.

Dice que creció con el diario de papel y sin computadora; que en Youtube se pierde la esencia del arte y que –a pesar de su edad- no es afecto a la tecnología. “Yo buscaba datos en el Larousse, no existía el Google. Tenías que hacer resúmenes, fotocopiar el libro… el mouse no es una prolongación de mi mano” señala el bailarín y coreógrafo platense.

Noticias: Le pido que se presente del modo en que le gustaría ser reconocido y recordado.
Iñaki Urlezaga: Me gustaría que dijeran, “fue un artista”. Porque me encantaría llegar a serlo. Artista es una palabra muy grande, engloba muchos talentos. Y está muy bastardeada.

Noticias: ¿Pero acaso no se considera un artista?
Urlezaga: Es un proceso en el que estoy embarcado. Y citando a Borges, la verdadera aristocracia –lo mejor de un pueblo- son sus artistas. Creo que para poder ser artista se tarda toda una vida. Ocurre que con la inmediatez de hoy, hay gente que cree que llega pronto. Pero se llega a la superficialidad, a lo efímero, a la punta de un iceberg. Yo llegué a los 20; pero ahí me di cuenta que empezaba mi búsqueda.

Noticias: Usted ya exploró más que la punta del iceberg.
Urlezaga: Tuve la suerte de haber sido un niño precoz y tener una carrera por delante para explorar, sumergiéndome hacia la raíz de la vida y de la profesión. Fui desechando lo superfluo, el ego. Empezás en bruto, tenés que pulirte y eso es tiempo. El arte es un camino de ida. Si hoy viviera Miguel Ángel, seguiría esculpiendo sus obras.

Noticias: ¿Y el bailarín?
Urlezaga: El bailarín esculpe sus danzas una y mil veces. Bailás Giselle a los 18 y quizá el día que te retirás. Entre la primera presentación y la última está marcado el camino. A uno le enseñan los pasos, el argumento y si tiene un buen director, lo guía y aconseja. Pero esa primera vez es como el primer borrador. Si el bailarín continúa, va a encontrar su identidad. La última función va a ser más interesante que la primera. Hay gente que con el aplauso ya se siente artista y no sigue trabajando. Ser un bailarín actor es ser un artista.

En 2013 Iñaki comenzó el proyecto “Con más danza, más desarrollo social”; una propuesta del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación que dirige Carolina Stanley, para formar el cuerpo de Ballet Nacional, del cual es primer bailarín coreógrafo y director artístico. “El proyecto comenzó como una necesidad de darle vida y visibilidad a la danza en todo el país. Me convocaron para formar un ballet nacional e hice audiciones públicas, abiertas y gratuitas, en distintas provincias. Inicialmente, se conformó un elenco con 40 bailarines. Había un fin social para que tantos chicos del interior tuviesen una oportunidad. Porque la cosa es la falta de recursos para venir a Buenos Aires y la dificultad psicológica de asumir el desarraigo. Buenos Aires es Manhattan. Es una desigualdad enorme y tendría que avergonzarnos” dice.

Noticias: ¿Nuestro país no tenía un ballet nacional?
Urlezaga: No. En cada provincia hay ballet regional, provincial, municipal… No debe haber sido casual que me llamaran para armarlo. Porque cuando me fui a vivir a Inglaterra, se estaba formando el ballet nacional, que es el Ballet Real. Con un marco nacional, es más fácil organizar la danza. Acá hicimos al revés; a lo largo de 200 años hubo teatros construidos por colectividades y después se afianzó un elenco en cada uno.

Noticias: ¿Cuántos bailarines lo integran?
Urlezaga: Pensamos en 60 –tenemos 54- y seguimos con las audiciones. Todavía no pudimos mandar maestros al interior para capacitar a los que no ingresaron, darles una nivelación y que lo intenten otra vez. Hicimos 200 espectáculos hasta el 30 de diciembre de 2016, con gente distinta; desde los que tenían solo talento a los que mostraban veta artística. Algunos estaban excluidos por la edad. Se casaron, se les pasó la vida y ahora tienen la posibilidad. Es muy enriquecedor, tanto humana como artísticamente. Y salió de Desarrollo Social para pasar al Ministerio de Cultura. En lo que va de 2017, no hicimos ninguna función. ¿Por qué? Por el traspaso burocrático.

Noticias: ¿Y dónde viven, qué hacen, cobran esos bailarines en stand-by?
Urlezaga: No cobran. Algunos se volvieron a sus provincias, otros se fueron a vivir con parientes. Los tengo comunicados y son como una gran familia que no se quiere separar.

Noticias: ¿Es cierto que empezó a bailar cuando todavía no caminaba?
Urlezaga: Sí. A mí me crió mi abuela Baba, quien se cansaría de tenerme todas las tardes; mis padres trabajaban y me depositaban como un paquete. Ella era de dormir la siesta. Y atrás de su casa había un estudio enorme de danzas de una tía mía. Entonces, para que no me perdiese, me ponía en el andador y me mandaba al estudio. Lejos de dormirme, miraba todo y empezaba a copiar lo que la profesora enseñaba. Tenía un ojo atento a lo que me gustaba. De grande lo adviertí; pongo mucha atención solo en lo que me interesa.

Noticias: ¿Y cuándo empezó la escuela de danzas de La Plata?
Urlezaga: A los 6 años. Iba de tarde y a la mañana a la primaria. Pero a los 6 meses me aburrí y no fui más. Entonces mamá dijo ya está, se le pasó el capricho. Un domingo vinimos a Buenos Aires a pasear y me mostraron el Teatro Colón. Me fascinó y no paré de pedir que me llevaran a estudiar allí. Debo haber sido insistente porque logré que mis padres vinieran a anotarme. Tenía 8 años. Egresé a los 15 y gané una beca.

Noticias: Con 10 de promedio. Hay que sacarse esa nota…
Urlezaga: Pero yo bailaba todo el día, sin parar. Entonces me mandaron a un curso de verano a Nueva York por 3 meses y me quedé un año. Entré a la “Escuela Americana de Ballet” y me encontré un gran profesor, Stanley Williams, un danés, formador de la escuela de ballet. Era un sabio y sus clases eran mágicas. No sabía nada de inglés, tenía que vivir solo, lavarme la ropa, hacerme la cama. Todo el edificio del Lincoln Center está acondicionado para la estadía de los estudiantes.

Noticias: ¿Y a partir de ahí?
Urlezaga: Ingresé como bailarín al Colón por concurso y bailé unos meses. Pero ya había vivido en el exterior. Necesitaba otra experiencia afuera. Y como no me gustó nunca el sistema de vida americano, un coreógrafo francés, Pierre Lacotte, me propuso trabajar en Francia. Pero no se dio porque en ese momento necesitaba ciudadanía francesa. Busqué un equivalente, el “Covent Garden” de Londres, audicioné y entré con 17 años. Me quedé más de 10 y encontré mi lugar. Esa década me marcó a fuego. La búsqueda del arte la hice allá. Y bailé en muchos países.

Noticias: Pero volvió a la Argentina.
Urlezaga: Sí. Formé una compañía pequeña, “Ballet Concierto”, y me habrán visto del Ministerio, no solo como bailarín, sino como coreógrafo, y me ofrecieron el proyecto del que hablamos. Estaba todo por hacer y fue un desafío. Eran bailarines sin identidad artística y puede plasmar en ellos lo que había aprendido, para tener una esencia y un repertorio como compañía. Me descubrí como docente; sabía que quería hacer algo por la nueva generación de bailarines. Cualquier éxito personal, mis premios, son para la vitrina. De eso nadie se nutre. Esto es distinto, es un intercambio viviente.

Las mujeres fueron muy importantes en la vida de Iñaki. La primera en la cadena sería la abuela Baba- Rosa- (91); Lilian (Chichi) la tía, su primera maestra; Nelita, madre de Iñaki; Marianela, hermana y madre de Esmeralda y Antonia, mellizas, sobrinas de Iñaki. Esmeralda es ahijada de Iñi y baila. ¿Cómo fue esta secuencia de empujones femeninos en el mejor sentido? “No tuve empujones para que bailara; mi hermana es abogada, mi padre fue médico. Venía de una familia de médicos y quería que yo lo fuera. Al comienzo no quería saber nada con mi decisión. Pero luego entendió que la misma vocación suya para la medicina, la tenía yo para el baile”, remarca.

Noticias: ¿Cómo fue su accidente en Londres?
Urlezaga: Me caí en el escenario del teatro, en una trampa (un agujero) mal tapado. Me paré y seguí bailando. Pero cinco años más tarde empecé con grandes dolores en la cadera izquierda y nadie lo diagnosticaba. Hasta que en La Plata, el doctor Ariel Zarrabatía, un médico osteópata, una eminencia, me dijo, Iñaki esto es producto de tu accidente. Me hizo placas, resonancias; era tan mínima la luxación que no se veía. Estaba doblado del dolor. Me acomodó la cadera y para recuperarme tardé cinco años más. Hice de todo; ozonoterapia, magneto, abdominales, kinesiología. Pero tenía que esperar que el organismo recuperara su funcionalidad. En esos años reforcé mi amor por la carrera, fue un ejercicio de paciencia y también de fortaleza porque yo me impuse superarlo. Pensaba que debía tener un significado. Descubrí que fue una prueba de vida. Con el dolor, callado, bailaba igual. Aprender a superarme a mí mismo, a través del dolor, fue el mayor aprendizaje de mi vida. Porque no solo duele el cuerpo, duele el corazón.

Noticias: ¿Workaholic de la danza?
Urlezaga: No. Trabajo mucho pero me tomo descansos y tengo una vida. Voy mucho al cine, al teatro, leo. Veo a la familia.

Noticias: ¿Obsesivo, perfeccionista?
Urlezaga: Dicen que sí y yo digo que no. Soy un gran apasionado por hacer las cosas bien, o un poco mejor. Pero si me sale algo mal no me frustro. No tengo la omnipotencia de que tiene que salir sí o sí perfecto. Aunque soy de nivelar para arriba.

Noticias: ¿Es tozudo como vasco?
Urlezaga: Sí. Saludablemente tozudo, aunque prefiero decir terco. O mejor, soy tenaz. Pongo en foco lo que quiero y me dirijo a conseguirlo.

Sissi Ciosescu
@sissiciosescu

 

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