Tecnología / 5 de septiembre de 2017

Elon Musk ¿heredero de Jobs?

Elon Musk, entre la fama de genio y la locura. Un libro revela la intimidad de sus creaciones, de Paypal a SpaceX.

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Inventor multiplataforma y playboy, Elon Musk es el Tony Stark de nuestro tiempo. Sólo le falta el traje de Iron Man, aunque bien podría armarse uno si tuviese madera de superhéroe. Algunos dirán que la tiene, como cruzado de la onda verde con sus autos ecológicos y trenes propulsados por aire, los cohetes y equipos espaciales, y el sueño de conquistar otros mundos. Incluso como Stark, está en la senda de crear su propio cerebro artificial (aunque Mark Zuckerberg le ganó de mano y ya le puso a su asistente hogareño inteligente Jarvis).

Aunque sus fans se cuentan por miles también tiene detractores que le hacen fama de vende humo, y le recriminan su cercanía a Donald Trump y a personajes repudiados en la industria, como el ex CEO de Uber, Travis Kalanick. Musk formó parte del consejo techie de Barack Obama, pero ahora también lo es de Donald. Su buena relación con el gobierno le habilitó contratos para convertirse en proovedor de la NASA y poner a prueba el Hyperloop, un sistema basado en cápsulas disparadas dentro de un túnel, capaces de unir ciudades en minutos.

De PayPal a Tesla

Niño geek nacido en Pretoria, Sudáfrica, a los 10 años ya era capaz de escribir el código de una computadora, y a los quince ya había desarrollado y vendido un videojuego llamado Blaster. Cuando terminó el secundario se mudó a Norteamérica con su familia. Primero a Canadá y después a Estadios Unidos. Trabajó en un molino y en una empresa de desechos químicos para pagar sus estudios en la Universidad de Pensilvania, donde se graduó a mediados de los noventa.

Se anotó luego para un doctorado en Stanford, pero desertó a la semana, decidido a buscar trabajo en la industria web. No tuvo suerte. Y como había hecho de adolescente, decidió armar su propio proyecto. Con 2.000 dólares creó Zip2, una de las primeras en ofrecer contenido vía online. Al poco tiempo consiguió a The New York Times como cliente. Y cuatro años más tarde, en 1999, le vendió la empresa al navegador Altavista por más de 300 millones de dólares.

Musk utilizó el dinero para crear otra startup que agilizó el comercio online y fue una de las empresas que consolidaron el e-commerce: PayPal, que vendió luego a eBay por 1.500 millones de dólares.
Con apenas 31 años, el multimillonario Musk se decidió a pensar el futuro. Y el primer paso fue uno de sus sueños: autos eléctricos (y que se condujeran solos). El resultado fue Tesla Motors (elegida como la empresa más innovadora del mundo), que arrancó en 2003 pero tardó seis años en presentar su primer modelo: el Roadster, que fue un éxito. “Si alguien de Detroit hubiera ido por Tesla Motors cuando arrancamos se habría partido de risa. El total de la experiencia automotriz de la compañía se limitaba a que a dos tipos que les gustaban mucho los autos y otro, yo, que había creado algunos proyectos para ferias de ciencias basados en una tecnología que la industria del automóvil consideraba ridícula”, dice Elon Musk en el libro que lleva su nombre, recientemente publicado por Paidós.

Hoy, a 15 años de su fundación, la automotriz recibe 1.800 pedidos por día para el Model 3, que alcanza los 209 kilómetros por hora, tiene una autonomía de 354 kilómetros, y cuesta entre 44.000 y 49.000 dólares en Estados Unidos. El año que viene llegará el Model Y, y la producción de Tesla trepará a 10 mil unidades por semana que tendrán el Autopilot, el sistema de manejo autónomo.

De Hyperloop a SpaceX

Su carrera por el transporte eficiente -y sobre todo ultra rápido-, siguió con Hyperloop: una cápsula que se sirve del magnetismo para ser disparada en un túnel a 1.200 kilómetros por hora (podría unir Washington DC y Nueva York en 30 minutos). “El tubo funciona a baja presión y las cápsulas flotarán en un lecho de aire generado por unos esquís instalados en su base. Cada cabina se impulsaría hacia delante mediante un pulso electromagnético, y a lo largo del tune hay motores que darán a las cápsulas, un impulso adicional siempre que sea necesario”, explica en su libro.

Con financiación estatal y desarrollo de Boring Company (compañía de Musk), la primer “pista” de prueba para esta tecnología se construye por estos días en Hawthorne en California, donde funciona el cuartel general de SpaceX, otra de sus empresas. “El tren bala de sesenta mil millones de dólares que proponen para unir California y Dan Francisco será el más lento de los trenes bala del mundo, y el más caro en costo por kilómetro. Van a batir récords de la peor forma posible”, criticó Musk en Bloomberg Businessweek, proponiendo el Hyperloop como alternativa.

SpaceX es además la plataforma soñada para llevar una colonia de seres humanos a Marte. Y en sus instalaciones se fabrica también el cohete Falcon Heavy (del que Musk viene hablando desde 2005) que tiene fecha de estreno para noviembre. Será un cohete reciclado a partir de otros cohetes más pequeños, con el sueño de abaratar el turismo espacial. Tendrá la capacidad de colocar cargas de casi 64 toneladas en órbita baja terrestre, 27 en órbita de transferencia geoestacionaria, 17 rumbo a Marte, y 7 rumbo a Plutón. SpaceX dice que el Falcon Heavy es capaz de poner en órbita un Boeing 737 cargado con todo su combustible, pasajeros y equipaje. E igual que un 737, está pensado para cumplir con todas las normas de seguridad exigidas para vuelos tripulados: no en vano Musk quiere usar el Falcon Heavy para enviar misiones tripuladas a la Luna o a Marte, aunque para esto aún fatan muchos años. Sin embargo, la empresa ya tiene los traje para el viaje: la semana pasaja Musk mostró en su cuenta de Instagram las primeras imágenes “Vale la pena señalar que esto realmente funciona, no es una maqueta. Ya se ha probado bajo doble presión de vacío. Fue increíblemente difícil encontrar el equilibrio entre la estética y la funcionalidad. Es fácil conseguirlo por separado”, declaró orgulloso.

SpaceX se encuentra desarrollando en estos momentos además, una nueva versión de la cápsula de carga Dragon para la NASA (la Dragon 2 servirá para enviar provisiones a la Estación Espacial Internacional), con un contrato de 1.600 millones de dólares. Y trabaja en conjunto con la agencia espacial en el Programa de Tripulación Comercial que promete el primer viaje privado alrededor de la Luna para 2018. “En 2010, los controles electrónicos de un sedán típico requerían más líneas de código que las instrucciones que se necesitaban para manejar el último avión de propulsión a chorro de Boeing. Con ese escenario, me pareció que la industria aeroespacial no era un desafío imposible después de desarrollar la autonavegación en los Tesla”.

De Neuralink a los robots

Musk, de 46 años, el heredero del difunto Steve Jobs en el Silicon Valley (aunque el se compara mucho con Howard Hughes), título que disputa con su amigo Larry Page, fundador de Google. Pero mientras Page pone su cabeza en cuestiones más mundanas, Musk invierte sus 20.900 millones de dólares (según estimaciones de Forbes), en locuras como Neuralink: la compañía que Musk creó para crear interfaces cerebro-ordenador (BCI) que ayuden a personas con lesiones cerebrales, pero también para potenciar la capacidad humana de competir contra las máquinas. Un película a lo “Transcendence” (2014) para la que Musk espera juntar 100 millones de dólares en financiamiento (ya tiene 27 millones, de donantes que esperan para conectar sus cerebros a las computadoras de Neuralink).

Es que otro de los “divagues” del ingeniero sudafricano es que la inteligencia artificial es un peligro potencial (habrá visto “Terminator” demasiadas veces). Ha dado incluso el debate contra Zuckerberg, uno de sus grandes promotores del laissez faire. “Sé que creen que estoy loco porque alguna vez dije que existía la posibilidad de que Larry Page (director general y cofundador de Google), estuviera construyendo un ejército de robots inteligentes en algún galpón”, se queja en el libro de reciente publicación, “pero conozco la bonhomía natural de Page, y es de los que da por sentado que las máquinas estarán siempre a nuestro servicio”.

Musk es partidario de la fusión hombre máquina como respuesta. Y su temor no se circunscribe a charlas de quincho geek: hace poco, junto a otros 115 expertos en inteligencia artificial le pidieron a la ONU que se prohíban los robots de guerra. “Una vez que se desarrollen, las letales armas autónomas van a permitir que se lleven a cabo conflictos a una escala como nunca antes se vio y a una velocidad superior a la que los humanos pueden comprender. Una vez que esta caja de Pandora esté abierta, será difícil cerrarla”, aseguró en el marco del Congreso Internacional de Inteligencia Artificial (IJCAI). Suena a ciencia ficción, pero los rusos ya tienen a Fedor, el robot capaz de disparar con precisión milimétrica. Como los que Tony Stark enfrentó en “Ironman 2” (2010) y “Vengadores: La era de Ultrón” (2015).

 

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